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    Comienza la cumbre en el Consejo Europeo para tratar de aprobar el fondo anticrisis de la UE. Tras los encuentros bilaterales sostenidos por Pedro Sánchez en vísperas de la reunión, el posible veto de Países Bajos parece el principal escollo para salvar el acuerdo. Su primer ministro pide a España nuevas reformas y un voto unánime para aprobarlo.

    Los jefes de Estado y de Gobierno dirimen el 17 y 18 de julio en la capital belga el volumen y la forma del plan de ayuda para hacer frente a la crisis económica desatada por la pandemia de coronavirus.

    En vísperas de la reunión del Consejo Europeo, que se celebrará presencialmente y bajo estrictas medidas de seguridad sanitaria, Pedro Sánchez se entrevistó con su homólogo sueco Stefan Löfven en Estocolmo y en París con el presidente francés, Emmanuel Macron. El día anterior lo hizo con la canciller alemana Angela Merkel y el precedente con el primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte. Las conversaciones giraron sobre la búsqueda de puntos de encuentro para activar los 750.000 millones de euros con los que se pretende reconstruir la economía de los países de la UE, cuyas economías están afectadas por la crisis inducida por la pandemia de manera desigual.

    El escollo holandés

    En La Haya, el primer ministro holandés se mostró aparentemente poco flexible. Reclamó reformas en el mercado laboral español y en su sistema de pensiones como condición a las ayudas. Para hablar del fondo de reconstrucción, dijo Mark Rutte, "es importante que se concreten reformas económicas".

    De puro tajante, las propuestas de Rutte sonaron incluso a cierto intervencionismo en la política española. Más aún cuando el acuerdo sobre el plan de recuperación debe aprobarse con un voto unánime, por lo que cualquier voto en contra significará de facto un veto. Pedro Sánchez insistió a Rutte en que si la respuesta de los Estados miembros es demasiado limitada, "nos arriesgamos a que la crisis se haga permanente".

    Pero las palabras de Rutte no deberían pillar por sorpresa, pues corresponden a un discurso de tónica general. Así lo piensa el economista Juan Vázquez Rojo: "La postura moralizante de Rutte ha sido una constante de los países del norte, ya que a nivel interno tiene gran acogida; recordemos el discurso alemán contra Grecia", recuerda a Sputnik. El también director de la publicación especializada Revista Torpedo, argumenta que está visión "no se sostiene a nivel económico, sobre todo teniendo en cuenta lo que supone formar parte de una unión monetaria".

    "En realidad, la postura de Rutte está altamente vinculada a la esencia ultraliberal que cimenta los mecanismos de la Eurozona y que, aunque se han relajado en los últimos años, tienen un gran peso todo lo que ocurre en la zona euro", afirma este economista.

    Sin embargo, la postura frugal que encarna Rutte puede basar su lógica en la eficacia fiscal aun cuando Países Bajos es un país de fiscalidad reducida. "Sin entrar en la historia reciente de países como España, cuajada de obras públicas con un nulo o un muy dudoso retorno, muchas construidas con fondos europeos", explica a Sputnik el economista Santiago Niño Becerra:

    "Entiendo que economías con un fraude fiscal mucho menor ―la mitad o menos― que la española o la italiana ―con una presión fiscal superior―, y que tienen superávit presupuestario y un nivel de deuda pública inferior, digan que no están dispuestos a entregar dinero a fondo perdido".

    Por estas razones, este catedrático de Estructura Económica de la Universidad Ramón Llull de Barcelona afirma entender que "parte de los fondos se condicionen a gastos concretos, como los sanitarios ―y que sean trazables― o a créditos". "Y posiblemente lo entienda porque en España existen tres regiones que aportan al Estado mucho más de lo que del Estado reciben, como es el caso de Cataluña, con un déficit fiscal interregional de unos 16.000 millones de euros anuales".

    Como anécdota, el inicio del encuentro se saldó mediáticamente con una frase que muchos medios de comunicación asumieron con un sentido diferente del original. Según informaron los medios españoles desplazados a La Haya, Rutte, en los prolegómenos de su entrevista con Sánchez, manifestó que "tenéis que encontrar una solución" dentro de España, cuando de lo que se discute es hacerlo en el seno de la UE. Posteriormente, el Gobierno neerlandés precisó haber dicho "tenemos que encontrar una solución".

    Salvar un acuerdo para una ayuda eficaz

    En su entrevista en Berlín, el presidente Sánchez halló en cambio cierta sintonía con Angela Merkel respecto a la estrategia a seguir. La dirigente alemana convino en que la crisis podría convertirse en una gravísima crisis social si la respuesta no estuviera a la altura, aunque no se mostró optimista sobre las posibilidades de llegar a un acuerdo durante el fin de semana.

    "El problema de base para lograr un entendimiento en la llamada Cumbre de la Reconstrucción es que no existe una Europa, sino dos (tres, en realidad)", señala Santiago Niño, que especifica que estas diferencias entre los países del norte con los del sur, hacen que "sus puntos de partida postvirus sean muy diferentes, porque su situación económica era radicalmente distinta antes de que el virus llegase".

    Pero la visión que esgrime Países Bajos y comparten los países frugales puede generar tensiones. "Este tipo enfoque lo único que provoca es desestabilizar a nivel económico y político a la zona euro", sostiene Juan Vázquez, quien subraya la necesidad imperiosa de llegar a un acuerdo para los países de moneda común.

    "Para la estabilidad de la unión monetaria es fundamental que el acuerdo llegue a buen puerto y se presente como algo positivo para las economías nacionales, ya que en los próximos años el impacto económico será brutal y el descontento social en muchos países puede apuntar a la eurozona", precisa este economista.

    Los países frugales quieren recortar el fondo

    El socialdemócrata Löfven afirma apoyar la creación de un fondo de recuperación, pero estima que la ayuda a Madrid y Roma debe ser en forma de créditos antes que transferencias a fondo perdido. Además, su dotación le parece excesiva.

    Suecia, Austria y Dinamarca podrían acordar una rebaja del fondo destinado a los subsidios (500.000 millones de euros) y con cheques de descuento en su contribución al mismo. El Gobierno español cree que las transferencias directas son más convenientes, pues así la deuda pública no se dispararía. Más comprensión halló Sánchez en Berlín, donde trasladó a la canciller Merkel la posición del Gobierno de España con respecto al volumen del Fondo de Recuperación, cuyo punto de partida mínimo para la negociación debe ser la propuesta de la Comisión Europea, y estar ligado al Marco Financiero Plurianual (MFP).

    Los países del sur tendrán que hacer concesiones, algo a lo que España parece abocada. La mayoría de los países desea salvar la partida de 310.000 millones de euros para subsidios a fondo perdido, la llamada Facilidad de Recuperación y Resiliencia. Pero la partida de 26.000 millones para recapitalizar empresas en dificultades, puede quedar en nada. Se especula con que el fondo podría quedar finalmente rebajado a unos 710.00 millones.

    España e Italia, los países más afectados de la Unión, luchan por establecer un fondo de cuantía generosa. Pero los dirigentes de los llamados países frugales, no están de acuerdo ni en el volumen de la ayuda ni en su forma. Además, Países Bajos quiere que el acuerdo se suscriba por unanimidad, algo inaceptable para la mayoría de países, empezando por Italia o España.

    Buscando un acuerdo sin política fiscal común

    Justo en la antesala de la cumbre del Consejo Europeo, el Tribunal General de la UE falló que la tecnológica estadounidense Apple no debe pagar en Irlanda 13.000 millones de euros en impuestos, como solicitaba la Comisión Europea.

    La decisión habrá de afectar al presupuesto comunitario, habida cuenta de que es un revés para una política fiscal común y un aliento para los países que abogan por la baja fiscalidad justo en un momento en que se necesita recaudar más dinero. En este punto, el economista Juan Vázquez opina que la sentencia "provocará que se reproduzcan" mecanismos desestabilizadores. Por su parte, el profesor Santiago Niño recalca la "hipocresía" con la que se ha obrado en este aspecto. "En 1997 se permitió a Irlanda reducir su impuesto sobre beneficios de sociedades a una franja comprendida entre el 10,5% y el 12,5% cuando el resto de países europeos superaba el 35%", recuerda.

    "Y actualmente Apple estaba pagando en Irlanda menos del 0,5%. Es más, llegó a pagar el 0,005%".

    La hipocresía que señala este docente radica en que a Luxemburgo ("con tratamientos fiscales especiales a las grandes corporaciones"), Países Bajos ("especializado en la domiciliación de derechos de imagen y publicitarios") y a Irlanda se les autorizó realizar estas políticas "porque convino". "La prueba es que nadie protestó", razona. "Pero ahora, como se necesita recaudar, se toman medidas de signo contrario aunque luego se maticen o se desanden como en el caso de Apple (aunque es recurrible)".

    "El problema de España", prosigue en su explicación, "es que no tiene nada con lo que negociar: necesita los fondos europeos, su presión fiscal es más baja que la media europea y su fraude fiscal mucho más elevado", concluye Santiago Niño.
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    subvención, préstamo, Stefan Löfven, Angela Merkel, Mark Rutte, Pedro Sánchez, reconstrucción, ayuda, cumbre, Bruselas, Consejo Europeo
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