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    El último reto artístico de Banksy, Dismaland, abrió sus puertas este domingo a la primera oleada de público que previamente abonó las correspondientes tres libras (unos cuatro euros) por localidad.

    Unas 4.000 personas se esperan diariamente en este "parque de las atracciones tenebrosas" hasta la fecha prevista de cierre, el 27 de septiembre. Ya corren sin embargo rumores de una extensión del plazo debido a la fuerte demanda popular.

    La expectativa por entrar en el recinto hizo quebrar la web del proyecto (dismaland.co.uk) en repetidas ocasiones y esta mañana la cola de impacientes visitantes se extendía a lo largo del paseo marítimo de Weston-super-Mare, al sur de Bristol, en el oeste de Inglaterra.

    La jornada anterior se dedicó a las inauguraciones. Sara Reading y su hijo Tom, de cinco años, estuvieron entre el millar de afortunados residentes del área que visitaron el antiguo complejo acuático Tropicana, que el genio inglés de la transformación urbana ha retomado quince años después de su cierre.

    "Para mí y mis vecinos es una oportunidad única en la vida y una clara demostración de que es posible reconstruir el centro", exclamó Reading a Sputnik Nóvosti antes de señalar su atracción favorita: el castillo de Cenicienta.

    La fortaleza grisácea la ha diseñado el propio Bansky y su visión de hadas buenas y malas es una revisión impactante de las de Disney. Cenicienta ha sufrido un accidente en su carroza de calabazas y los fotógrafos se ensañan con su cuerpo sin vida. "Se me escapó una lágrima, es tan conmovedor", confiesa Reading.

    Fundido entre el público, el creador palestino Shadi Alzaqzouq observa la inmensidad de este "festival del arte, las diversiones y el anarquismo visceral", levantado con la colaboración de cerca de 60 artistas de 17 nacionalidades distintas.

    "Es un parque de la resistencia política y en demanda de justicia. Todo está pensado al detalle, hasta las piedras del suelo", se maravilla el autor de 'After Washing', obra censurada en Dubái que llega a Weston en una versión revisada de la protagonista del óleo: una mujer con los ojos y la frente magullados que muestra unos calzoncillos blancos con una inscripción en la que pone "salir".

    Atracciones típicas de un parque dan un vuelvo en Dismaland: "Pesca patos en chapapote", reclama una caseta. En la siguiente se dispara con balas de corcho y en premio se reparten cadenas y pistolas doradas. Más adelante se tienta al visitante a penetrar en la tienda de circo de las curiosidades, donde Damian Hirst presenta un mamífero flotando dentro de una piscina de formol.

    Eso sí, a ningún empleado se le escapa una sonrisa y el tono dominante es áspero e intransigente. "Aquí no se vende la sonrisa fácil de Disney, ni todo es felicidad edulcorada", resalta Paco Pomet, granadino que enseña en Weston siete cuadros de su cosecha.

    "Es una experiencia muy buena", afirma a Sputnik el español Escif en los minutos finales de la inauguración privada de Dismaland, la noche del viernes.

    Entre los espectáculos previstos, se anuncia en el catálogo "algo especialmente interactivo" de las Pussy Riot, "la más famosa banda del mundo de la que uno no podría canturrear una nota". Su actuación se espera el 25 de septiembre.

    Etiquetas:
    arte contemporáneo, arte, Dismaland, Shadi Alzaqzouq, Damian Hirst, Banksy
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