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    El coronavirus interrumpió en marzo estos festejos de Valencia cuando ya estaban a punto de empezar. Ahora han tenido que decidir qué hacer con los monumentos y cómo salvar el año de trabajo para los afectados.

    Para Ximo Esteve, la cancelación de las Fallas ha sido el segundo shock más fuerte al que se ha enfrentado en su vida. El primero fue la muerte de su padre. "Es que estaba todo hecho", recuerda el artista y secretario general de la Federación de Asociaciones Falleras. Cuando el coronavirus aniquiló la celebración de esta tradición valenciana, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, ya habían plantado estos monumentos por la ciudad e iniciado las actividades en los casales, epicentro de los festejos. El varapalo hundió a los protagonistas, pero también planteó un dilema: ¿Qué será del gremio después de un año en blanco?

    Como en el resto de oficios, la respuesta es una incógnita. Nadie es capaz de anticipar qué ocurrirá con el gremio, que reúne a unos 400 artistas y miles de puestos de trabajo indirectos. La coyuntura impide aventurar un vaticinio, pero hay quien cree, como Esteve, que el panorama es crítico. Porque las Fallas no son solo un episodio anual de fiesta y atracción de turistas (el Ayuntamiento cifró en 931.639 los visitantes de 2019), sino un medio de vida el resto de meses para artistas, pirotécnicos, gruistas y demás implicados. Y este año todo se precipitó. Porque la celebración, que oficialmente tiene lugar entre el 15 y el 19 de marzo, viene precedida con un programa de todo el mes. Y aquel día 10 en que se anularon, a unas horas de decretarse el estado de alarma, ya estaba casi todo preparado. El presupuesto se había empeñado.

    • Una falla de Valencia almacenada tras la suspensión de las fiestas
      Una falla de Valencia almacenada tras la suspensión de las fiestas
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Una falla de Valencia almacenada tras la suspensión de las fiestas
      Una falla de Valencia almacenada tras la suspensión de las fiestas
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Una falla de Valencia almacenada tras la suspensión de las fiestas
      Una falla de Valencia almacenada tras la suspensión de las fiestas
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Una falla de Valencia almacenada tras la suspensión de las fiestas
      Una falla de Valencia almacenada tras la suspensión de las fiestas
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Una falla almacenada en Valencia tras la cancelación del festejo
      © Sputnik / Alberto García Palomo
    • Varios 'ninots' de las fallas almacenados en Valencia
      Varios 'ninots' de las fallas almacenados en Valencia
      © Sputnik / Alberto García Palomo
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    © Sputnik / Alberto García Palomo
    Una falla de Valencia almacenada tras la suspensión de las fiestas

    A pesar de eso, no hubo vuelta atrás. Ante la tendencia ascendente del virus, Ximo Puig, el presidente de la Generalitat Valenciana (toda la Comunidad Autónoma, situada al este de España, pegada al mar Mediterráneo, y que comprende las provincias de Castellón, Valencia y Alicante), las canceló. Fue de los primeros mandatarios en tomar una decisión de tal calibre, aunque iría secundado inmediatamente por el resto de líderes. En un principio se trasladaron a octubre, pero pronto se desestimó la idea. Pasó con las Fallas, pero también con San Fermín, en Pamplona, o la Feria de Abril en Sevilla.

    La diferencia, aparte del agujero económico, es que esa cita única va acompañada de unas estructuras inmensas que se proyectan y desarrollan a lo largo de un año en diferentes talleres y terminan entre llamas: el origen se remonta a cuando los carpinteros quemaban los trastos viejos en vísperas de la festividad de San José. También era una forma, supuestamente, de dar la bienvenida a la primavera. Por eso, el problema es doble: no solo han perdido los más de 700 millones de euros de impacto económico que calculan por las fiestas, sino que han de decidir cómo superar el año en blanco para los artistas.

    "Supone un desafío", declara Esteve a Sputnik desde su taller, "no solo para la supervivencia de muchos talleres, sino para la de un oficio artesano, único". Este artista de 60 años, que lleva 42 en activo, considera que no valen las subvenciones —"son parches"— ni pensar en que en 2021 se soluciona. "Estamos en un impasse que puede ser la antesala de su defunción", explica quien tiene una plantilla de cinco personas a la que no puede contratar ahora mismo, "aunque el artista fallero nunca ha vivido exclusivamente de las Fallas, ahora tampoco puede desarrollar otros trabajos de decoración o pintura. Y las nuevas generaciones ven la poca rentabilidad y eligen otras salidas laborales. Esto es la puntilla".

    Falta protección y visión de futuro, reflexiona Esteve. Lo mismo que afirman algunos representantes: "Es la ruina total", lamentaron en cuanto se enteraron de la cancelación. Al no haber entregado los premios de la edición ni haber quemado el trabajo, los meses hasta las próximas jornadas son una travesía desconocida. "Sin ingresos, no creo que podamos montar las luces en 2021", alegaba José Giménez, presidente de la Falla Cuba-Literato Azorín (habitualmente ganadora por la iluminación), en un reportaje de El Mundo. "Si los que hacemos posible todo esto somos las comisiones y estamos en quiebra, los próximos cuatro o cinco años van a ser difíciles y los monumentos van a caer", añadía.

    ​Mientras se dilucida el misterio, el grueso de estas obras aguarda en Feria Valencia, un espacio destinado a la celebración de congresos o certámenes a las afueras de la ciudad. Reposan en un almacén que a veces cumple las funciones de aparcamiento y que solo atesoraba algunos materiales del inmueble. "Nosotros no tenemos nada que ver con las Fallas, solo abrimos la verja y dejamos que las coloquen", indica Juan Zumalde, director de comunicación, mostrando los centenares de ninots y demás partes de las fallas, envueltas en plástico y amordazadas con cinta aislante. Algunas lucen un cartel, escrito a bolígrafo o a ordenador, con el nombre del artista o la falla: Paco Giner, Doctor Wastman, Quint Pizarro…

    "Las suspendimos cuatro días antes del estado de alarma y tuvimos que paralizar y almacenar todo en cuestión de horas", rememora Carlos Galiana, concejal de Cultura Festiva del Ayuntamiento y presidente de la Junta Central Fallera. "Fue un golpe tremendo. Un jarro de agua fría. Yo llevaba 10 días en el cargo municipal y soy fallero de toda la vida, y esto era algo inaudito, excepcional", cuenta por teléfono con pena. El coronavirus les llevó a improvisar. Les cedieron varios lugares para meter lo que estaba construido en cada provincia y se plantearon, según pasaban las semanas, qué hacer.

    Una de las opciones era quemarlas. El problema es que tenían que sacarlas sin avisar, a un sitio alejado y de noche, para "evitar el efecto llamada", en palabras del concejal. Así se pondrían manos a la obra con el horizonte de una nueva edición y las cenizas se transformarían, como siempre, en otras propuestas artísticas. Sin embargo, la elección no convencía a los afectados. Valdría para liberar espacio en sus talleres y pensar en unos meses de trabajo, pero faltaba el apoyo económico y la convicción de que no sucediera lo mismo en 2021.

    ​"Ya está zanjado el asunto: las mantendremos hasta marzo y se plantarán con normalidad. Ahora estamos ya mirando a 2022", concede Galiana. "Es verdad que era complicado, pero en cuanto se cancelaron fuimos a hablar con el alcalde y nos reunimos con todo el gremio", comenta, "y conseguimos planificar el futuro con unos presupuestos que rozan el 75% de lo estipulado, es decir, que no van a ser el 100% de un año entero ni se van a reducir a la mitad". Para la edición de 2019 habían destinado unos 235.000 euros, según datos aportados por el concejal y que fueron anunciados públicamente por su antecesor en el cargo.

    El artista fallero, cavila Galiana, "va a resistir". "Hubo un momento en el que la continuidad era una cuestión de fe", dice, asombrado porque el gremio, que describe como "competitivo", se unió sin fisuras tras el revés del COVID-19, "pero creo que tenemos tiempo y aunque el oficio esté tocado, resistirá". "Además, las Fallas no son algo que puedas comprar por Amazon. Son propias de aquí y necesitan una base importante para que sigan haciéndose", alega, diferenciándolas de otras festividades cuyo atractivo principal son las verbenas u otros espectáculos más transversales como conciertos o toros.

    Ximo Esteve, no obstante, lo ve bastante lúgubre. "Mucha gente no puede soportar un año sin esto. Hay mucha inseguridad presupuestaria y no hay ni una oficina o un organismo que nos proteja como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Es una reclamación que llevamos tiempo haciendo", afirma desazonado. "Mis hijos, por ejemplo, son ingenieros y, aunque les gusta esto, ven los inconvenientes contra los que luchamos y no quieren continuar", agrega. Esteve compara a los artistas falleros con el samaruc, un pez autóctono al borde de la extinción que sobrevive gracias a planes de investigación y de cría en cautividad. "Algo parecido tendrán que hacer con nosotros, porque las mascarillas o los respiradores se pueden pedir a China, pero las Fallas no", sentencia.

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    España, Valencia, pandemia, coronavirus, coronavirus en España, anulación, celebración, fiestas patrias, fiestas
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