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    ROMA (Sputnik) — El desconfinamiento da nuevos colores a la vida política en Italia con la aparición del movimiento de los chalecos naranjas, que niega la necesidad de respetar las medidas de prevención por el COVID-19 y lanza acusaciones contra el Gobierno y las empresas farmacéuticas.

    El COVID-19 parece ir en retroceso en Italia, pero con el desconfinamiento las implicaciones políticas de la pandemia se hacen cada vez más evidentes, mientras la gestión de la emergencia sanitaria se convierte en objeto de ásperos debates políticos. Mientras, en las últimas semanas atraen la atención los chalecos naranjas, que protestan contra las medidas de restricción y exigen la dimisión del Ejecutivo.

    ​El general que sueña con la política

    El movimiento  lo encabeza el general de carabineros en pensión Antonio Pappalardo, caballero de la Orden al Mérito de la República italiana y, según sus propias declaraciones, "uno de los mejores músicos del mundo".

    ​Pappalardo no es un novato en la política italiana. En los años 90, cuando todavía estaba en servicio activo, fue diputado del Parlamento nacional e incluso llegó a ser subsecretario de Finanzas, aunque se mantuvo en el cargo tan solo 18 días.

    Después de varios intentos vanos de ser elegido diputado regional, en 2016 Pappalardo encabezó el Movimiento de Liberación de Italia, el "astro naciente de la política italiana", como se autodefine en la cuenta correspondiente de Facebook.

    ​Esta vez, en una entrevista, el general jubilado declaró que el objetivo del Movimiento consistía en llevar a cabo una revolución pacífica para acabar con "los rufianes abusivos que ocupan las instituciones".

    El 31 de enero de 2019 Pappalardo anunció la creación de los chalecos naranjas, inspirado en lo que ocurría en Francia con un movimiento de protestas de color amarillo, aunque no logró repetir el éxito de sus primos galos, quizás por la llegada del COVID-19, aunque el fin de la pandemia les ofrece ahora una buena ocasión para presentarse en público.

    ​Plazas teñidas de naranja

    El pasado 30 de mayo la Piazza del Duomo (Plaza de la Catedral) de Milán se llenó de chalecos naranjas que escucharon con entusiasmo el discurso de Pappalardo. Entre los presentes pocos llevaban las mascarillas, un comportamiento que el general, que tampoco la tenía, explicó con un "es que se quieren".

    De hecho, el rechazo de las medidas de prevención por el COVID-19 se convirtió en la tarjeta de visita del Movimiento. El 2 de junio, fiesta de la República italiana, miles de personas con chalecos naranjas salieron a las calles en todo el país. "Los pulmones me los curo yo mismo, ya hay personas hospitalizadas por el uso excesivo de mascarillas", peroraba Pappalardo en Roma.

    En las diatribas del general, así como en las declaraciones de sus partidarios, no faltan contradicciones.

    En una rueda de prensa, después de haber negado el COVID-19, "falsa pandemia y falsa emergencia", Pappalardo se apresuró a añadir que no se podían "olvidar las 35.000 víctimas del coronavirus".

    Sin embargo, la línea general es bastante clara. Según los chalecos naranjas, el Gobierno y las empresas farmacéuticas vieron en la pandemia una ocasión ideal para llenarse los bolsillos. "No se trata de miles de millones, sino de billones de euros", afirma Pappalardo, asegurando que "el virus y las vacunas generan más beneficios que las drogas" y prometiendo que, cuando los chalecos naranjas lleguen al poder, se hará "una investigación muy rigurosa contra las compañías farmacéuticas".

    No solo COVID-19

    En las últimas semanas los chalecos naranjas se dedican a la crítica de las medidas contra el coronavirus, pero tampoco olvidan sus viejos eslóganes. En primer lugar, exigen la dimisión del Gobierno que, según su punto de vista, ahora, como hace tres años, sigue compuesto por "rufianes".

    Apertura de la frontera entre Italia y Francia
    © AFP 2020 / Valery Hache
    Uno de los pilares fundamentales del programa político del Movimiento es el euroescepticismo. Los chalecos naranjas son partidarios del Italexit, o sea de la salida de Italia de la Unión Europea, y creen que el país debería abandonar el euro y volver a la vieja lira, mientras los instrumentos financieros comunitarios, como el Mecanismo Europeo de la Estabilidad, les parece una injuria.

    Pappalardo tiene una particular aversión hacia los medios, que "están vendidos" y se merecen un "tribunal popular", y dice con orgullo que no quiso conceder entrevistas ni a RAI, ni a Mediaset, los mayores grupos mediáticos de Italia, por mucho que se las solicitasen.

    Perspectivas dudosas

    En un país como Italia, afectado duramente por la pandemia y con fuertes sentimientos antieuropeos desde hace años, los chalecos naranjas supieron aprovechar el momento para atraer la atención del público, pero es poco plausible que logren mantenerla durante mucho tiempo. En el paisaje político del país abundan partidos y movimientos de cariz euroescéptico, que se presentan como defensores del pueblo llano.

    ​Esa es la retórica que permitió ascender a la Liga de Matteo Salvini y a los Fratelli d'Italia de Giorgia Meloni, los dos partidos de derecha más populares del momento.

    Por ahora, parece más probable que, a medida que retroceda la pandemia y se levanten las restricciones, Pappalardo y sus partidarios vuelvan a su nicho de agitadores políticos de poco relieve, que no pueden competir con los movimientos populistas ya afirmados.

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    coronavirus en Europa, coronavirus, COVID-19, Italia, protestas
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