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    Documentos del SBU ucraniano revelan que la cárcel secreta de Mariúpol funcionó hasta 2018

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    DONETSK, UCRANIA (Sputnik) — Documentación confidencial del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), al que ha tenido acceso Sputnik, desveló que la prisión secreta del grupo paramilitar Azov en el aeropuerto de Mariúpol, en el sureste del país, funcionó hasta finales de 2018.

    El exmilitar ucraniano Yuri Aushev entregó a las autoridades de la autoproclamada República Popular de Donetsk (RPD) miles de documentos del SBU.

    Aushev era responsable de la seguridad interna en el Ejército ucraniano y tenía acceso a la red informática de la institución.

    Su supervisor era el teniente coronel Serguéi Stetsenko, oficial de la quinta división de la contrainteligencia del SBU.

    Stetsenko, según relata Aushev, no daba demasiada importancia a los protocolos de seguridad.

    Así llegaron a manos de Aushev varios documentos, entre ellos un informe sobre los contactos con el agente 'Renault', un militar que le avisaba a Stetsenko sobre el estado de ánimo en las tropas.

    En los documentos se recoge que la residente local Ludmila Momot pidió a 'Renault' averiguar la situación de su hijo de 28 años que había desaparecido el 3 de octubre de 2018.

    La mujer contó al agente que una semana después de la desaparición, un hombre le llamó por teléfono, le dijo que su hijo estaba en el aeropuerto de Mariúpol y que tenía que pagar 3.000 dólares para que sea liberado.

    Momot, jubilada, no podía conseguir esa suma y por eso rogó a Renault que le ayudara porque él era un alto cargo militar.

    Tras ser puesto al tanto de la situación, Stetsenko, preocupado por la fuga de información sobre el lugar de detención, ordenó a Renault que comunique a la jubilada que en el aeropuerto no había ninguna cárcel.

    Sputnik logró también contactar con Pável Karakosov, un taxista exdetenido de la prisión secreta de Mariúpol.

    Karakosov transmitía información a las milicias de Donbás sobre Mariúpol desde 2014.

    En julio de 2014 llegó al aeropuerto para recoger a un hombre que fue liberado tras pagar un rescate.

    El taxista relata que un pasajero acordó por teléfono la liberación de su familiar por el que ya habían pagado previamente.

    "El detenido fue sacado del aeropuerto, tendría entre 35 y 40 años, estaba lleno de moretones. Entendí que había estado allí tres días. No podía hablar", narra.

    Una vez un hombre jubilado que había sido liberado le contó que fue llevado al aeropuerto, le golpearon durante dos días exigiéndole que confiese que era un saboteador ruso. Sus verdugos lo soltaron al convencerse de que estaban equivocados.

    "Le quitaron los 2.000 dólares que llevaba, pero igual estaba feliz de haber salido con vida", recuerda Karakosov.

    Siete días en el infierno de Mariúpol

    Más tarde el propio taxista sería detenido y enviado a la cárcel secreta de Mariúpol.

    El grupo paramilitar Azov le detuvo el 11 de agosto de 2014, permaneció siete días en el aeropuerto.

    "Me llevaron al aeropuerto y alguien dijo que yo era un separatista. Quince individuos me golpearon hasta hartarse. Luego me llevaron al sótano y me arrojaron a la cámara frigorífica. Era un espacio de 3x5 metros. Afortunadamente la cámara estaba estropeada, no hacía frío. Ahí dentro estaba un hombre, había sido molido a golpes y no podía hablar. Estaba completamente desfigurado", describe Karakosov su primera impresión de la cárcel.

    El taxista sufrió todas las torturas que tenían los paramilitares en su arsenal.

    "Sus métodos eran parecidos a los de los estadounidenses en Guantánamo. Te ponían bocarriba, un trapo en la cara y vertían agua en la boca y la nariz. Uno tiene la sensación de que se ahoga. Durante las torturas sufrí un miniderrame cerebral", relata.

    Karakosov narra que sus verdugos le clavaron agujas bajo las uñas de los dedos.

    El hombre muestra también cicatrices en las piernas que quedaron de los cortes que le hicieron con una motosierra.

    Los paramilitares del batallón Azov hacían el trabajo sucio, indica Karakosov.

    "El SBU actuaba en el campo legal, mientras que el batallón Azov podía hacer lo que quiera. El SBU siempre puede negarlo todo y decir que no fuimos nosotros. Es obra del batallón Azov, ellos no se subordinan a nosotros", explica.

    Karakosov está convencido de que en el aeropuerto hay fosas comunes clandestinas.

    "Mucha gente ha desaparecido en la ciudad. En el aeropuerto se respira el olor a muerte, el olor de los cadáveres. Supongo que cerca del aeropuerto hay enterramientos", señaló.

    Tras siete días de martirio, Karakosov fue entregado al SBU. Luego le enviaron a una prisión preventiva a las afueras de Mariúpol. Al principio no quisieron recibirle en este lugar, temían que muriera.

    "El médico me preguntó que malestares sentía. Presté solo a quitarme la camisa, todo estaba claro", recuerda.

    En diciembre de 2014 Karakosov recuperó la libertad en un canje de prisioneros entre el Gobierno ucraniano y las milicias.

    La Defensora del Pueblo de la autoproclamada República Popular de Donetsk, Daria Morózova, cree que la cárcel secreta en el aeropuerto de Mariúpol sigue funcionando.

    "Seguimos recibiendo denuncias de los que fueron detenidos en 2018 y 2019. En Mariúpol se torturaba a la gente, eran golpeados brutalmente. Todos esos métodos horribles se usaron en Mariúpol", dijo Morózova a Sputnik.

    La funcionaria considera que en ese lugar pueden haber fosas comunes clandestinas.

    "Hubieron muchos vídeos de detenciones de jóvenes en YouTube y los canales de televisión, hasta ahora no sabemos dónde se encuentra esta gente (...) Tras cinco años de búsquedas no hemos podido encontrar a muchos de ellos. Suponemos que posiblemente estén en esas fosas", puntualizó.

    Precisó que su institución busca a 254 personas que fueron detenidas en el territorio de Ucrania.

    "De esas 254 los ucranianos confirmaron oficialmente a 98 personas. Se desconoce el paradero del resto. No descarto la existencia de fosas comunes cerca de los centros de detención", subrayó.

    El 17 de julio, Morózova llamó a la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, a tomar nota de la cárcel secreta en el aeropuerto de Mariúpol.

    Desde abril de 2014 Ucrania lleva a cabo una operación militar contra las milicias en el este de su territorio, donde se proclamaron las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk en respuesta al violento cambio de gobierno ocurrido en febrero del mismo año.

    Los acuerdos de Minsk, suscritos en septiembre de 2014 y en febrero de 2015, sentaron las bases para una solución política del conflicto interno ucraniano pero no han derivado hasta ahora en el cese de la violencia.

    Las hostilidades han dejado unos 13.000 muertos y más de 1,3 millones de desplazados, según estimaciones de la ONU.

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    Etiquetas:
    Ucrania, Mariúpol, cárcel, SBU
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