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    El toque de queda y el pseudo confinamiento repuntan el negocio de la comida a domicilio y los 'riders' aspiran a dejar de ser el eslabón más débil del nuevo negocio de la hostelería. El cooperativismo de mensajeros emerge con fuerza rivalizando con las grandes plataformas internacionales.

    España desciende al hoyo de algo muy parecido al confinamiento que ya vivimos en primavera, aunque esta vez, hay mucha más precaución por mantener el pulso económico. El ministro Salvador Illa afirmaba en Telemadrid que creía que las medidas drásticas adoptadas no llegan tarde, "estoy seguro de que evitaremos un segundo confinamiento domiciliario".

    Pero lo que parece seguro es que volvemos a la vida interior, a evitar las terrazas y los restaurantes para descolgar el teléfono y traer el aroma de ocio a casa. La hostelería sobrevivirá sí o sí, apoyándose en el delivery. En este contexto, los riders vuelven a aparecer en esta etapa como servidores esenciales.

    "Solo con las medidas que se han adoptado en Cataluña, en las últimas semanas hemos aumentado un 30% nuestro volumen de trabajo", nos cuenta Badr Eddine, más conocido como Naruto, de la Asociación Autónoma de Riders (AAR). Los riders emergen como algo más que una profesión temporal.

    "Esto ya no es un mero puesto precario o estacional, nuestra experiencia es que un rider tiene futuro de muchas maneras", explica otro caso de prosperidad en este ámbito, Pablo Mohedano, de la cooperativa Givit.

    Según el último estudio sobre 'Plataformas Food Delivery', de la app financiera Fintonic, el delivery ha aumenta este año un 225% y Glovo y Just Eat copan más del 70% de esta ingente actividad. Pero las cosas están cambiando.

    A las gigantes le crecen los enanos

    A finales de septiembre el Tribunal Supremo de Madrid decretó que los riders son falsos autónomos. Este tipo de sentencias han ido poniendo fin al vacío legal que permitió a Glovo, Just Eat o Uber Eats una rápida expansión en el servicio.

    La Justicia confirmó que empresas como Glovo no eran "una mera intermediaria en la contratación de servicios entre comercios y repartidores". La ministra del ramo, Yolanda Díaz, se alineaba con esta decisión, "una persona que va en bicicleta no es un emprendedor, es un simple trabajador".

    La decisión de la justicia ha cambiado el escenario. Las grandes empresas tienen menos margen de imposición y, poco a poco, se airea la bruma de precariedad que acompañaba a los riders por todas las calles de España. Y eso, se consigue con la aparición de nuevos actores.

    Los riders son en su gran mayoría autónomos, trabajadores individuales que, a lomos de su bici o moto, sirven a las plataformas del delivery. Pero el escenario está cambiando merced a las nuevas asociaciones y cooperativas y Andalucía es, de largo, el mejor ejemplo de ello.

    La meca de la economía social y colaborativa

    Las sociedades mercantiles tienen un competidor emergente: las cooperativas, una alternativa que se define como más justa. España es el noveno país del mundo con más empleados en la economía social y solidaria: 2,2 millones de empleos se generan en este sector, un 12,5% del total.

    Con esta cifra, la nación está por encima de la media europea y Andalucía tiene gran culpa. Según las estadísticas estatales es con diferencia la primera comunidad, solo en 2019 se crearon 468 cooperativas, muy lejos de las 217 de Cataluña o 102 de Madrid.

    Gran parte de esta proliferación de la economía colaborativa se debe a la legislación andaluza, "nuestra regulación es una de las más pioneras y vanguardistas a nivel europeo", analiza Gabriel Sánchez, abogado de la Federación Andaluza de Empresas Cooperativas de Trabajo (Faecta).

    En España la Ley de Cooperativas del Estado es de 1999 y viene a delegar las competencias en las comunidades, "lo malo es que crea un espectro tan variado que crea cooperativistas de 1ª y 2ª división", lamenta Sánchez.

    ¿Por qué una cooperativa?

    Gabriel Sánchez recuerda a este medio que la ONU ha señalado el papel esencial de la economía colaborativa para salir de esta crisis, "no obstante, por ejemplo, a nivel europeo aún queda mucho por hacer".

    Las cooperativas se oponen al modelo de las empresas tradicionales.

    "Al contrario que en una entidad mercantil, donde un socio que tiene el 51% de las acciones impone su criterio al resto, en una cooperativa cada socio es un voto", sintetiza Sánchez, además "el reparto de beneficios se hace en función del trabajo y la actividad, no en función del capital previo".

    A priori, debería funcionar como un sistema más democrático y justo.

    Entendiendo las necesidades de los riders para articularse y poder ofrecer servicios, el cooperativismo emerge como una fórmula óptima.

    "Una de nuestras prioridades era mejorar las condiciones salariales y de estabilidad, así que decidimos crear nuestro propio sello", cuenta Pablo Mohedano. GIVIT empezó en Granada con 31 socios y desde abril, ha llegado a los actuales 150 integrantes. "No nos engañemos, si queremos competir tenemos que poder contar con una buena cartera de clientes que nos permita escalar nuestra actividad y ser rentables y eficientes, nosotros contamos con los repartos de Burger King y KFC".

    Un nuevo modelo de relación

    En Sevilla encontramos otro ejemplo de este nuevo espíritu, "combinamos derechos laborales y apoyo al comercio de barrio". A raíz del confinamiento surgió en el centro de la capital andaluza una iniciativa de 4 amigos llamada Deli Deli.

    "Básicamente queríamos ser diferentes a las otras plataformas, queríamos huir del modelo de cobrar por pedido, que al final, conduce a la precariedad", explica a Sputnik Kevin Whalen, uno de los promotores de este nuevo sistema.

    "Los repartidores queremos certezas, queremos saber cuántas horas trabajaremos y cuánto ganaremos y por otro lado, damos un servicio diferente al cliente", apunta Kevin, refiriéndose tanto a hosteleros como a clientes. "Trabajamos con restaurantes, no con cocinas que solo sacan comida para repartir, estos establecimientos quieren tener control del reparto y se aseguran el buen vínculo con su clientela". 

    Deli Deli ofrece menores comisiones a los establecimientos. "Contemplamos trabajar con las grandes plataformas, pero te cobraban entre 25-30% de comisión, más 2 euros por pedido y Glovo nos pedía además una mensualidad de 100 euros, no tenía sentido", explica Camila Gonçalves, del restaurante Condendê, que ha optado por trabajar con la cooperativa.

    Camila destaca que este modelo les permite una relación de cercanía más inmediata, "cuando surge un problema con un pedido todo se soluciona con una llamada o cara a cara". Deli Deli es un ecosistema entre 4 riders y un grupo de restaurantes que ofrecen el mismo servicio, pero con más estabilidad laboral y con más cercanía entre clientes y hosteleros,

    Un futuro emergente

    No obstante, aún queda mucho camino de progreso en el cooperativismo.

    "Son entidades poco prácticas. Como autónomo, facturo actualmente más de 2.000 euros mes trabajando con las grandes plataformas, con una cooperativa no ganaría más de 900", calcula Badr Edinne, que comparte con este periodista las facturas de sus servicios.

    Badr explica que el know-how de las plataformas, la capacidad tecnológica y la organización están a años luz y son los verdaderos ingredientes de las ganancias económicas. "El camino es ser autónomos, yo soy pro-autónomo, no es que sea pro-plataformas", explica este rider que, de hecho, tumbó a Glovo en un recurso judicial que le reconocía como falso autónomo. "Las plataformas han mejorado mucho su relación con nosotros en los últimos años, no creo que el modelo pase por buscar alternativas, sino por apoyarse en las plataformas para tener un buen trabajo".

    No obstante, desde el cooperativismo miran al futuro, "estamos en un punto de maduración importante, hay muchas personas en este tipo de tejidos", nos dice Gabriel Sánchez.

    Aunque aún las cooperativas no dejan de ser pigmeos ante multinacionales como Uber o Glovo, se está avanzando: "El paso que estamos empezando a vivir es esperanzador, las cooperativas  se están articulando en red, es el nuevo estadío, el cooperativismo de plataformas, el 5.0, que es lo que permitirá salvar las distancias tecnológicas".

    De nuevo, la pelota está en la mesa de la clientela. El usuario podrá decidir optar por grandes plataformas o por cooperativas.

    "Ninguna cooperativa puede competir en tiempo y eficacia", opina Badr Eddine, no obstante, "los clientes deben saber que con su ticket pueden comprar la cena, pero también apoyar principios y valores", promete Kevin Whalen. 
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