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    El 20 de noviembre de 1975 falleció el dictador. Hasta 45 años después, la fecha era un motivo de celebración y peregrinación a su tumba de los seguidores. En esta ocasión, todo se ha visto reducido por culpa de la pandemia y el cambio de sepulcro.

    "De vez en cuando piden —bueno, preguntan— si no hay ningún rótulo", comenta una guía turística del Valle de los Caídos. Esta basílica situada en El Escorial, al noroeste de Madrid, acogía la tumba de Francisco Franco, antiguo jefe de Estado español. Hasta el año pasado. El 24 de octubre de 2019 se retiraron sus huesos y se trasladaron al panteón familiar, en el cementerio de Mingorrubio, en El Pardo (pueblo pegado a la ciudad). Una decisión instigada por el Partido Socialista que se topó con feroces críticas de los seguidores del Caudillo y de partidos de la oposición como el PP, Vox y Ciudadanos.

    Y ahora, unas baldosas "mondas lirondas", en palabras de la guía, suplen el sepulcro. Por eso preguntan si no se colocará una señalización. Los huesos de Franco yacían frente al altar, en la cara opuesta de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange y fallecido en 1936, al inicio de la Guerra Civil. Ambos lo hicieron un 20 de noviembre. En el caso del dictador, de 1975. Fecha que ha servido hasta la actualidad de celebración para sus fanáticos, que incluso peregrinaban a este rincón de la sierra madrileña a rendirle homenaje.

    En 2020, 45 años después, los festejos se han diluido. El descenso no solo ha sido provocado por el cambio de ubicación. También ha influido la pandemia de coronavirus, que ha impuesto unas restricciones especiales de horarios y aforo. "Franco tira mucho, pero en esta convocatoria hay que contar con cierta separación y con los impedimentos por el COVID", afirma José Luis Corral, de Movimiento Católico Español. Este colectivo formado en 1982 por "gente patriota, franquista y carlista" organiza cada 20-N una visita al Valle.

    "Vamos a la misa y rezamos por nuestros caídos, por José Antonio y por el Generalísimo. El año pasado aún se unió mucha gente porque querían ver cómo había quedado la tumba. La basílica se llenó. Pero este se notará, porque no pueden venir ni los grupos extranjeros ni los de provincias", justifica a Sputnik.

    La basílica, que domina el valle de Cuelgamuros y es visible desde kilómetros de distancia, acoge cada mañana una oración. Según la guía, que prefiere no dar su nombre y habla "con mucho cuidado", suelen acudir unas 40 personas. Feligreses del pueblo o de otras localidades a los que en fines de semana o actos especiales se les unen unos cuantos más. "Aquí se acercan de todos los sitios, pero los sábados y domingos se juntan los que no pueden venir otro día. Este año el máximo es de 200 personas. Y, de todas formas, desde que se llevaron al General viene mucha menos gente", expone.

    Patio del Valle de los Caídos, en Madrid
    © Sputnik / Alberto García Palomo
    Patio del Valle de los Caídos, en Madrid

    Tal y como ilustra esta empleada de Patrimonio Nacional, hay quien deja una flor sobre el trozo de suelo donde reposaba el dictador. Como las que aún decoran la tumba de Primo de Rivera. "Pero el antiguo sacristán, muerto de resultas del COVID, siempre decía, con muy buen criterio, que las quitáramos, que no pintaban nada", arguye antes de asegurar que la ceremonia de cada 20-N no tenía una dedicación especial. "Si acaso, se hará mención al padre del fraile que la oficia, que murió esta semana", cavila. No obstante, el prior de la abadía, Santiago Cantera, acudió a las concentraciones de protesta por la exhumación y mantuvo una disputa con el Gobierno

    A pesar de esa supuesta neutralidad, muchos de los asistentes aprovechan los salmos para pensar en el dictador, según Corral, que enumera las 20 citas preparadas para estas jornadas. "Tenemos la peregrinación al Valle de los Caídos el 20, el 21 una misa por Franco y José Antonio y el 22 la concentración en la plaza de Oriente", anota, lamentando que muchos habituales se hayan distanciado y que la Ley de Memoria Histórica entorpezca los fastos.

    Según el artículo 16 del boletín, firmado en diciembre de 2007, "el Valle de los Caídos se regirá estrictamente por las normas aplicables con carácter general a los lugares de culto y a los cementerios públicos" y "en ningún lugar del recinto podrán llevarse a cabo actos de naturaleza política ni exaltadores de la Guerra Civil, de sus protagonistas, o del franquismo".

    También indica la ley que "la fundación gestora del Valle de los Caídos incluirá entre sus objetivos honrar y rehabilitar la memoria de todas las personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil de 1936-1939 y de la represión política que la siguió con objeto de profundizar en el conocimiento de este período histórico y de los valores constitucionales. Asimismo, fomentará las aspiraciones de reconciliación y convivencia que hay en nuestra sociedad".

    En el santuario, sin embargo, no hay ninguna marca de esa represión. Nada muestra que aquí se enterró a víctimas de la Guerra Civil y a trabajadores forzados, reclusos del bando republicano. "Bueno, se lo explicamos al visitante quienes estamos aquí o los guías privados con los que vienen. O, si son extranjeros, tiene un libro donde lo pone", excusa la encargada de enseñar el antiguo mausoleo del dictador.

    Se calcula que hay unos 34.000 cuerpos en los osarios emplazados detrás de la capilla. Pertenecen a militares de ambos lados de la contienda o a civiles. No hay ninguna mujer y casi todos se introdujeron en 1959, año de la inauguración. Aunque los datos son difíciles de confirmar: no existe un fichero y muchos llegaban en condiciones deplorables. La guía reseña que se contaban por cráneos, porque los huesos estaban mezclados (la mayoría procedía de fosas comunes) y muchas veces no se podían identificar. El proyecto de reconvertirlo en un centro que rememorase lo sucedido y de trasladar también los restos de José Antonio Primo de Rivera se quedaron en suspenso.

    "Como es un punto obligado de Madrid, hemos aprovechado para verlo", confiesan cuatro chicos de Alicante en el patio exterior. Se han pasado sin ningún motivo más que el de curiosear. Igual que una pareja que aprovecha para pasear por el bosque circundante o una familia que descansa en el granito, bajo un imprevisto sol de otoño.

    ​Hay un goteo lento de visitantes. Atraídos más por el entorno que por el monumento religioso. Igual que en Mingorrubio, camposanto donde se trasladó el cuerpo de Franco. Reina la calma, aunque el túmulo sea un espacio de admiración. Al contrario que en la iglesia de El Escorial, en el panteón del Caudillo resaltan las banderas rojigualdas, los mensajes de amor y las plegarias por el difunto. Algunas están enmarcadas, como el "credo del legionario" o la dedicada a los "santos y mártires de España y de la cruzada".

    • Detalle del panteón de Francisco Franco en el cementerio de Mingorrubio (Madrid)
      Detalle del panteón de Francisco Franco en el cementerio de Mingorrubio (Madrid)
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Panteón de Francisco Franco en Mingorrubio (Madrid)
      Panteón de Francisco Franco en Mingorrubio (Madrid)
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Tumba del dictador dominicano Leónidas Trujillo en Mingorrubio (Madrid)
      Tumba del dictador dominicano Leónidas Trujillo en Mingorrubio (Madrid)
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Tumba de Carrero Blanco en el cementerio de Mingorrubio (Madrid)
      Tumba de Carrero Blanco en el cementerio de Mingorrubio (Madrid)
      © Sputnik / Alberto García Palomo
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    © Sputnik / Alberto García Palomo
    Detalle del panteón de Francisco Franco en el cementerio de Mingorrubio (Madrid)

    Un joven se acerca y reza en silencio frente al muro plagado de ramos. Otro mira con curiosidad. "Solo vengo a ver las tumbas de los famosos", se excusa. Aparte de Franco, en este cementerio reposan personalidades del Régimen, como los expresidentes Luis Carrero Blanco y Carlos Arias Navarro, o sátrapas como el dominicano Rafael Leónidas Trujillo.  "Aquí no suele haber nadie", espeta el único responsable del lugar: "Alguno pasa por curiosidad, pero generalmente esto es muy tranquilo".

    En El Pardo, localidad de la que es parte, pocos prestan atención a sus ilustres momias. Juan, un jubilado de 75 años, indica que camina tres o cuatro veces por aquí a la semana y no ha notado un cambio significativo. Mientras, grupos de ciclistas apuran una cerveza en la plaza principal: antes se llamaba Plaza del Caudillo, tal y como señala la dueña del bar La Pepenúltima. "Unos cuantos entran por las banderas y la placa, pero no hay mucho movimiento", alega desde una barra atrincherada por taburetes.

    "Franco no ha aportado nada al pueblo", sentencia uno de los responsables del restaurante La Plaza. "Pensábamos que iba a traer más gente, pero qué va", lamenta este veterano del lugar. Cierto que el año, comenta, ha sido muy "anormal". "Con el coronavirus y las medidas sanitarias hemos tenido mucha gente de la Comunidad de Madrid que venía el fin de semana, pero no eran los admiradores".

    Cartel de la Plaza del Caudillo en un bar de El Pardo (Madrid)
    © Sputnik / Alberto García Palomo
    Cartel de la Plaza del Caudillo en un bar de El Pardo (Madrid)

    La Fundación Nacional Francisco Franco coincide. "Nosotros solo convocamos una misa para el 20-N y este año habrá que extremar las precauciones", aseguran desde la oficina de comunicación de esta entidad. Desde la Abadía del Valle de los Caídos y la Conferencia Episcopal no responden a quién realiza la homilía. Pero la lista emitida por la fundación suma los mismos 20 lugares de culto que envían desde el Movimiento Católico Español. Son los sitios donde se celebrará "un funeral solemne" para reparar, 45 años después y bajo mínimos, la "profanación" del traslado y el legado del Caudillo.

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