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    LONDRES (Sputnik) — Londres reactivó sus motores tras la hibernación de la pandemia con una sobrecarga en las tarifas del transporte público y del peaje anti polución sobre vehículos privados en el centro de la ciudad, que se describe ya como el "impuesto del coronavirus".

    Los vehículos han retomado el control de la capital británica. Durante las siete semanas del confinamiento oficial, los automóviles privados fueron prácticamente desplazados de las carreteras por pelotones de ciclistas. El peatón pudo cruzar constantemente de acera haciendo caso omiso al código de circulación, sin aguardar al cambio de luz del rojo al amarillo y verde.

    En la Finchley Road, crucial arteria que avanza desde el norte hasta la céntrica Oxford Street, los semáforos retomaron su función esencial esta semana. El primer ministro, Boris Johnson, dio la señal al afirmar, en un discurso televisado, que quienes no pueden trabajar en casa han de ser "activamente persuadidos" de la obligación de ocupar sus puestos laborales. Fue el preámbulo del levantamiento de la cuarentena en Inglaterra.

    En Londres, la vuelta al trabajo conlleva una sobrecarga económica, además de riesgos sanitarios. El transporte es competencia del alcalde de la gran urbe, el laborista Sadiq Khan, cuyo mensaje difiere en tono y énfasis de la retórica de su predecesor en la alcaldía y jefe del Gobierno central desde hace diez meses.

    Johnson insta a la población a "seguir alerta" a la pandemia; Khan conmina a los londinenses a "Parar los contagios" y "Permanecer en casa" o, al menos, en su barrio residencial.

    "El confinamiento sigue en pie y debemos permanecer en casa el máximo posible. Si necesitas desplazarte en transporte público debes cubrirte la cara durante la totalidad del viaje", urge el edil en su cuenta de Twiter.

    Rescate condicional

    Khan pidió ayuda al Gobierno central para cubrir el agujero financiero abierto por la caída en un 90% de usuarios del metro, trenes y autobuses locales a consecuencia de la pandemia. El alcalde había amenazado con reducir a un mínimo el servicio público y el Ejecutivo conservador aprobó finalmente un programa de rescate el 15 de mayo.

    El paquete se concreta con una inyección estatal en la entidad gestora del metro, Transport for London (TfL), de 1.600 millones de libras (unos 1.800 millones de euros). La ayuda está sujeta a estrictas condiciones sobre la gestión del servicio e incluye un crédito de 500 millones de libras a devolver con los ingresos de la venta de billetes y contratación publicitaria.

    "TfL tiene que subir las tarifas y eso puede describirse claramente como un aumento de impuestos sobre Londres para sufragar el coronavirus", denunció Richards Murphy, contable y economista político en su blog Tax Research.

    Las condiciones del rescate han forzado a Khan a incrementar el billete del metro por encima de la tasa de inflación, suspender la libre circulación de los menores de edad y limitar las horas en que los mayores de 60 años pueden viajar gratuitamente por la red pública londinense.

    "Voy a ser totalmente honesto con los londinenses. Este no es el trato que yo quería. Pero era el único que el Gobierno puso sobre la mesa y no tuve otra opción que aceptarlo para mantener circulando autobuses y trenes de metro", reconoció.

    Promesa electoral

    Kahn prometió congelar las tarifas del metro durante su campaña electoral de 2016. Pero el pacto con el Gobierno central le obliga ahora a renegar de su compromiso. El suburbano de Londres es de los servicios más caros del mundo, con precios por billete sencillo desde 2.90 a 5.10 libras en función a la distancia recorrida antes de la inminente subida.

    © REUTERS / Henry Nicholls
    La desescalada trae también un pronunciado encarecimiento del peaje de circulación por el centro de la ciudad. La tasa aumentará de 11.50 a 15 libras por día, un incremento del 30%. Con este gravamen se quiere desincentivar el uso del automóvil privado en el núcleo urbano y, a partir de junio, se ampliará el horario de su aplicación hasta las 22.00 horas de cada día, fines de semana incluidos.

    Para Shaun Bailey, miembro de la Asamblea de Londres y candidato a la alcaldía por el Partido Conservador, la subida de la llamada "tasa de congestión" es un "castigo para los negocios". "Subir y extender la tasa de congestión penalizará a los negocios en un momento en que Londres necesita liderar la recuperación económica", advirtió en su cuenta de Twitter.

    Pugna ideológica

    La crisis del COVID-19 llevó a la cancelación de las elecciones municipales que debían haberse celebrado en Londres este mayo. El primer ministro las ha aplazado un año -hasta mayo de 2021- al tiempo que se reaviva la pugna entre su Gobierno conservador y la alcaldía laborista.

    "El acuerdo es una tirita para TfL … en los próximos meses tendremos que negociar un nuevo modelo de financiación con el Gobierno, que girará en torno a la financiación permanente por parte del Gobierno, la cesión a Londres de un mayor control sobre los impuestos clave o una combinación de ambos", desafió Khan.

    Johnson también reivindicó la transferencia de poderes a la sede municipal del sur del Támesis pero, durante casi todo su doble mandato como alcalde, de 2008 a 2016, los conservadores retuvieron el control de Downing Street. Esta vez, el enfrentamiento es tribal e ideológico.

    TfL es el primer organismo público que el COVID-19 abocó a la quiebra. Pero la ayuda estatal está ligada a condiciones que impactarán en la mayoría de la población, según denuncia la izquierda política y sindical.

    "El rescate del Gobierno acarrea costes para los londinenses comunes, una condición que nunca se impone a la iniciativa privada. Se está aplicando, de nuevo, una norma para las empresas públicas y otra para las privadas", criticó en la revista "Tribune" el activista laborista y empleado del ferrocarril, Harry Williams.

    Etiquetas:
    Sadiq Khan, impuestos, Londres, Reino Unido
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