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    Con 'Qué locura enamorarme de ti', la autora cuenta un bache sufrido en su relación, formada por tres personas, tras el nacimiento de un hijo.

    Gabriela Wiener llama "maridos" tanto a Jaime Rodríguez como a Rocío Bardají, sus parejas. Con él lleva dos décadas. Con ella, desde 2014. Conviven en el mismo lugar junto a dos hijos —uno de cada una de ellas, de 13 y 4 años— compartiendo un "proyecto" relacional que se declara "no monógamo". De esta peculiar situación ha partido la escritora peruana (Lima, 1975) tanto para alguna de sus novelas, Sexografías, como para los artículos que publica en periódicos y revistas de distintos continentes.

    Una crisis después de que Bardají tuviera un hijo (en su boca es hije, con género neutro) se ha transformado en la obra de teatro Qué locura enamorarme yo de ti, de paso por Madrid después de estrenarse en diversas salas bajo la dirección de Mariana de Althaus. Wiener muestra los intestinos domésticos y trata el bache de la relación con una apuesta que combina humor, críticas veladas al peso de lo tradicional y anécdotas más o menos íntimas en primera persona. Antes de cada función, avisa: no es ni actriz ni cantante, aunque ejerza de ambas a lo largo de una hora y media.

    —¿Cómo explicas tu situación a los demás? ¿Cómo la defines? ¿Sientes que cada vez que lo cuentas la gente emite un juicio, como si tuviera que posicionarse en contra o a favor?

    —Me cuento como una persona que no tiene vínculos exclusivos, que se mueve en el espectro de la no monogamia y que tiene una relación bastante estable, de la que se ha generado una familia (no somos, tres, sino cinco) y compartimos economía, crianzas... Me veo así, como una comunidad de gente que se quiere y funciona junta. Que se sostiene. Ahora somos más numerosos, estamos menos aislados. Todas las familias de cada uno son, además, nuestras redes. Digamos que lo nuestro no está solo orientado a lo amoroso o lo sexoafectivo, sino por todas las cosas y seres que sostenemos, como nuestres hijes.

    Y claramente, con cuerpos migrantes incluidos, siempre estamos expuestos a que la gente hable de ti y te cuestione. Sobre todo desde los fascismos, quienes rechazan la diversidad. Pero si hablo de este horror en la obra, de que hay que posicionarse, te quita humanidad: no somos ni cifras, ni objetos, ni temas de discusión.

    —¿Qué es el poliamor y por qué hace falta explicarlo tanto?

    —El poliamor es un término que habla de la posibilidad de abrirse a más de un amor. Son relaciones románticas o sexoafectivas de más de dos personas. Entra dentro de una disidencia no relacional. Va en contra de esa imagen bíblica cerrada. La trasgrede. A algunos poliamorosos no les gusta el término, prefieren decir no monógamos.

    —¿Tiene ventajas o inconvenientes? ¿Existe un porcentaje amoroso diferente con la persona involucrada? ¿Es, como se piensa desde fuera y mencionas en la obra, una "orgía perpetua"?

    —Hay mucho prejuicio acerca de este tipo de relaciones, como que se vive en una permanente orgía o que es algo muy sexual. Y la verdad es que no. Es posible que en los inicios, como en cualquier tipo de relación (múltiple o no), se empiece de una manera más apasionada o más física. Pero después las cosas se colocan cuando te vas alejando del enamoramiento y vas construyendo algo.

    Aparte, hay un tipo de poliamor que es jerárquico, que establece unos vínculos principales o no. Yo no sigo eso para nada: tengo dos parejas y estamos más o menos en igualdad de condiciones. Convivimos los tres y si aparecieran otras personas, tendríamos que pensarlo. Pero, ahora mismo, somos lo que somos.

    La escritora peruana Gabriela Wiener junto a sus dos parejas
    © Foto : Cortesía de Gabriela Wiener
    La escritora peruana Gabriela Wiener junto a sus dos parejas

    —¿Tiene la misma rutina que una pareja normal? ¿Se producen los mismo roces o son peores al ser tres?

    —Lo que he escuchado en relaciones no monógamas es que también hay muchas rupturas. Todavía no se sabe, no hay una fórmula. Lo normal es que haya una voluntad de coexistir, aunque no siempre sale bien. A veces, aparecen otras personas y se destroza todo. También habría que pensar si hay gente que se mete en esto para salvar su relación. Y no está muy bien visto en el ambiente, porque es más bien pensar que no hay nada que salvar sino cuidarlo. No restar, no mentir. Yo tengo mucha fe, pero esto requiere mucho más trabajo y no siempre estamos a la altura.

    Nosotros, por ejemplo, hemos tenido un episodio de COVID y buena parte del confinamiento experimentamos muchas cosas que se están hablando, como los cuidados. Nuestra tónica no fue de estar encerrados y de ser tóxicos, sino de sostenernos. Nos unió más, nos empujó a actuar en el mismo sentido. Y no nos ha tocado pasar cosas terribles como las mujeres que se han encerrado con su agresor o parejas que están jodidas y se han roto.

    —Se pone mucho en entredicho el amor romántico. ¿Por qué? ¿Se suprime ese concepto en el poliamor?

    —Del amor romántico no se salva nadie. Yo soy bastante romántica y creo que la obra habla de eso. De mi cultura, de qué canciones he cantado y de cómo esto condiciona nuestras relaciones. Yo por supuesto no puedo ser quien no soy, no puedo hablar continuamente desde lo racional. El problema es cuando se cruza un amor de mierda, por eso estamos trabajando en otras dinámicas que nos alejen de lo violento o de hacernos daños, sin obligarnos a vivir con un manual.

    Yo lo estoy intentado. He hecho una obra para contar cómo he fracasado en el terreno del poliamor. Lo fundamental es dejar de pensar eso de que tu vida tiene que ser llenada por otra persona. Esas son categorías patriarcales de las relaciones que el feminismo viene trabajando.

    —¿Cómo ha condicionado tu vida esta relación desde hace seis años? ¿Cambió la forma de escribir? ¿Es una especie de campaña?

    —Para nada. No es una campaña de nada. Otra cosa es que tu situación se convierta en una resistencia, en una trinchera. Defiendes otras maneras de vivir y es una forma de cuestionar el sistema, de ser antisistema. Yo he hecho de mi escritura o de mi activismo una sola cosa. Yo creo que todo es parte de lo mismo. Y de esa resistencia por estar después de recibir mucho odio, mucha discriminación.

    —Está en boga la palabra 'cuidados'. ¿Qué significa para ti? ¿Habría que darle más valor?

    —Significa que los espacios de interacción social que tenemos estén atravesados de una responsabilidad afectiva por los demás, de un cuidado de los otros, que esta nueva visión ha remplazado a conceptos que eran mucho más estrechos.

    —¿Existen las infidelidades en una relación poliamorosa?

    —A ver, cada uno maneja sus propios códigos. Precisamente en las relaciones no monógamas se han superado esos esquemas en los que había que ser fiel, que es algo casi feudal. Viene de cuando las mujeres eran propiedad de un dueño, de un amo. También había una cuestión de exclusividad. Eso es lo que se está intentando romper, porque no tiene sentido. Aquí es lo contrario: no hay un abuso de poder sino hay un trabajo de interrelación.

    —Menciona a su padre, que decía que ojalá hubiera existido el poliamor en su época. ¿Cómo hemos cambiado?

    —La generación de nuestros padres o abuelos vivía más condicionada. Sobre todo por la religión. Esto era más que nada una fachada, detrás había relaciones muy mal llevadas. Gente que vive una doble vida, un doble estándar, que causa mucho sufrimiento en sus parejas o hijos. Por no poder sincerar la forma de vivir la relación. Hay un abismo con lo que está por venir. Yo me siento mucho más cómoda con respecto a mi hije. Esto ya lo tienen mucho más interiorizado. Y veremos que se va a extender.

    —¿Cabe el humor en todo esto? ¿Es reírse de nosotros mismos la clave?

    —Por supuesto. Reírnos de nosotros mismos y con los demás. Si no, sería todo más ridículo. De hecho, nos reímos a menudo de la falta de sentido que tienen las cosas. Las relaciones amorosas tienen esa cosa tragicómica que a mí me gustó explotar en la obra.

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    Perú, España, Madrid, divorcios, autores, relaciones, Sexo y Amor, amor, teatro, obras
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