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    La facturación anual de esta bebida espumosa aguanta el desplome económico, a pesar de la pandemia y el cierre de bares o restaurantes.

    Nada está al margen de una pandemia mundial como la que se está sufriendo a lo largo de 2020. Con diferentes medidas adoptadas por cada país, la economía se ha resentido en todos los sectores. Además de las consecuencias sanitarias, el coronavirus ha propiciado un desplome económico. En España, la deuda pública se ha disparado y la recuperación no se avista hasta 2023. Sin embargo, pese a las oscuras predicciones, hay un sector que ha resistido: el cava.

    Su cierre anual no ha sido como se esperaba. Se calculaba que el importe total de ganancias sufriría una caída del 40%. Pero el fin de año ha reducido el descenso a un 10% de los 1.200 millones que supone. ¿La clave? La exportación a diferentes puntos del globo y la compra online. Con la entrada de las Navidades, el panorama es incluso esperanzador, según los datos de la Asociación de Elaboradores de Cava (Aecava, que representa el 90% de los ingresos del sector) adelantados por la agencia Reuters.

    Los envíos de cava, principalmente realizados desde Cataluña en el noreste del país, disminuyeron un 10,5% entre enero y septiembre con respecto al mismo periodo del año anterior. En el consumo doméstico fue de hasta el 13%, mientras que en el exterior fue solo del 7%. Tal y como recoge Reuters, las previsiones apuntaban a unas ventas de entre un 25% y un 40% menores durante 2020. Se comparaban con los 250 millones de botellas expedidas en 2019, el segundo año mejor de la historia del cava.

    "Cualquier caída no es lo que uno busca, quiere, pero teniendo en cuenta el contexto hasta diría que el resultado es bastante bueno", ha expresado Javier Pagés, presidente del Consejo Regulador del Cava.

    Pagés espera que los números mejoren durante la temporada festiva, tradicionalmente el mejor período para la venta de cava, aunque este año se vea afectado por un límite de personas en las reuniones familiares y con la mayoría de las fiestas de empresa canceladas. Además, Damià Deàs, presidente de Aecava y gestor de la marca Vilarnau, ha tachado de "terrible" el año, pero ha confirmado ese aguante: "Nos habíamos preparado para lo peor, pero dentro de lo malo podemos decir que nuestro sector ha podido resistir hasta ahora mejor de lo que pensábamos gracias a las exportaciones". Estas suponían en 2019 un 67,5% de los ingresos totales, unos 165 millones de botellas.

    "2021 será un año para estabilizar el barco y a partir de 2022 comenzamos a plantearnos crecimiento, más expansión y más inversión", ha añadido Deàs, matizando que una cuarta parte de los más de 200 productores de cava en España todavía tienen personal acogido a suspensiones de regulación de empleo temporal o ERTE y que los que no exportan han padecido mucho más la crisis.

    Ya antes del coronavirus, el gremio se había enfrentado a la compra de empresas por grandes grupos o a la competencia con el champán francés o el prosecco italiano. Con el COVID-19, además, se le unieron las restricciones de movimiento o la limitación de aforos. Eso afectó a otra parcela del sector: las visitas a bodegas o el turismo enológico. Una "tormenta perfecta" en boca de Deas, que se ha complementado con el cierre total de la hostelería en algunas provincias españolas y los problemas para desarrollar con normalidad la vendimia.

    Gemma Torelló, abogada y administrativa de Agustí Torelló Mata, bodega referente para las empresas familiares de cava, ampliaba las pérdidas en un artículo de El Independiente: "Creo que el descenso respecto al año pasado oscilará entre el 25 % y el 30%", sostenía. La empresaria lamentaba el cerco a la hostelería y el control en reuniones o fiestas, pero resaltaba que "la gente ha aprendido a beber en casa". También subrayaba el interés del mercado escandinavo por el producto español: "Allí los estados tienen el monopolio del alcohol y han comprado cantidades importantes a buen precio", explicaba Torelló.

    Durante todo el año, los afectados del gremio han solicitado ayudas al Gobierno para paliar los efectos de la epidemia. El ministro de Agricultura, Luis Planas, se reunió en noviembre con el pleno del Consejo Regulador del Cava y se acercó a las cavas de Freixenet y Codorníu. Pedro Ferrer, vicepresidente y consejero delegado del Grupo Freixenet, calificó el encuentro de "fructífero y muy constructivo". En junio, el Consejo de Ministros aprobó un "paquete de medidas extraordinarias para el sector del vino" por valor de 90,5 millones de euros.

    “Recoge destilación de crisis, ayudas al almacenamiento privado y cosecha en verde. Su objetivo es paliar la difícil situación que atraviesa el sector por causa de la COVID-19”, anunciaron en el decreto.

    Para Pagés, tal y como afirmaba en un reportaje de El Mundo, "el cava es un producto muy social y, a pesar de los problemas que ha originado la pandemia, estamos convencidos de que estará presente de nuevo, como siempre, en los momentos más especiales de nuestras celebraciones, como ahora la Navidad, a pesar de las restricciones que se producirán en los hogares y en la hostelería". "Estamos convencidos de que el cava va jugar su rol habitual", apostillaba.

    ​La versatilidad del cava, válido tanto en reuniones sociales como en familia y no solo amoldable a un tipo de local, hará la magia en los festejos y en el año nuevo, según Pages. Impresión contraria a la de Torelló. "Si alguien no puede comprar un abrigo en marzo, lo comprará en octubre. Pero el cava que no tomó durante confinamiento no lo compensará en diciembre. Por muy buena que sea la campaña de Navidad no venderemos lo de cuatro meses", expresaba, animando no obstante a darle la espalda al pesimismo y brindar por la resistencia del espumoso.

    Etiquetas:
    pandemia de coronavirus, España, Navidad, exportaciones, ingresos, ingreso, factura, uvas, cava
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