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    El presidente de Rusia, Vladímir Putin y la canciller de Alemania, Angela Merkel

    Que Merkel rechace el Nord Stream 2 es equivalente a suicidarse

    © Sputnik / Sergey Guneev
    Europa
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    Merkel y Putin se reunieron en Sochi el 18 de mayo. Se trata de la primera reunión en mucho tiempo, y llega en un momento crítico para Europa. Alemania y el resto de la Unión Europea deben mantenerse firmes ante EEUU. El entendimiento estratégico entre Berlín y Moscú es la combinación ganadora frente a Trump, escribe el periódico ruso Vzglyad.

    Hacía mucho que la canciller alemana no podía conversar tranquilamente con Vladímir Putin. Después de las elecciones al Bundestag de septiembre de 2017 siguieron varios meses durante los que a Alemania le tocó formar Gobierno. Como canciller interina, Merkel no se sentía cómoda para hablar con el presidente ruso y, además, hasta marzo no hubo un Gobierno formado en el país teutón.

    Había muchas cuestiones que abordar. A pesar de que el enfrentamiento entre Occidente y Rusia continúa, el mundo de los negocios alemán y una gran parte de la clase política intentan encontrar una forma de terminar con la guerra de sanciones. Para ello se hace necesario avanzar en los acuerdos de Minsk y eso se alcanza sosegando la crisis en Ucrania. Así que Merkel fue a Sochi para hablar sobre Ucrania y sobre Siria, entre otros temas.

    "Pero cuanto más se acercaba la fecha de su viaje, más claro quedaba cuál iba a ser la principal pregunta que Putin le haría a Merkel: '¿Está usted por fin lista para defender sus intereses?'. Porque el principal problema de la Unión Europea y de su núcleo, Alemania, se ha convertido en la presión a la que los someten desde Estados Unidos. Una presión a la que se puede calificar de sin precedentes y cuya reacción europea puede acabar siéndolo también", explica Vzglyad en su artículo.

    Lo cierto es que Donald Trump siempre ha exigido a Europa que pague más. Ya sea dedicando más dinero a las partidas en Defensa o reduciendo los aranceles que se aplican a los productos estadounidenses. Porque en realidad Trump no necesita una Europa fuerte. Considera al Viejo Continente un competidor de Estados Unidos, explica el artículo.

    Sin embargo, Europa no quiere pagar, ya que está acostumbrada a depender geopolíticamente de Estados Unidos y de los atlantistas y, desde luego, porque no está preparada para llevar una vida independiente ni para repartirse las tareas como parte del matrimonio desigual que mantiene con Washington.

    "No es ningún secreto que el nuevo líder estadounidense no le vea ningún sentido a la OTAN, a la solidaridad trasatlántica ni a una Unión Europea fuerte. Ni siquiera quiso oír hablar de asociación trasatlántica alguna. Más bien de todo lo contrario. Empezó a obligar a todos los socios comerciales de Estados Unidos a hacer concesiones en sus acuerdos bilaterales. Y a principios de año asestó su doble golpe".

    Primero anunciando que aplicaría más aranceles a las importaciones de productos europeos. Después, saliéndose del acuerdo nuclear iraní. A Europa, por ahora, se la ha amenazado con sancionar a las empresas que colaboran con Irán y le han recordado que pueden hacer lo mismo con el Nord Stream 2.

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    Así es como Europa se ha situado a las puertas de una guerra comercial con Estados Unidos. Una guerra que para nada le apetece comenzar. Pero tampoco se puede permitir ceder ante ella. Alemania perderá la confianza que tiene en sí misma como país líder de la Unión Europea. Si los alemanes ceden ante Estados Unidos, estarán asestando un golpe contra la propia Unión Europea. De ahí que Alemania deba escoger entre defender sus intereses y los del resto de países de la UE frente a la presión de Estados Unidos o prepararse para la desintegración de la propia Unión. "Puede que sea una exageración, pero si lo es, no lo es tanto", señala el periódico.

    Si la Unión Europea no se da prisa en seguir con el proceso de integración —en la práctica paralizado—, los problemas acabarán con ella.

    Ahora mismo está atravesando varias crisis a la vez: las negociaciones sobre el Brexit, el auge de las voces euroescépticas y su llegada a los Gobiernos de varios países, la crisis que atraviesa su sistema financiero por culpa de las enormes deudas de algunos de los países de la eurozona, la crisis migratoria y la guerra de sanciones con Rusia. Que las relaciones con Estados Unidos empeoren puede acabar de rematarlo.

    Ceder a las presiones de Estados Unidos no solo significa dar más argumentos a los euroescépticos, sino también traicionar los intereses europeos y nacionales a ojos, incluso, del más ferviente electorado europeísta. Ni Merkel ni ningún otro político alemán se puede permitir abandonar el acuerdo nuclear iraní ni el proyecto del Nord Stream 2. Sería un suicidio político total y absoluto. Alemania no piensa suicidarse, concluye el artículo.

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    Etiquetas:
    integración, cooperación, Nord Stream II, Donald Trump Jr, Angela Merkel, Vladímir Putin, Unión Europea, Alemania, Rusia
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