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    En el décimo aniversario desde que la Unesco lo reconociera como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, este arte se mantiene a flote duramente, machacado por la pandemia.

    "Que se celebre la tercera convocatoria ya significa una cierta consolidación", anunciaba Aurelio Solana el 13 de noviembre en el Teatro Real de Madrid. Daba paso con esta introducción a El Yiyo, joven estrella del baile que inauguraba el festival Flamenco Real. Enfrente de unas 130 personas, en sillas separadas bajo una bóveda de luces como cielo estrellado, el taconeo de este artista sonó al relevo de maestros como Joaquín Cortés, Antonio Canales o Farruquito y a un mensaje de alivio: esta expresión cultural española aún respira.

    A pesar de la pandemia, que ha cerrado la mayoría de los tablaos, escuelas o lugares donde se podía desarrollar este arte, el flamenco mantiene la esperanza en citas públicas. Los festivales se han convertido en su salvavidas justo cuando cumple 10 años desde que la Unesco lo consideró Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. El 16 de noviembre de 2010 se incluía en esta lista internacional y marcaba una fecha para conmemorar. Este día de 2020, sin embargo, los festejos se han reducido casi a lo virtual.

    Las redes han reivindicado al flamenco en medio de una crisis sanitaria, económica y cultural sin precedentes. Mientras, los artistas y empresarios del sector se acogen a las actuaciones puntuales que todavía no se han cancelado. "Estábamos en el mejor momento, pero esto nos ha puesto en una situación especialmente compleja. Y solo con esperanza hemos podido sacarlo adelante", indica Solana, productor del gremio y responsable del Flamenco Real, enumerando los obstáculos: menos aforo, menos sesiones y un horario adaptado al toque de queda.

    "No lo estamos haciendo solo por el dinero, aunque sea nuestra fuente de ingresos como empresarios. También por todo el sector", defiende Solana, de 55 años y con varias décadas de experiencia en estas tareas. Afirma que su suerte es tener espectáculos a los que acude un público mayoritariamente español: "El 90% es de aquí, al contrario que en los tablaos". Esa ha sido una de las razones para que estos espacios naufragaran.

    Su oferta, generalmente compaginada con la hostelería, tenía un cliente extranjero. Por lo que su asedio era múltiple: problemas como bar, como sitio de música y como nicho turístico.

    El duende —ese término lorquiano que representa al impulso artístico del flamenco, al exorcismo de las musas— se ha trasladado a las programaciones estatales. Anida en los festivales cubiertos con fondos públicos. Y espera salvarse hasta que todo vuelva a su cauce.

    "El flamenco ha estado siempre muy denostado. Falta cultura y educación. Porque antes del coronavirus ya había muchas dificultades para organizar nada", atestigua Javier Serrano, director del Festival Flamenco Mediterráneo Alicante, que estos días celebra su cuarta edición.

    Serrano cree que hay un "menosprecio" a este arte, pero que no se amilana. "Echamos lo que sea necesario para que tanto los artistas como los que disfrutan del flamenco no se queden sin él", apunta. Desde Murcia, también en la costa Mediterránea, Mariano Escudero dice lo mismo: "Con este asunto de la pandemia todo está muy parado. Pero con la peña y las instituciones no queremos que se desvanezca".

    ​​"Habrá que controlar la temperatura, poner distancia o desinfectar, pero los espectáculos no van a parar", esgrime optimista quien está detrás del Festival de Cante Flamenco de Lo Ferro, una localidad de la región. Lo montaron un grupo de amigos hace 41 años y por él han pasado leyendas como Juanito Valderrama, Dolores Abril, Chano Lobato o El Pele. En la preparación de este último ha notado una mayor disposición de los artistas: muchos se agarran a cualquier posibilidad de trabajo. Otros han tenido que buscar otra tarea para ganarse la vida.

    "Vivimos una época en que los flamencos están hibernando. Pero es que los flamencos no son osos, y necesitan comer, beber, así que hay que hacer lo que sea para alimentarles", señala.

    Una cita fundamental en todo este circuito de festivales es la Suma Flamenca de Madrid. Este diciembre será su año número 15. Estará dedicado a Enrique Morente, con la presencia de sus hijas, Soleá y Estrella, su hijo, Kiki, y discípulos como Arcángel o Rocío Márquez. El programa estaba cerrado antes de que estallara la epidemia, pero hasta el último instante anda en vilo. "La situación de la ciudad ha ido cambiando y hemos estado pendientes todo el rato de qué ocurría sanitariamente y qué medidas se tomaban", confiesa Antonio Benamargo, su responsable: "Este año hay que tener en cuenta a los estamentos públicos, sus ayudas y financiación. Son fundamentales porque lo privado está en un momento crítico".

    El décimo aniversario de su reconocimiento por la Unesco viene marcado por un largo quejío. Ya exhaló un grito de lamento en 2005, cuando fue excluido de la lista. Hasta que en 2010 se arregló ese "oprobio". Francisco Perujo, que era director de la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco en 2009, recordaba en una entrevista con Efe que se luchó mucho. La imagen pendenciera y bohemia de los flamencos no ayudaba, aunque se consiguiera finalmente.

    Fue una noticia "grandiosa", calificaba Paco Cepero a la misma agencia. "Lo que me duele es que cada vez se nos tenga menos consideración. Hay artistas que lo están pasando muy mal, pasando hambre. No soy político, pero me hierve la sangre. El flamenco es una marca que se vende en el mundo entero y ¿dónde están las ayudas?", protestaba el guitarrista, con más de 60 años de trayectoria.

    "Me gustaría que esto no se quede en una efeméride. Luchamos mucho para que se considerara al flamenco Patrimonio de la Humanidad. No se puede quedar sólo en palabras", insistía.

    Perujo enfatizaba esta misma idea: "El flamenco necesita nuevos públicos y eso hace falta trabajarlo desde la base. Lo que no se conoce, no se ama", argumentaba. "No ha habido un momento histórico con tantos artistas, tan bien formados y con tanto talento como ahora. No hay grandes estrellas que marquen una época, como La Niña de los Peines o Camarón de la Isla, pero hay una generación con una formación enorme", añadía.

    Coordinador del Máster en Investigación y Análisis del Flamenco, el primer posgrado oficial universitario del mundo centrado en este arte, Perujo extraña la proyección internacional: "El flamenco es un arte que puede zarandear las emociones de cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Es universal por su capacidad de impacto emocional. ¿Lo estamos aprovechando? Yo creo que no", sentenciaba.

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    supervivencia, pandemia de coronavirus, cultura, España, Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco, patrimonio, bailes, flamenco
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