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    Jeremy Corbyn, veterano diputado y activista de la izquierda británica, marcha favorito a hacerse con el liderazgo del Partido Laborista, según los sondeos y las proyecciones de las casas de apuestas.

    De 66 años y representante parlamentario por un distrito de Londres desde 1983, Corbyn debe su popularidad a la sinceridad de su retórica y a una campaña en la que no está criticando a sus rivales y se centra exclusivamente en divulgar sus ideas políticas.

    Corbyn relaciona la "devastadora derrota" laborista en las elecciones generales del pasado mayo, que resultaron en una inesperada mayoría parlamentaria de los conservadores, con el programa de "austeridad light" del anterior líder de la oposición, Ed Miliband.

    "La austeridad no funciona y debemos retornar a la raíces del laborismo como organización en apoyo y protección de la clase trabajadora", defendió el aspirante a líder en recientes declaraciones a Sputnik Nóvosti.

    Este análisis del fracaso electoral difiere de la postura del resto de candidatos, que lo achacan fundamentalmente a la desconfianza del electorado en la gestión de la economía de los dirigentes laboristas.

    Corbyn apuesta por la nacionalización de los ferrocarriles, el suministro energético y el servicio de correos, se opone a las armas nucleares y propone invertir en programas de promoción de empleo y especialización de los trabajadores el capital necesario para renovar la flota de submarinos con misiles Trident.

    El concienciado activista entró en la carrera al liderazgo para promover el debate sobre el futuro del laborismo y el gancho de su candidatura ha sorprendido a todos y alarma particularmente a los 'varones' del partido.

    El ex primer ministro, Tony Blair, advirtió de que las elecciones "se ganan desde el centro" y espetó al que le convencen las ideas de Corbyn: "si eso es lo que dice tu corazón, hazte un trasplante".

    Corbyn está atrayendo precisamente al votante laborista crítico del 'blairismo' y a un sector más amplio de la sociedad hastiado con los recortes impuestos por los conservadores desde 2010.

    En sus intervenciones públicas se dirige a los insatisfechos con la política tradicional con la ambición de crear un movimiento cívico-político con un gancho similar a Podemos en España o Syriza en Grecia.

    Corbyn está eclipsando a sus tres rivales en esta campaña: los ex ministros Andy Burnham e Ivette Cooper y la 'blairista' y menos experimentada política, Liz Kendall.

    Estas primarias se deciden bajo un nuevo sistema carente del voto en bloque de los sindicatos, que favoreció la inesperada y justa victoria de Ed Miliband sobre su hermano David en 2010.

    Esta vez cada voto cuenta por su propio peso en los tres diferentes grupos electorales: miembros del partido, afiliados a sociedades o sindicatos afines al laborismo y simpatizantes.

    Estos últimos pueden votar pagando una cuota de unos cuatro euros y rellenando una escueta inscripción en la que afirman "apoyar los objetivos y valores del Partido Laborista".

    La prensa insinúa que afiliados a otros partidos –desde conservadores a socialistas o verdes– están abusando del sistema para asegurar la victoria de Corbyn.

    Para la derecha, el viraje a la izquierda eliminaría las perspectivas de un retorno al poder de los laboristas.

    El polo ideológicamente opuesto ve en la potencial elección del diputado londinense un retorno a los orígenes y fundamentos del laborismo.

    El periodo de inscripciones concluye el miércoles 12 agosto y dos días después se enviarán las papeletas; el nuevo líder se anunciará en un congreso especial, el sábado 12 de septiembre.

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    Etiquetas:
    Reino Unido, Partido Laborista, Jeremy Corbyn, Ed Miliband
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