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    ROMA (Sputnik) — Italia levantará desde la prohibición de desplazamientos interregionales e internacionales, introducida por el Gobierno en marzo para frenar la propagación del COVID-19, pero la tan esperada recuperación del derecho de libre circulación sigue siendo objeto de polémicas, tanto dentro como fuera del país.

    Desde el pasado 4 de mayo, cuando Italia empezó a levantar gradualmente las medidas de cuarentena, la situación epidemiológica no dejó de mejorar. El 27 de mayo Trapani (Sicilia) se convirtió en la primera provincia oficialmente libre del COVID-19, al transcurrir cuatro semanas sin registrar nuevos casos de contagio. En Lombardía, la región más afectada por la pandemia, el número de los infectados, que alcanzaba 577 el 4 de mayo, descendió a 50 cuatro semanas después.

    La vida está volviendo a la normalidad. Hace un par de semanas las fuerzas del orden se presentaban en los bares para controlar si los clientes respetaban la distancia social de un metro, pero ahora nadie parece preocuparse de eso. Por la tarde los bares y los restaurantes están tan llenos de gente que los alcaldes de varias ciudades temen que el aforo pueda crear condiciones propicias para el regreso del virus.

    El sur contra el norte

    Con la nueva fase de desconfinamiento los italianos podrán viajar de una región a otra. Y aquí surge la polémica. El Gobierno instó a los italianos a pasar las vacaciones de verano en su país, con lo cual es muy probable que en las próximas semanas miles y miles de habitantes del norte se dirijan a Campania, Cerdeña, Sicilia y otras cinco regiones meridionales que hasta ahora han acumulado poco más del 8% del total de las infecciones de COVID-19 registradas en Italia.

    Para las autoridades locales eso crea una situación difícil. Por una parte, el sur de Italia depende de los ingresos del turismo. Por otra, los gobernadores temen que la llegada masiva de los septentrionales cree el riesgo de una nueva oleada de contagios.

    Tratando de salir de esta dicotomía, el jefe de la Junta regional de Cerdeña, Christian Solinas, insistió durante semanas en que los forasteros que quisieran visitar la isla dispusiesen de "una licencia de inmunidad" o de un "pasaporte sanitario" que certificase su buen estado de salud.

    Después de que el Gobierno italiano declaró inconstitucional la idea y los gobernadores del norte la sometieron a ásperas críticas, Solinas retrocedió, pero a regañadientes, acusando a Roma de querer "reafirmar una supremacía prepotente" y declarando que su región aplicaría "un sistema de controles más articulado que prevé el registro en una plataforma a los que llegan" a la isla.

    Nello Musumeci, gobernador de Sicilia, adoptó una posición más moderada, proponiendo crear una aplicación denominada "Sicilia se cura". Según su plan, los viajeros que lleguen a la isla deberán descargarla, rellenar un formulario e indicar las localidades que piensan visitar. Al mismo tiempo, las autoridades sicilianas hacen a los turistas una propuesta muy tentadora: todos los que reserven dos noches en los hoteles de la isla, tendrán la tercera noche gratis.

    Complicaciones internacionales

    Los gobernadores de Cerdeña y Sicilia no son los únicos que se plantean el problema de cómo equilibrar el riesgo epidemiológico y el temor de perder los ingresos generados por el turismo.

    El 29 de mayo el Gobierno griego decidió abrir las fronteras a los ciudadanos de 29 países de la UE, con la excepción de los italianos, españoles y suecos. Más tarde las autoridades helénicas rectificaron la lista de los turistas italianos no gratos, limitándola a aquellos provenientes de Lombardía, Piamonte, Véneto y Emilia Romaña.

    La corrección no satisfizo a los italianos que reaccionaron de manera brusca. El ministro de Exteriores Luigi Di Maio advirtió que Roma respondería con la misma medida a los países que "le cierran la puerta en la cara" y prometió que discutiría la cuestión con su homólogo helénico, Nikos Dendias, durante su visita a Atenas el próximo 9 de junio. El gobernador véneto, Luca Zaia, fue mucho menos diplomático, amenazando a los griegos con un "no volverán a vernos".

    Los roces que surgieron entre Italia y Grecia se inscriben en una polémica a nivel europeo que dura ya más de un mes. A finales de abril, algunos países de la UE avanzaron la idea de los llamados corredores turísticos, que consiste en asegurar flujos de visitantes entre países donde la situación epidemiológica no crea preocupaciones. Alemania, Austria, Croacia y Grecia firmaron acuerdos bilaterales que permiten a sus ciudadanos desplazarse libremente, mientras Francia e Inglaterra conducían negociaciones sobre el asunto.

    Para Italia esos acuerdos abren la triste perspectiva de perder millones de turistas, con lo cual los políticos italianos no tardaron en criticarlos. Luigi di Maio acotó que los corredores "van contra el espíritu de la Unión Europea", mientras los diputados italianos del Parlamento Europeo advirtieron que los acuerdos en cuestión no harían más que "aumentar los desequilibrios interiores de la UE".

    Después del 3 de junio la polémica continuará y, quizás, llegue a tonos aún más altos. La tarea de conciliar la protección de su población del COVID-19 con la necesidad de apoyar al sector turístico no resulta fácil ni a los sicilianos, ni a los sardos, ni a los griegos, pero, de momento, la búsqueda de una solución aceptable produce evidentes efectos colaterales, mermando la solidaridad tanto entre las regiones italianas, como entre países europeos.

    Etiquetas:
    turismo, aislamiento, coronavirus, desplazamiento, polémica, Italia
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