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    Situación en Donbás (primavera de 2015) (352)
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    Andrea Palmeri estaba ayudando a defender una posición de las milicias, cerca de una colina, cuando oyó en una casa cercana cómo una mujer miraba mientras tanto la pantalla de su ordenador y reía.

    Andrea preguntó si aquella mujer sufría algún tipo de trastorno mental. No, simplemente está mirando los dibujos animados favoritos de sus hijos, le respondieron. Sus hijos habían fallecido durante un bombardeo en Donetsk.

    "Yo mismo soy padre", dice Palmeri, de 35 años y originario de Lucca (noroeste del país). "La escena me afectó profundamente".

    Palmeri es uno de los voluntarios italianos que acudió al este de Ucrania para apoyar a las milicias separatistas. Cuando le preguntan por qué lo hizo, contesta que "para ayudar a la gente de aquí". Y por una buena razón, añade, ya que los medios de comunicación occidentales han ignorado sistemáticamente la situación de la población local.

    Aquí todos tienen una historia que explicar, algunas tan conmovedoras como de la que fue testimonio Palmeri.

    Palmeri, que habla con fluidez ruso, conoce bien la historia de la ciudad que ha elegido para arriesgar su vida defendiendo.

    "La gente aquí habla ruso, se siente rusa. La propia Lugansk fue construida por rusos".

    ¿Cuántos italianos hay aquí? Cuatro son conocidos por su nombre. Dos de ellos se mostraron de acuerdo con ser entrevistados ante las cámaras por la televisión italiana. Pero puede que haya más y quizá nunca sepamos con exactitud su número. Palmeri explica por qué:

    "Los españoles fueron arrestados. Los serbios también. Nosotros, los italianos que combatimos por la independencia de Donbás, podríamos ser los siguientes. No queremos que eso ocurra. Tan pronto como esto termine volveremos a nuestro país".

    Irina Osipova, presidenta de Giovani Italo-Russi —una organización no gubernamental que ayuda a los rusos que viven en Roma a entrar en contacto con la comunidad- expresó su preocupación por la situación en Donbás.

    "El problema para aquellos que logran sobrevivir estas guerras es su futuro. ¿Serán capaces de regresar a una vida normal?", se pregunta.

    La posibilidad de ser procesados no ayuda a su reintegración.

    Osipova cree que el término "voluntarios extranjeros" simplifica demasiado las cosas y no recoge la complejidad de la situación.

    "Algunos combaten por dinero, otros por ideales. Una cosa es que te paguen para matar y otra muy diferente es arriesgar tu propia vida para defender a gente que necesita ser defendida, y ayudarles a sobrevivir", dice.

    momento di relax

    Posted by Andrea Palmeri on Sunday, 29 June 2014

    Esto último es lo que hacen, aseguran en Donbás, Andrea Palmeri y su camarada y compatriota Antonio Cataldo, de 30 años y originario de Avellino, cerca de Nápoles.

    Palmeri explica su decisión.

    "Amo a Rusia. Vine aquí a ayudar a la gente. Los ucranianos han bombardeado a mujeres y niños. No existe ninguna guerra civil. Una guerra civil consiste en dos bandos que combaten, no en un ejército regular que bombardea deliberadamente a mujeres y niños. Esto es una masacre".

    En opinión de Palmeri, en este caso también se trata de prevenir una catástrofe mucho mayor.

    "Creo que solo nuestra victoria prevendrá el estallido de la Tercera Guerra Mundial. Porque si Rusia acaba completamente cercada, tendrá que defenderse", opina.

    Cuando se le pregunta por el dinero, contesta sin problemas.

    "Recibo 300 dólares mensuales por los gastos. Estoy combatiendo por un ideal. Mi propio ideal. En Occidente ya no podemos valorar que alguien haga algo sin pensar en recibir algo a cambio. No es mi caso", señala.

    El dinero tampoco es una motivación para Cataldo, que trabajó como contratista militar en la Libia de Gadafi.

    "Allí gané bastante dinero. Aquí no gano nada. Vine aquí solo para ayudar a esta agente", afirma.

    Cataldo está posicionado como francotirador, cerca del frente, "una posición muy avanzada", asegura. "Estoy aquí todo el día y solo hago una pausa de vez en cuando para comer algo de arroz".

    Mientras las cámaras de Le Iene, el programa de televisión, desplazan su objetivo hacia la posición ucraniana para mostrar con exactitud lo que ve Cataldo como francotirador, los ucranianos comienzan a abrir fuego.

    "Nos disparan y nos bombardean durante las noches", dice Cataldo mientras muestra a las cámaras los restos del último bombardeo.

    Cuando le preguntan qué hará cuando termine el conflicto, dice que su intención es volver a Italia.

    "No soy ningún terrorista. No decapité a nadie. No hice otra cosa que venir aquí a ayudar a la población."

    "Mi familia no sabe nada de esto. Les dije que me iba a Rusia durante una temporada", afirma.

    Cataldo no puede estar en contacto con ellos. "No puedo llamarlos. No puedo utilizar el teléfono, de lo contrario los ucranianos nos localizarían", indica.

    Andrea Palmeri ha estado luchando con las milicias de Lugansk durante siete meses y conoce el campo de batalla como la palma de su mano.

    Mientras conduce por un suburbio de la ciudad, Palmieri muestra a los periodistas un tanque cubierto de rosas.

    "Éste era de los nuestros. Nuestros muchachos murieron en el interior. ¿Ve las flores? Las trajeron la gente de aquí. Si no ve flores es porque los muertos eran del Ejército ucraniano", expresa.

    "Desde aquí bombardearon la ciudad", dice Palmeri mientras la cámara muestra Lugansk a lo lejos.

    "Fuimos capaces de evitar que siguieran bombardeando la ciudad. Los rodeamos y tuvieron que retirarse a unos kilómetros más atrás", recuerda Palmeri con orgullo.

    "Intentaron cavar más trincheras, pero fracasaron y tuvieron que volver", dice.

    Palmeri muestra a las cámaras la trinchera donde "se refugiaron hasta 20 soldados". Por el suelo quedaron desperdigados los restos de raciones de combate. Hechas en EEUU. "Una prueba de que los estadounidenses están ayudando al Ejército ucraniano", dice.

    "En las otras trincheras podéis ver bombas de racimo. También hechas en EEUU".

    "¿Cuántos habían?", pregunta el periodista. "Unos 500", responde con voz temblorosa cuando recuerda cómo fallecieron sus compañeros.

    "¿Y cómo murieron?"

    "Por la explosión, o de heridas múltiples".

    Cuando le preguntan por su hijo en Italia, Palmeri contesta:

    "Estoy en contacto con él a través de Skype. Mi hijo sabe que su padre está luchando contra los tipos malos. Lo que no sabe es que está luchando una guerra real", concluye.

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    Situación en Donbás (primavera de 2015) (352)

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    voluntarios, Giovani Italo-Russi, Antonio Cataldo, Andrea Palmeri, Irina Osipova, Italia, Donetsk, Donbás, Ucrania
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