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    Es posible que el Kremlin y la Casa Blanca hayan encontrado un formato más eficaz que el Cuarteto de Normandía para solucionar la crisis en Ucrania, opina Leonid Poliakov, catedrático ruso de la Escuela Superior de Economía.

    El docente comentó el reciente encuentro que el asesor presidencial ruso, Vladislav Surkov, sostuvo en Minsk con el representante especial de Estados Unidos para Ucrania, Kurt Volker, cuyo objetivo era tratar la crisis ucraniana.

    "Las negociaciones de estos representantes y sus decisiones constituyen un formato constructivo que muestra que aún hay esperanzas de que la situación cambie. Las partes que participan en el Cuarteto de Normandía no han conseguido escapar del callejón sin salida. Quizás el presidente de EEUU tenga una idea que en el futuro dé sus frutos y desemboque en el reinicio de las relaciones de Rusia con Occidente", comentó Poliakov a la emisora rusa Kommersant FM

    Aunque Vladislav Surkov declaró que Moscú y Washington siguen reafirmando su compromiso con el cumplimiento de los acuerdos de Minsk, varios interlocutores de la emisora consideran que las partes podrían haber acordado introducir varias enmiendas al texto. 

    El politólogo ucraniano Alexéi Kurpas opina que el Kremlin y la Casa Blanca pueden ir más allá e incluso cesar los debates alrededor de la reunificación de Crimea con Rusia a cambio de la entrada de cascos azules en Donbás.

    "Tras admitir el acceso de los cascos azules en Donbás, Rusia puede obtener la carta blanca para aplazar en tres o cinco años las discrepancias surgidas tras la reunificación de Crimea con Rusia", dijo.

    A pesar de que el encuentro de Surkov y Volker se celebró a puerta cerrada, es posible determinar qué aspectos no pudieron acordar las partes, escribe el columnista Rostislav Íschenko en un artículo para Sputnik.

    El periodista destaca que resulta complicado hablar sobre el posible acercamiento entre Moscú y Washington, dado que las posiciones de ambos países sobre el problema ucraniano son muy diferentes y las capacidades de influir en el conflicto son bastante limitadas. 

    Además, según Íschenko, la subsidiariedad de la crisis ucraniana en comparación con el conflicto sirio o el de Corea es bastante evidente. Resulta complicado esperar que los problemas relacionados con esta se arreglen rápidamente y de una manera eficaz. 

    En su artículo, Íschenko enfatiza que EEUU no necesita los acuerdos de Minsk para poder negociar libremente con Rusia. 

    "Ellos necesitan una plataforma para lanzar negociaciones en cuyo transcurso puedan hacer borrón y cuenta nueva sin Francia, Alemania, Kiev y Donbás, y para ponerse de acuerdo solo con Rusia. Cuantos menos participantes haya en las negociaciones y menos intereses estén en juego, más posibilidades habrá de conseguir un acuerdo", prosigue.

    Washington no tiene necesidad de tomar en cuenta la posición de sus socios europeos y la de Ucrania, opina. 

    "En caso de que las condiciones del acuerdo le exijan a Washington replegar su actividades, lo hará fácilmente y buscará quitarse de encima cualquier responsabilidad por la conducta de sus vasallos ucranianos y por la posición de los países de la UE", según Íschenko.

    Por su parte, a Rusia le convendría cualquier formato en que EEUU pudiera presionar a Kiev para obligarle a cumplir los acuerdos de Minsk. 

    Claro está que Washington tiene influencia sobre Kiev, igual que Rusia puede tener peso en Donbás. Sin embargo, esta influencia no es absoluta. En Moscú entienden perfectamente que nunca podrán convencer a las autoridades de la República Popular de Donetsk ni a las de la República Popular de Lugansk de que sus territorios vuelvan a formar parte de Ucrania, asegura el periodista.

    Por su parte, EEUU será incapaz de obligar a Kiev a dejar de sabotear los acuerdos de Minsk.  

    "Es posible sustituir a Poroshenko por un político más o menos radical, igual que el Parlamento y el Gobierno de Ucrania pueden ser reorganizados, pero el consenso que hay dentro de la elite ucraniana sobre la imposibilidad del cumplimiento de los acuerdos de Minsk nunca podrá ser eliminado", subraya Íschenko.  

    Este enfoque tan poco flexible se debe a que los grupos políticos y financieros de Ucrania tienen puestos en juego sus propios intereses materiales y quieren restablecer por completo el control sobre los activos de Donetsk y Lugansk.

    Además, las autoridades ucranianas entienden perfectamente que cualquier acuerdo con Donbás que prevea el reconocimiento completo o parcial de su soberanía provocará un efecto domino. Las élites de otras regiones van a querer obtener privilegios semejantes y, como consecuencia, Kiev perderá el control de la situación. 

    "Mientras Donbás no ha logrado el reconocimiento de su estatus y sigue luchando y sufriendo pérdidas, su ejemplo retiene a las fuerzas centrífugas en otras partes de Ucrania. Tan pronto como los derechos de Donbás sean asegurados de forma constitucional y por medio de distintos acuerdos internacionales, muchos seguirán su ejemplo".

    Lea más: Poroshenko responde a la iniciativa de Donetsk para crear un nuevo Estado en Ucrania

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    crisis, EEUU, Rusia, Ucrania
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