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    Con unos 250.000 residentes en el país, esta comunidad ha seguido expectante la salida del Reino Unido de la Unión Europea para saber cómo les afecta.

    España se alza entre los británicos como un país cómodo, seguro y con unas prestaciones sociales más que aceptables. Gozan aquí no solo de un clima óptimo o de unos precios asequibles, sino de un sistema sanitario eficiente y una amplia diversidad de opciones turísticas. A un par de horas en avión de sus lugares de nacimiento, esta comunidad encuentra el paraíso soleado (venga acompañado de playa o de montaña) donde disfrutar de su jubilación o montar un negocio.

    Una posibilidad que ya aprovechaban en 2019 más de 250.000 personas, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Los residentes en el país ibérico procedentes de las islas británicas se concentraban en lugares costeros como Alicante, Málaga, Almería, Barcelona o en las islas Baleares y Canarias. A lo largo de 2020, todos estos vecinos y quienes estuvieran a punto de sumarse al censo han sufrido un pequeño terremoto en sus plácidas costumbres: el Brexit les ha inquietado.

    La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea ha salpicado a la gente que elegía España como residencia. Han pasado casi cinco años desde el referéndum y el periodo transitorio ha acabado. Los interrogantes y acuerdos han llegado a su fin: el bloque británico se marcha del mercado común, último fleco por cubrir. En diciembre se zanjó la retirada, con Boris Johnson alardeando de haber cumplido su promesa y de haber recuperado la "independencia nacional".

    "Reino Unido ha restablecido el control sobre las leyes, fronteras, recursos financieros, comercio y pesca", manifestaba el primer ministro ante un pacto que facilita el libre comercio sin tarifas ni cuotas.

    Aún no está todo claro. De manera bilateral, entre naciones, el Reino Unido tiene que ir matizando ciertas cláusulas pendientes como la de sus ciudadanos que viven en el extranjero. Los llamados brexpats (por la conjunción en inglés de "expatriados" y "británicos") llenan los grupos de redes sociales de interrogantes. Les preocupan los imprevistos que puedan surgir cuando estén en España o las normas para viajar, agravadas por culpa del COVID-19.

    "Se nos aseguró que mantendríamos los derechos de residencia siempre que la hubiéramos solicitado antes del 31 de diciembre. Ahora, quienes la han presentado pero siguen estancados en el proceso son tratados por separado y se les niega el viaje de vuelta", lamentaba uno de ellos recientemente.

    Desde el consulado de Reino Unido en Madrid alegan que conocen las dudas y reconocen que "existe confusión" sobre el papeleo y las condiciones para quedarse en el país o simplemente visitarlo. "Estamos trabajando activamente en estos temas", conceden sobre un asunto que no solo afecta a los radicados permanentemente, sino a los 18 millones de turistas que acuden anualmente a España desde hace años, según el Instituto Nacional de Estadística: uno de cada cinco extranjeros que pisa el país es británico.

    Es el caso de Warren Edwardes. Banquero jubilado, se casó en 1992 en Barcelona con su mujer española. Vive en Londres, pero visita "con regularidad" España "para ver a familiares y amigos". "Se ha vuelto mucho más burocrático", asegura. Se describe como importador de vinos y pinchadiscos de tango y lleva la salida de la Unión Europea "con profunda decepción y tristeza". "Voté a favor de permanecer y, además, hice campaña por la adhesión", añade.

    Warren Edwardes cree que, aparte de los temas laborales, la ruptura se palpa en la calle. "Nuestro idioma materno en Londres es el español, y hablarlo después del Brexit puede provocar comentarios del tipo 'habla en inglés", anota, "y las parejas tendrán que hacer colas separadas en los aeropuertos; se han dañado los derechos humanos de una vida familiar de parejas bilingües hispano-británicas que se casaron ambos como ciudadanos de la UE".

    "Algunos británicos residentes en España regresarán al Reino Unido. Pero la mayoría se instalará y buscará la nacionalidad española", concluye.

    Barry Haylor es uno de ellos. Vecino de Lloret del Mar, en el norte de Cataluña, lleva una década en el país ibérico y cinco años con el TIE (Tarjeta de Identificación de Extranjero). "Soy residente y no creo que el Brexit me afecte, salvo por el cambio de libra a euro", concede. Haylor, retirado de 69 años, aprovecha para subir vídeos en su canal de YouTube sobre enclaves españoles. En el dedicado a la elección del lugar, alaba la gastronomía y los precios.

    "Creo que Inglaterra comerciará bien con todos los países. Aquí podría haber problemas con Gibraltar, pero me da la sensación de que a nadie le importa el Brexit", sentencia, justo después de que se haya llegado a un acuerdo con este territorio de ultramar y se hayan empezado negociaciones militares entre ambos Estados.

    Martine Mertens, encargada en Alfaz del Pi de los residentes de otras nacionalidades, sí palpa preocupación. La concejala de esta localidad alicantina, que lleva cinco años en el cargo,  ha notado en estos meses una confusión generalizada. "Hicimos una charla en agosto y vino la cónsul al Ayuntamiento", adelanta, "pero creo que muchos han esperado demasiado, hasta que estaban obligados, y ahora están teniendo problemas con los trámites".

    Belga de nacimiento, pero con muchos años de estancia en España, Mertens cifra en unas 3.000 las personas de origen británico que residen en este punto del Mediterráneo, a pocos kilómetros de Benidorm, meca del turismo inglés. "Tenemos un 80% de jubilados y un 20% que trabaja en la región", detalla, La concejala se ha sorprendido estos meses no del efecto del Brexit sino del azote del coronavirus, incluso en un colectivo que parece solvente: "Se han visto peticiones de ayudas sociales de británicos", confiesa desde el consistorio.

    Lo corrobora Samantha Walde: "Es que no todos vivimos con una pensión". Esta joven de 35 años llegó a Lloret del Mar con 20 y se empleó en todo tipo de oficios. Ahora atiende desde British Food Import, una tienda de productos británicos. "Esto está muerto. Aquí se vive del turismo y está vacío", enfatiza quien ya tiene dos niños españoles y se ha integrado "perfectamente", sin quejas por el trato. "Era una guiri más, pero siempre he estado muy a gusto", subraya quien lamenta el descenso de actividad y atañe al Brexit una incertidumbre añadida a la pandemia.

    "Hay mucho lío por el tema de documentos y de importación. Aquí llevamos todo enero sin recibir nada. Y no sabemos qué pasará. Supongo que subirá el precio, pero depende de los aranceles y la divisa", arguye.

    En Sweet Home Lliria, una tienda del interior de Valencia, sostienen lo mismo. Maggie, su dueña desde hace un lustro, no tiene información sobre proveedores ni plazos. "No nos dicen si habrá que pagar el IVA aquí o allí, si va a repercutir en el tiempo de llegada o si alterará el importe", responde esta polaca que lleva 21 años en España y cuya supervivencia ha sido la venta de comida internacional: "La clave, en mi caso, ha sido mezclar. Porque los británicos son muy tradicionales y querían sus salchichas o beicon, pero muchos tenían miedo y se han ido".

    Al Brexit se le ha sumado el virus. La epidemia sanitaria, con gran impacto en los primeros meses del año en España, expulsó a los residentes. Y cerró locales o detuvo las vacaciones. También paralizó otro de los negocios relacionados con esta comunidad de extranjeros: la compra-venta de pisos. Las inmobiliarias de zonas con gran concentración de extranjeros han notado el desplome, aunque no lo pueden achacar a la geopolítica.

    "La caída ha sido por el virus. Nosotros, con diversos perfiles de cliente, no podemos saber si la bajada ha sido de una nacionalidad exactamente. Sí podemos decir que el británico de avanzada edad ha frenado la compra, a la espera de ver qué ocurre", comentan desde Spain Homes, con oficina en Andalucía.

    ​No hay datos claros sobre si el Brexit es la culpable, explica Rinus van Vliet. Holandés radicado en Alicante desde 1999, el agente y consultor inmobiliario de Houses in Spain acusa al COVID-19 del desastre. "Hay gente nerviosa por ver cómo avanza la separación de Europa, pero más por ver cómo tira la enfermedad. También está clara una cosa: independientemente del virus o del acuerdo con el continente, los británicos quieren vivir aquí", indica.

    Jordi Giner Monfort, profesor de Sociología en la Universidad de Alicante especializado en Reino Unido, señala esta preferencia. "La relación se remonta al siglo XIX, pero a partir del 2000 empieza a ser más habitual", analiza. "Ahora son casi 300.000 habitantes, aunque haya 250.000 censados y otros 50.000 estacionales. Gran parte del colectivo, un 45%, supera los 55 años. Son gente que tiene una pensión y puede vivir bien. La mayoría se reparte en la costa mediterránea, aunque hay jóvenes que trabajan y viven en ciudades como Madrid, Valencia o Barcelona", analiza.

    ​Responde a una población con nivel de renta media-alta, concreta Giner, aunque hay "una parte importante" con pensiones de jubilación bajas. "Hasta el Brexit, la intención de volver a Reino Unido era más común. Ahora, cada vez hay más gente que no quiere volver, que desea quedarse en España. Incluso con la indecisión de lo que representa. En 2021 no les va a afectar todavía a lo más básico, como la cobertura sanitaria o el transporte", explica el sociólogo.

    "Son personas acostumbradas a viajar, que aprovechan lo mejor de cada país, como los ingresos de uno y el clima del otro, y les va a ser más difícil moverse", agrega. "Es una situación de inseguridad que no se sabe cómo va a desembocar. Han planeado sus últimos años de forma estable y se les descoloca", sentencia Giner, señalando el desasosiego de algunos de los brexpats cuya comodidad han visto trastocada: "De repente, dudan de si van a tener que ir o pueden optar a prestaciones como la de la vivienda".

    Etiquetas:
    viaje, sanidad, regreso, Brexit, residencia, playa, costas, España, Reino Unido
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