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    MADRID (Sputnik) — El derrumbe económico generado por la pandemia se unirá a la situación de precariedad generalizada que ya arrastraban los jóvenes españoles desde la crisis anterior para provocar un desplome todavía mayor de la natalidad en los próximos años, según pronostican los expertos en la materia.

    "Los factores económicos por un lado y los sanitarios por otro van a combinarse para determinar una nueva caída de la fecundidad, lo cual nos coloca en una situación crítica porque ya tenemos una natalidad baja", explica a esta agencia Rafael Puyol, catedrático de Geografía Humana y presidente de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

    Los antecedentes no dejan duda de que las crisis económicas se traducen en un descenso de los nacimientos. En España el shock de 2008 fue respondido con políticas de empleo que instalaron a los jóvenes en una precariedad perenne mientras el coste de la vida no para de crecer y los servicios públicos eran recortados.

    La frustración de esa generación se evidenció en las protestas del 15-M, donde uno de los movimientos más visibles llevaba el nombre de 'Juventud Sin Futuro', que popularizó lemas como "sin casa, sin curro, sin pensión... sin miedo". Les faltó añadir "sin hijos".

    Las carencias materiales de esa generación pueden palparse en la fecundidad una década después de la crisis: en el año 2008 hubo 519.800 nacimientos en España, una cifra que en 2018 cayó hasta los 369.309, un descenso de casi el 29%.

    Sólo el año pasado en España murieron 57.000 personas más de las que nacieron, aunque este saldo vegetativo negativo no se tradujo en un descenso poblacional gracias a la llegada de migrantes, algo con lo que no se puede contar en años venideros por la crisis económica.

    "En el futuro va a haber también una afectación de las migraciones: las regulares no van a venir en la cuantía de los últimos años y las irregulares, según los datos disponibles, ya han disminuido en lo que va de 2020 de forma significativa. Esto a su vez tendrá una repercusión negativa sobre la fecundidad, porque hay que tener en cuenta que las mujeres inmigrantes venían dando a luz a uno de cada cinco niños nacidos en España", apunta Puyol.

    Llueve sobre mojado

    La pandemia del COVID-19 viene a ponerlo todavía más difícil para la fecundidad. Según un informe del Instituto de la Juventud (Injuve), las personas jóvenes "son las que han experimentado con mayor intensidad los efectos del parón económico derivado del confinamiento".

    Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA muestran que la tasa de paro de los menores de 25 años ya es del 39,6%. Esto supone un aumento de seis puntos porcentuales respecto al año anterior.

    Por el momento la sangría se ve contenida por el hecho de que las ayudas estatales por cese de actividad —los famosos ERTE, a los que se acogieron más de 3,7 millones de personas— siguen prestando cobertura a una gran cantidad de jóvenes, pero estas ayudas tienen fecha de caducidad, por lo que previsiblemente las cifras de desempleo irán a peor.

    "La natalidad va a descender seguro. El factor principal es la crisis económica, que dejará un incremento increíble de paro y de precariedad laboral, sobre todo en las edades jóvenes adultas, que es cuando se tiene hijos", reflexiona Teresa Castro, socióloga del Consejo Superior de Investigaciones Científica, donde se especializa en cuestiones de fecundidad.

    Además —prosigue Castro— para muchos de estos jóvenes llueve sobre mojado: "La generación en edad de tener hijos es la más golpeada en la crisis de 2008. Muchos de ellos han estado años posponiendo la formación de familia y la reproducción, y ahora se encuentran en una edad en la que por motivos biológicos si lo posponen más igual no llegan".

    "Es justo una generación que va a tener menos hijos de la que había pensado. Pasa en todas las crisis", señala, antes de enumerar otros posibles aspectos que pueden frenar la natalidad, como el miedo de las mujeres a no recibir el seguimiento médico adecuado ahora que la COVID-19 es la prioridad para el personal sanitario o la interrupción de los tratamientos de fertilidad.

    Todo eso sin contar factores por el momento difíciles de cuantificar, como las trabas que el distanciamiento social o el teletrabajo pueden suponer a la formación de nuevas parejas o la posibilidad de que aumenten los divorcios por la erosión de los meses de confinamiento.

    "Durante el periodo de confinamiento se paralizaron además todos los procedimientos de reproducción asistida, que en España es bastante importante porque representan de entre el 8 y 10% de los nacimientos" apunta Castro.

    El peso de este tipo de nacimientos es consecuencia de la tardía edad media a la que las mujeres españolas tienen su primer hijo: 32 años. Esta circunstancia, que desincentiva la búsqueda del segundo hijo, es un reflejo de cómo las mujeres españolas tardan en labrarse un entorno de estabilidad suficiente como plantearse la reproducción.

    Según explica Rafael Puyol, las encuestas de fecundidad muestran de forma clara que el descenso de la natalidad que arrastra España se produce a pesar de la voluntad de sus jóvenes.

    "Cuando tú manejas las encuestas de fecundidad, ves que el deseo que manifiestan los hombres y mujeres españoles es de tener dos hijos, pero luego la tasa de fecundidad es de 1,23, así que hay una diferencia entre clara entre desear y tener", apunta este experto.

    Envejecimiento

    A todos estas cuestiones se suma que España está en máximos históricos de envejecimiento —125 mayores de 64 años por cada 100 menores de 16— por lo que cada año hay menos mujeres en edad reproductiva, algo que irá a peor si no se corrige el descenso de la natalidad.

    "La población joven va a retroceder como consecuencia de la caída de natalidad, por lo que mi opinión es que el proceso general de envejecimiento se va a acentuar un poco, lo cual se nos sitúa en una situación complicada", apunta Puyol.

    Pese a que estos problemas se acumulan desde hace años, los gobernantes todavía no tomaron cartas en el asunto. Dentro de la UE, España es uno de los países que menos dedica al gasto social, con un 0,8% del PIB dedicado a la ayuda a las familias, cuando la media comunitaria es del 1,7 y en países como Finlandia llega hasta el 3%.

    Los expertos coinciden en señalar que, si se quiere frenar la caída de la natalidad, es necesario tomar como referencia las políticas familiares de los países nórdicos, con medidas para que las parejas accedan con cierta facilidad a la vivienda, además de la creación de sistemas de guarderías robustos, medidas de conciliación de la vida laboral o incluso subvenciones por hijo.

    "Esto ya era una necesidad imperiosa en nuestro país, pero ahora con la pandemia todavía se va a complicar más, porque habrá otras necesidades prioritarias que atender, y por lo tanto las partidas económicas necesarias para poner en marcha políticas de este tipo no se van a producir. Por desgracia, la situación de la demografía en el futuro inmediato va a ser más complicada de lo que ya era", concluye Puyol.

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    natalidad, COVID-19, pandemia de coronavirus, pandemia, España
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