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    España de nuevo en estado de alarma (99)
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    BARCELONA (Sputnik) — Por varias noches consecutivas, ciudades de toda España se convirtieron en el escenario de una ola de vandalismo y protestas pese al toque de queda decretado por el Gobierno de Pedro Sánchez que impide a los ciudadanos salir de casa en horario nocturno.

    Madrid, Barcelona, Logroño, Málaga o Santander son algunos de los lugares donde grupos radicales vinculados a diversas corrientes ideológicas protagonizaron graves destrozos de mobiliario público y enfrentamientos con la Policía.

    "Solo desde la responsabilidad, la unidad y el sacrificio lograremos vencer a la pandemia que asola a todos los países. La conducta violenta e irracional de grupos minoritarios es intolerable. No es el camino", manifestaba el presidente Sánchez a través de las redes sociales sobre los altercados que ya acumulan en torno a un centenar de detenidos.

    Protestas sin ideología común

    Sin aparente conexión nacional ni una corriente ideológica en común, los cuerpos policiales españoles identificaron entre los participantes de las protestas a neonazis, antisistemas, afines a la extrema izquierda, negacionistas de la pandemia y conspiranoicos.

    Los primeros incidentes comenzaron en Sevilla el 28 de octubre, tres días después de que el Gobierno decretara un nuevo estado de alarma para contener la pandemia que incluía un toque de queda nocturno.

    Equipados con bengalas y gritando consignas contra la prohibición de estar en la calle, pocas decenas de manifestantes, en su mayoría jóvenes, quemaron contenedores y se encararon con los agentes que vigilaban la protesta.

    Unos hechos similares se repitieron al día siguiente en Bilbao, donde hubo seis detenidos en una concentración contra las restricciones, y posteriormente en Barcelona, donde los arrestados subieron a la docena.

    En los últimos días los altercados se multiplicaron por una veintena de ciudades de todo el país, con episodios destacados en Madrid, donde hubo más de una treintena de arrestos en la noche del 31 de octubre.

    En Barcelona, por ejemplo, la Policía de Cataluña alertó de la detección de ciertos grupos de extrema derecha y seguidores radicales del fútbol en los disturbios contra las restricciones del Gobierno catalán.

    No obstante, la Policía española sitúa en las protestas a personas de otras corrientes como la izquierda antisistema e incluso delincuentes que aprovechan el tumulto para delinquir, según publicó este 2 de noviembre el diario El País.

    Los políticos piden calma

    Además de la censura expresada por el presidente Sánchez, varios ministros del Gobierno, alcaldes y principales dirigentes de los partidos saltaron a las redes sociales para condenar los hechos de forma prácticamente unánime.

    "Vivimos meses de esfuerzo y no es momento de relajar medidas. Solo unidos venceremos al virus. La conducta de grupos minoritarios es inaceptable", dijo el ministro de Sanidad, Salvador Illa.

    Del conservador Partido Popular (PP), el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, censuró los "violentos" incidentes y llamó a los jóvenes a "cumplir pacíficamente" el toque de queda decretado en la capital.

    También se pronunció la alcaldesa de Barcelona, de la formación progresista Barcelona en Comú, tras los altercados en Barcelona.

    "La violencia nocturna en el centro de la ciudad no se puede permitir. Estamos en un momento complicado y lo que más necesitamos es cuidarnos y cooperar para mejorar la situación", dijo Ada Colau.

    El presidente del País Vasco y líder del Partido Nacionalista Vasco, Iñigo Urkullu, calificó los hechos de "absolutamente injustificables" y "terrorismo" en una entrevista con la radio regional.

    El único partido que trató de justificar las protestas fue la ultraderecha de Vox, cuyo dirigente Ignacio Garriga apuntó que se trata de "Españoles corrientes" que están "hasta las narices de ser encarcelados y condenados a la miseria".

    "Los llaman negacionistas. Son trabajadores en el paro, padres sin nómina para alimentar a sus hijos, autónomos que no tienen trabajo y que hoy han visto su cuota aumentada", afirmó el diputado de Vox a través de las redes sociales.

    El líder de la formación, Santiago Abascal, afirmó por su parte que "hay más motivos que nunca" para "protestar contra un Gobierno" que "arruina" a España y culpó de la violencia a la "extrema izquierda, menas [término para los menores extranjeros no acompañados] e infiltrados".

    No tardó en responder a estos mensajes el vicepresidente de España y líder de la formación progresista Podemos, Pablo Iglesias, quien acusó a la ultraderecha de "tirar la piedra y esconder la mano" y les situó detrás de los altercados.

    "No, señores de Vox: no es un conflicto, son actos violentos contra la convivencia, la salud y las fuerzas de seguridad, y no es España", afeó por su parte el portavoz de la formación liberal Ciudadanos, Edmundo Bal.

    La fatiga de la pandemia

    En declaraciones a los medios en una conferencia telemática este 2 de noviembre, el ministro de Sanidad español calificaba los incidentes que se siguen repitiendo en distintos puntos de España de "fatiga pandémica".

    Negacionistas, izquierda y derecha aparte, las protestas evidencian el cansancio entre la sociedad española en esta segunda ola del COVID-19, con nuevas restricciones que limitan la vida social y las relaciones que se habían recuperado tras el primer confinamiento.

    A falta de los datos del fin de semana, España volvió a batir un récord diario de contagios el pasado 30 de octubre, con más de 25.500 nuevos casos de COVID-19 que acercan a España a los 1,2 millones de positivos desde marzo.

    Sobre los españoles planea la amenaza de un escenario todavía más estricto, el del encierro en casa, aunque el Gobierno insiste en rechazar esta opción y confía que las medidas aplicadas de momento sean efectivas a la hora de reducir los contagios.

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