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    Al norte de la comunidad autónoma española, un instituto público selecciona y atesora el material genético de las diferentes especies del país.

    Pepe se acerca a su pesebre y engulle un fardo de alfalfa. Pepe —o, formalmente, José— es un toro charolés de más de 1.000 kilos que parece estar de retiro: se encuentra pastando solo, tranquilo, en uno de sus parques individuales del Centro de Selección y Reproducción Animal (Censyra) de Colmenar Viejo, al norte de la Comunidad de Madrid. Espera a que se le haga un análisis de su material genético. ¿Cómo? Extrayendo su semen y analizando su calidad según las técnicas acreditadas con las que cuenta el laboratorio. Así se podrá utilizar para —como indica el nombre de la institución— seleccionar y reproducir la raza. En este caso, el objetivo es cárnico. Lo resalta Sonsoles Zabala, la directora: "¡Fíjate en qué buena conformación!".

    Efectivamente, la charolesa es una raza bovina que, como la Blonda de Aquitania o la Limusín, son requeridas por su aptitud cárnica. Y de la mayor parte de razas se atesora material genético en este Banco Nacional de Germoplasma Animal, situado a las afueras de esta localidad madrileña de unos 50.000 habitantes. Lindando con la sierra noroeste y a 40 kilómetros de la ciudad, en esta superficie de unas 20 hectáreas se guarda el material genético de gran parte de las razas que se encuentran clasificadas en el Catálogo Oficial de Razas. "En total, 189. De ahí, 165 son autóctonas, y 140 son autóctonas en peligro de extinción", defiende Zabala, veterinaria de 46 años y responsable desde hace dos de la dirección del centro.

    Junto a ella, en una mañana que amanece nublada dentro de la urbe y de repente estalla en un haz de rayos de sol al llegar al campo, está Santiago Moreno. Director del Departamento de Producción Animal, de 61 años, este veterinario explica con su compañera las labores del recinto: "Nuestra tarea principal es de ayuda a la mejora genética, a la selección y reproducción de las ganaderías de la región, prestando la amplia cartera de servicios del Censyra, en apoyo a los Programas de Mejora y Conservación de las Asociaciones de Criadores de ganado puro, así como a los profesionales del sector”, adelanta en la biblioteca del centro.

    • Muestras de diferentes tipos de leche en el Censyra de Madrid
      Muestras de diferentes tipos de leche en el Censyra de Madrid
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Pepe, un ejemplar de raza charlonesa, en el Censyra de Madrid
      Pepe, un ejemplar de raza charlonesa, en el Censyra de Madrid
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Sala con microscopios en el Censyra de Madrid
      Sala con microscopios en el Censyra de Madrid
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Banco de semen y embriones en el Censyra de Madrid
      Banco de semen y embriones en el Censyra de Madrid
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Ejemplar de oveja Assaf en el Censyra de Madrid
      Ejemplar de oveja Assaf en el Censyra de Madrid
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Varios toros berrendos en el Censyra de Madrid
      Varios toros berrendos en el Censyra de Madrid
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Santiago Moreno muestra un ejemplar de vagina artificial en el Censyra de Madrid
      Santiago Moreno muestra un ejemplar de vagina artificial en el Censyra de Madrid
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Un ejemplar de toro berrendo registrado en el Censyra de Madrid
      Un ejemplar de toro berrendo registrado en el Censyra de Madrid
      © Sputnik / Alberto García Palomo
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    © Sputnik / Alberto García Palomo
    Muestras de diferentes tipos de leche en el Censyra de Madrid
    Aparte de parques como el de Pepe, en el inmueble hay tres laboratorios destinados al Control Lechero, la Reproducción Animal y el Análisis Genético. Y trabajan unas 15 o 20 personas: "Es muy variable", aducen. Entre ellas se reparten la valoración de dosis seminales, semen y fabricación de semen para inseminación artificial, el análisis de más de 80.000 muestras de leche anuales (valorando parámetros que servirán para seleccionar los mejores reproductores de aptitud lechera) y la realización de los test de exclusión de paternidad.

    Como introducción al invitado, Zabala distingue tres líneas principales de actuación. Una es la de producir dosis de semen para poner a disposición de ganaderos para utilizarse en inseminación artificial y dar la opción de seleccionar un tipo de raza. Además, el banco engrosa la despensa nacional de razas ganaderas que protegen y mejoran la biodiversidad. Y cuentan con una colección histórica de material genético para investigación y para que en un futuro no merme la biodiversidad. "Damos servicio individual o a asociaciones y cooperativas", expresan ambos responsables.

    ​Una vuelta por las instalaciones certifica sus descripciones. En un laboratorio, decenas de envases con leche pasan por una máquina que estudia su cantidad de grasa, proteína o lactosa, entre otros parámetros. Proceden de ganaderías de la Comunidad de Madrid, destacando razas como las vacas frisonas, de raza parda o de cabras murcianas y de Guadarrama. "El resultado se les da a los ganaderos y así pueden elegir la que les conviene o estudiar la alimentación", indican Zabala y Moreno, que puntualizan cómo los precios de los servicios son muy ajustados, "públicos", y recorren escuetamente la evolución del centro.

    "Depende del Imidra (Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario) y comenzó en los años setenta dentro del pueblo. Después se trasladó a este espacio y uno de sus edificios acoge la Subasta Nacional ganadera", comentan.

    La jornada arranca temprano y, aparte de las actividades científicas, se va llenando de citas con ganaderos o las visitas de estudiantes de veterinaria o ingeniería agrónoma. Lo habitual es que alguien del gremio quiera una muestra de una raza o lleve alguno de sus ejemplares. Aquí pasa una cuarentena, se le hace la extracción y el análisis. "Somos punteros en el laboratorio", sostiene Moreno, que enseña en otra habitación las vaginas artificiales donde se deposita el esperma o los bancos donde se conservan las pajuelas con semen.

    A 196 grados centígrados bajo cero, conservados con nitrógeno líquido, se acumulan más de 400 embriones y unas 315.000 pajuelas con el semen. Se distribuyen en muestras de 0,25 o de 0,50 mililitros y reposan en tanques especiales que al abrirse invaden el aire con una blanca nebulosa algodonada. Tienen un sistema autónomo de energía para no perder la temperatura ni apagarse. "No es peligroso y pueden resistir décadas dentro", señalan mientras apresan una de las pajuelas con unas pinzas y enumeran los datos que se imprimen en esta pequeña tira acristalada: fecha, número, raza, código de la raza.

    "El semen se valora y se diluye y se censa para que esté crioprotegido", añaden en otro laboratorio, con una sala de microscopios y ventanas por donde pasan directamente las muestras. En una cuadra continua se introduce a los animales para que salten y liberen el esperma. Ahora, por el COVID-19, también hace funciones de vestuario, con varias batas tendidas en un lateral. "Recogemos semen y sangre, se hace el filiado de paternidad y vemos los marcadores genéticos", insisten, "igual que hacemos con la leche, no solo para ver la calidad, sino para las mejoras genéticas".

    Mapa de España con distintas razas de oveja en un laboratorio del Censyra de Madrid
    © Sputnik / Alberto García Palomo
    Mapa de España con distintas razas de oveja en un laboratorio del Censyra de Madrid

    Saliendo al exterior, en estos momentos se contemplan ovejas de raza Assaf (originales de Israel) o rubias de El Molar, toros avileños o berrendos y a Pepe, el charolés. "No hacemos manipulación de razas, pero sí selección", cuenta Moreno, que habla de las mejoras para producción cárnica o lechera y dice que hay modas, como la wagyu bovina, de origen japonés y utilizada para las hamburguesas gourmet. También aprovecha el director de producción para repasar el estado de la biodiversidad del ganado.

    "¿Nos podemos permitir el lujo de perder razas?", cuestiona el responsable. "Muchas van desapareciendo porque no son rentables, pero, más allá de eso, tenemos que mirar por la diversidad. España es muy rica en fauna silvestre y de ganado. Atesoramos algo incalculable", expresa, refiriéndose también a los toros de lidia, que en el país mediterráneo se usan para una de sus tradiciones más conocidas internacionalmente y que no tienen otra alternativa. "Su extinción supondría un coste muy caro. Tanto socialmente, ya que es una raza que fija más población en el territorio rural y cuya explotación es más sostenible, por lo que su desaparición sería una barbaridad para las dehesas”, zanja.

    Sonsoles Zabala y Santiago Moreno hablan con pasión del centro donde se almacenan estos "recursos zoogenéticos" de cada raza bovina, ovina y caprina española: "Hacemos un duplicado de ellas. Y no solo sabemos las propiedades del semen de ese animal (concentración, motilidad, pH, anomalías…) y las mejoramos para ayudar a ganaderos, sino que se puede atajar su desaparición con esta copia de seguridad". Algo que proporciona diversidad de especies al país y contribuye —tal y como anotan desde el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación— a cumplir uno de los objetivos de la Agenda 2030 promulgada por la Organización de las Naciones Unidas: el de Hambre Cero. Basta con observar a Pepe y su ahínco a la hora de engullir pienso.

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    cabras, vacuna, vacas, ovejas, Madrid, España, genética, semen, animales, ganaderos
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