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    ROMA (Sputnik) — Italia, el país más afectado por el COVID-19 en la primera fase de la pandemia, logra mantener bajo el número de nuevos contagios en las últimas semanas, mientras varios países europeos se enfrentan con la segunda oleada.

    Hace cuatro meses Italia era el país con el mayor número de contagiados con el coronavirus en Europa y los boletines diarios del Departamento de Protección Civil no hacían más que frustrar a los italianos, confinados en sus domicilios por la cuarentena. Miles de nuevos contagios, centenares de decesos cada día, equipos de médicos cubanos, brasileños, rusos, albaneses que trataban de dar una mano al país mediterráneo, sumido en la desesperación.

    El hombre enfermo de europa sorprende al mundo

    Desde entonces Italia bajó al décimoquinto puesto en la clasificación mundial de los países más afectados por el coronavirus y los contagios diarios se redujeron a un par de centenares. En cuanto a los decesos, Italia lleva casi tres semanas reportando menos de 15 casos letales al día.

    El regreso a la vida normal después del desconfinamiento rebajó la edad media de los nuevos contagiados de 63 a 44 años, ya que la movida urbana crea ambientes propicios para la difusión de la enfermedad. Las autoridades sanitarias del país no dejan de repetir que la pandemia aún no ha terminado y hay que ser prudentes. Pero es un hecho que la situación en Italia contrasta con lo que ocurre en otros países occidentales que parecen estar viviendo una segunda oleada del contagio.

    Aunque todavía no se sabe si el éxito italiano en la lucha contra la enfermedad será duradero, ya atrae la atención de los medios internacionales. En su reciente artículo, publicado por el diario estadounidense The New York Times, el famoso economista Paul Krugman, laureado con el Premio Nobel, destacó la eficacia de la cuarentena italiana frente a las medidas tomadas por EEUU y acotó que "en cuanto al coronavirus, Italia, el 'hombre enfermo de Europa', nos hace sentir vergüenza".

    Barrera contra la importacion del contagio

    La tendencia hacia la baja de la curva de contagios no se debe únicamente a los efectos de la cuarentena, que fue levantada hace casi dos meses, sino también al control estricto de las autoridades sanitarias sobre la situación epidemiológica y la rápida reacción a los posibles rebrotes del virus. Siguen apareciendo nuevos focos de contagio, pero las autoridades detectan y aíslan a los enfermos en poco tiempo.

    Una atención particular se da a la importación de contagios desde el extranjero. Cuando a principios de julio se descubrieron decenas de infectados en un avión procedente de Daca, capital de Bangladés, el Ministerio de Sanidad suspendió los vuelos del país asiático y dos días después prohibió la entrada y el tránsito por Italia a los viajeros que hubiesen estado en los "países de riesgo", cuya lista inicial comprendía 13 naciones; más tarde se les añadieron otras tres.

    El 24 de julio, al descubrir casos positivos al COVID-19 entre los pasajeros de los autobuses procedentes de los países del Este de Europa, Italia impuso la cuarentena obligatoria de dos semanas a los viajeros de Bulgaria y Rumania, dos miembros de la UE, mientras este 27 de julio la región de Lacio anunció que todos los que lleguen a Roma en autobuses de estos dos países, así como de Moldavia y Ucrania, deberán someterse a pruebas serológicas.

    Al mismo tiempo, se mantienen en vigor las medidas de prevención:

    • uso de las mascarillas en lugares cerrados;
    • uso del desinfectante en la entrada en las tiendas;
    • mantenimiento de la distancia social etc.

    A pesar de algunas dificultades, las autoridades logran hacer cumplir las reglas. Por ejemplo, hace unos días en Milán 13 personas fueron penalizadas con multas de 400 euros por no llevar la mascarilla en el metro, mientras en la ciudad de Salerno (región de Campania) tres personas se vieron obligadas a pagar 1.000 euros por estar sin la mascarilla en una tienda.

    Mejor prudencia que optimismo

    A pesar de la tendencia esperanzadora que se observa en las últimas semanas, muchos en Italia no ceden al optimismo. El profesor de microbiología de la Universidad de Padua, Andrea Crisanti, supone, según una entrevista que ofreció al diario Il Messaggero, que la situación podría parecer mejor de lo que es en realidad, ya que "quizás no hagamos las pruebas a las personas justas: hay que concentrarse en los lugares de la movida y rastrear a los que vienen del extranjero". En sus palabras, ya a finales de agosto el país se podría enfrentar con una nueva oleada de contagios.

    El Ministerio de Sanidad también advierte que aún no es hora de cantar victoria. Además de los viajeros que llegan de países europeos, Italia se enfrenta con un brusco aumento de los desembarcos de migrantes, entre los cuales también se registran casos positivos al COVID-19. La lucha contra la enfermedad no ha terminado. Pero Italia podría estar en el camino justo.

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