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    Isaac Cuende denunció a la empresa Glovo por las condiciones de trabajo. Ahora, el Tribunal Superior le da la razón y lo considera "falso autónomo", por lo que podrá pedir indemnización.

    La explicación de todo comienza con una fórmula sencilla: lo que hacía no se correspondía con lo que decían sus condiciones laborales. Isaac Cuende trabajaba de repartidor en moto (los conocidos como riders) para la empresa Glovo. En realidad, era autónomo. Él pagaba su seguridad social y no debería tener mayor relación contractual que una aplicación en el móvil donde se conectaba según su disponibilidad. En teoría. Al final, requería un horario y se sujetaba a otras reglas.

    Por eso, este santanderino de 55 años denunció. Y perdió. Dos veces. Hasta que, el 23 de septiembre, el Tribunal Superior de Justicia le dio la razón: los trabajadores de Glovo son "falsos autónomos", es decir, no son empleados por cuenta propia sino que se someten a un régimen semejante al de los asalariados. La sentencia marca un precedente. Puede suponer el pago de la cotización relativa a la seguridad social a los cerca de 7.000 riders que tiene la compañía y extenderse a otros servicios de este tipo como UberEats o Deliveroo.

    "Espero que sirva para que los compañeros riders y de otros sectores ganen sus derechos", explica a Sputnik dos días después de conocer el veredicto. Para él, esta victoria en los tribunales no es sino un ejercicio de "memoria histórica" por la lucha de otras generaciones para conseguir un trabajo digno.

    "Ha habido mucha gente que ha peleado por mejorar las condiciones laborales de este país y no quiero que cuatro pijos emprendedores lo vengan a romper", protesta.

    Su historia empezó en 2015. Cuende, que es actor y poeta, vio la oportunidad de sumarse a esta empresa para complementar sus ganancias mensuales. Glovo acababa de aterrizar en Madrid y la flexibilidad era su enseña. Tuvo una reunión, le seleccionaron y se lanzó con su moto a llevar comida a los hogares de la urbe. Dice que fue el primero. Lo que iba a ser algo opcional, sin horarios, se convirtió en una imposición.

    "Me dijeron que tenía que cubrir el turno de mañana. Lo normal, porque el sistema no funciona si eres autónomo: ellos necesitan tener a gente a ciertas horas para saber que el reparto va a llegar", sopesa el extrabajador, que debatió el asunto con sus managers y, a veces, le daban la razón.

    "Te venden una autonomía ficticia. El modelo es fallido desde el principio. Y vi que no funcionaba. Además, incluyeron un sistema de valoración para darte las mejores horas, que dependía de los clientes en un 25% y del tiempo que estuvieras operativo en un 75%. Era el control absoluto. La esclavitud del siglo XXI: una mano invisible que te mandaba", rememora, volviendo a la ecuación inicial: "El problema es que si eres autónomo dispones de tu tiempo y tus recursos, y aquí no es así". Lo fue cuestionando entre sus compañeros. Hizo "grupillos" y "asambleas". Pero luego se quedó solo en las reivindicaciones: "Cuando había que hacer un parón o algo, se descolgaban".

    Y en 2017 dio el paso definitivo. A la mochila de desencanto se le añadió un accidente en uno de los envíos. Tuvo una fisura en el radio y vio que la preocupación de la empresa era más por el producto que por el empleado. "Vino otro a coger el pedido. Les importaba más una hamburguesa que yo. Era una falta de humanidad y de empatía brutal. No les interesaba más que el negocio", recuerda. Estuvo entre ocho y 10 días de baja, al margen de la actividad. Se le sumó al poco una gripe. Y cuando enganchó de nuevo su puntuación estaba por los suelos y la cantidad de trabajo se había derrumbado.

    "No podía ni pagarme la cuota, el seguro, los arreglos… Pensé que si eso era así, nos veíamos en los juzgados", indica. Se puso en contacto con Luis Suárez Machota, de SBO Abogados y decidió ir hasta el final. Primero fue a primera instancia, donde se le dio la razón a Glovo. Luego al de segunda. Y lo mismo. Hasta que el Alto Tribunal aprobó su teoría: "La relación existente entre un repartidor (rider) y la empresa Glovo tiene naturaleza laboral", expresaban. La empresa "no es una mera intermediaria en la contratación de servicios entre comercios y repartidores" ya que "fija las condiciones esenciales para la prestación de dicho servicio".

    ​Un algoritmo actúa como jefe, concluyen desde el Alto Tribunal. Según un comunicado de Glovo recogido por varios medios, la empresa "respeta la sentencia del Tribunal Supremo y espera la definición de un marco regulatorio adecuado por parte del Gobierno y Europa". "Glovo cree firmemente que esta regulación debe ser promovida en base al diálogo entre todos los actores interesados", indican. Algo que para Cuende suena a hueco.

    "Celebro con alegría la resolución, que es histórica, pero hasta que no vea a mis compañeros contratados no podré sonreír", asegura.

    Isaac Cuende vive desde entonces "más tranquilo". Ha pasado mucho estrés con la sentencia y la inseguridad económica. Pero ha aprovechado para volcarse en su faceta artística, "sin ganar mucho dinero", y en esta lucha contra aquellos que "dicen una cosa pero hacen la contraria". "Intentaron comprarme, e incluso metieron topos que testificaron contra mí, pero yo no aceptaba ni un millón de euros. No es una cuestión económica sino de memoria histórica", insiste.

    La decisión ha sido alabada por parte del Gobierno. Yolanda Díaz, ministra de Trabajo, celebró el dictamen y apuntó en Twitter que el Tribunal Superior avalaba el empeño del Gobierno por "reconducir la situación anómala de los riders y garantizar sus derechos laborales". Es cierto que el ejecutivo lleva meses tramitando una normativa para este gremio, uno de los más visibles durante la pandemia. Pero Isaac Cuende no lo ve suficiente: "Va muy lento. Todos los políticos son muy pragmáticos. Y esto es como una cirugía a corazón abierto. Tiene que hacerse y ya, a vida o muerte. Porque cada día hay miles de personas que están siendo explotadas".

    Etiquetas:
    derechos, trabajadores, motos, repartidores
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