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    Rebrotes y la 'nueva normalidad' en España (202)
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    BARCELONA (Sputnik) — Un sentimiento de 'carpe diem' se apoderó en los últimos días de los ciudadanos de Barcelona, que sin indicios de frenar su actividad social, desoyeron todas las recomendaciones para disfrutar de playas y calles, pese a los brotes de COVID-19 que proliferan por la ciudad.

    "Trabajo en una tienda de Barcelona que el sábado [18 de julio] estaba llena de gente, así que el domingo [19 de julio] que tenía fiesta me marché a la playa. Pero donde estuve en Palafrugell [Girona] también estaba llenísimo y no pude ni entrar en la playa", contó a Sputnik Ariadna, una dependienta de la capital catalana que, como muchos barceloneses, decidió aprovechar el último fin de semana en la costa.

    Miles de habitantes de la ciudad eligieron pasar los días de descanso después de la semana laborable en sus segundas residencias, situadas principalmente en las costas de las provincias de Girona y Tarragona.

    Más de 416.000 coches, en cifras del Gobierno catalán, salieron de Barcelona desde la tarde del 17 de julio, poco después de que el Gobierno de Cataluña anunciara la adopción de nuevas restricciones para contener los crecientes brotes de coronavirus.

    Fue apenas un 8% menos de afluencia que el anterior fin de semana, y a dos o tres personas por vehículo puede estimarse que alrededor de un millón de personas abandonaron el perímetro de Barcelona.

    "Los ciudadanos se tienen que quedar en casa y pedimos que no se desplacen a segundas residencias este fin de semana", pedía a los ciudadanos en una rueda de prensa televisada ese mismo mediodía la portavoz del Gobierno catalán, Meritxell Budó.

    Sin embargo, apenas horas más tarde las colas en las carreteras de salida de la ciudad evidenciaban el poco éxito de las recomendaciones de las autoridades, que fueron prácticamente ignoradas por los barceloneses.

    Una de las localidades de veraneo más famosas, Palafrugell (Girona), tuvo que cerrar por cuarto fin de semana consecutivo las ocho playas del municipio, que al mediodía ya habían llenado el cupo de bañistas permitido.

    Mientras, en Barcelona entraban en vigor a primera hora del 18 de julio una batería de medidas para prevenir la expansión del virus, que en las últimas semanas generó decenas de rebrotes por el mapa urbano.

    Reacios a confinarse pese a la amenaza del virus

    Barcelona registró del 13 al 19 de julio más de 1.000 nuevos contagios, doblando el medio millar que se había notificado la semana anterior, una cifra equivalente al pasado mes de abril en números totales.

    Fueron estos números tan similares a los del punto álgido de la pandemia los que llevaron al Gobierno catalán a pedir el autoconfinamiento de la población.

    La petición implicaba que los ciudadanos no deberían salir de casa si no es para actividades esenciales, como el trabajo o la compra.

    Asimismo, el Ejecutivo prohibió mediante una orden las reuniones de más de 10 personas en el ámbito privado y público y suspendió toda la actividad en teatros, cines y locales de ocio nocturno y gimnasios.

    Pero ni los preocupantes números ni el cierre de locales disuadió a los barceloneses de llenar calles y playas de la ciudad, donde se vivieron estampas de aglomeraciones y mucha dificultad para mantener la distancia de seguridad.

    Pese a que el uso de mascarilla fue bastante generalizado —solo hubo un centenar de sanciones a ciudadanos que no la llevaban— las medidas de protección e higiene no impidieron que el 19 de julio Barcelona se convirtiera en el municipio con más contagios de Cataluña.

    A la afluencia de barceloneses se sumó la de turistas, que desde hace semanas comienzan comienzan a proliferar por los alrededores de rincones emblemáticos como la Sagrada Familia o el Paseo de Gracia.

    La presencia de extranjeros por las calles disuadió de quedarse en su domicilio a muchos locales, que ven contradictoria la actividad turística frente a las peticiones del Gobierno de reducir la actividad fuera de casa.

    Cultura, deporte y restauración, principales afectados

    En este paradójico contexto del fin de semana, los bares y el pequeño comercio veían con desánimo la vuelta a las restricciones de aforo en sus negocios, que entraron en el verano tocados de lleno por los efectos de la primera ola del coronavirus.

    En un restaurante de comida asiática del barrio del Eixample, su gerente explicó a Sputnik que había sufrido una cancelación masiva de reservas a raíz del anuncio del Gobierno

    "Teníamos la sala llena para la noche del viernes [17 de julio], pero nos empezaron a llamar todos para cancelar reserva, preguntando si podían pedir para llevar. Estamos con miedo en el cuerpo de que tengamos que volver a cerrar", afirmó el responsable de este local.

    Un sentimiento similar se vivía en sectores como la cultura y el deporte, obligados por las nuevas medidas a detener su actividad hasta nuevo aviso.

    Desde cines, teatros y gimnasios criticaron su cierre, pese a las medidas de higiene y distanciamiento social desplegadas por la pandemia, mientras playas, piscinas o terrazas de bares y restaurantes siguen abiertos.

    "Aplicamos todos los protocolos necesarios, incluso más de los estipulados, y no merecemos [ni tampoco los espacios ni trabajadores del sector cultural] esta estigmatización y criminalización", lamentaba el teatro Tantarantana de Barcelona a través de Twitter.

    Con un razonamiento parecido, la Unión de Federaciones Deportivas de Cataluña mostraba en un comunicado su desacuerdo con la clausura de establecimientos deportivos tras "la gran inversión hecha para acondicionar y preparar los centros" tras la pandemia.

    "Tanto trabajadores como usuarios de los centros deportivos han tenido una actitud impecable al cumplir con todas las medidas de seguridad recomendadas", reivindicó la entidad.

    Un nuevo confinamiento en el horizonte

    El desasosiego ante las restricciones y la rebeldía desatada entre los barceloneses abocan a la ciudad a un posible escenario en que los contagios sigan creciendo.

    Son muchas las voces que apuntan a un confinamiento perimetral para Barcelona y alrededores en las próximas semanas, o incluso días, si la situación epidemiológica en la capital catalana sigue empeorando.

    El epidemiólogo Oriol Mitjà, uno de los expertos más conocidos en Cataluña a raíz de la pandemia, reclamó en declaraciones a la televisión pública de la región que se realicen aislamientos "quirúrgicos" en las zonas más afectadas, sean barrios o distritos.

    "Hacer recomendaciones sirve de poco, lo que espera la ciudadanía es un mensaje claro y contundente. El Gobierno no ha aprendido la lección y no tiene valentía para tomar decisiones más asertivas", criticó este epidemiólogo.

    La directora general de Protección Civil, Isabel Ferrer, apuntó en declaraciones televisadas que "si no hay una mejora en 15 días" la prioridad de las autoridades "será la protección absoluta de la salud" y esto "podría derivar en un nuevo confinamiento".

    Por su parte, el director de la unidad de seguimiento del COVID-19 en Cataluña, Jacobo Mendioroz, afirmó a la emisora Rac1 que "si como consecuencia de la salida de los barceloneses este fin de semana salen de golpe la semana siguiente 300 casos en los pueblos de la costa, será necesario tomar alguna medida".

    "El siguiente paso es el confinamiento domiciliario. Realmente no tenemos otras herramientas de protección de la ciudadanía", sostuvo este epidemiólogo.

    Aunque el Gobierno descarta por el momento aislar Barcelona tal como hizo con la comarca de El Segrià (Lleida) hace dos semanas, las autoridades ya avisaron a los ciudadanos de que esta es su "última oportunidad" antes de que se activen medidas más drásticas.

    La transmisión comunitaria del COVID-19 es una realidad en Barcelona y los hospitales comienzan a notar una crecida en el volumen de ingresos, pero esto no se traduce todavía en sus calles, que hierven con la actividad típica del verano, tan anhelada tras los meses de confinamiento.

    Tema:
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    Etiquetas:
    COVID-19, pandemia de coronavirus, coronavirus en España, coronavirus
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