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    Rebrotes y la 'nueva normalidad' en España (108)
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    Asturias es la comunidad con mejores datos en la lucha contra el coronavirus. Su orografía y su gestión sanitaria están tras este éxito. Sin embargo, no hay que bajar la guardia. La enfermedad sigue presente y los rebrotes son sus apariciones en escena. Motivo por el que no hay que rebajar las medidas de cautela.

    El coronavirus ha atravesado al país de norte a sur, de oeste a este. Su expansión vaciaba las calles, cerraba los negocios y dejaba imágenes de hospitales saturados. Sin embargo, su avance e incidencia no han sido uniforme. Mientras, en Madrid o Cataluña, la pandemia devastaba el sistema sanitario y avasallaba las residencias, en comunidades autónomas como Murcia o Baleares, el efecto, aunque trágico, era menor. No obstante, si el coronavirus encontró una barrera en su asalto a España, esa fue la Cordillera Cantábrica.

    Como si de una armadura rocosa se tratase, las montañas parece que resguardaron a Asturias de la llegada del coronavirus, aunque no fue el caso. El virus rebasó la cordillera, pero la batalla librada contra este ha sido una de las más exitosas de España y Europa. Motivo por el que Asturias durante más de 20 días pudo levantar un cartel que prácticamente nadie en el viejo continente ha logrado: comunidad libre de coronavirus.

    Un título conseguido, en parte, por el buen hacer sanitario de la comunidad. Así lo ve Daniel López-Acuña. Residente en Gijón, este epidemiólogo trabajó durante 30 años en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Entre sus diversos cargos, ocupó el puesto de director de Acción Sanitaria en Situaciones de Crisis y aconsejó en 2014 a la directora general Margaret Chan para la reforma de la organización. Ahora, López-Acuña realiza asesorías en salud pública y epidemiología. La Comisión Europea o la propia OMS están entre las organizaciones que le consultan. También, aunque sin ser asesor directo, ha mantenido conversaciones con los gobiernos autonómicos de Asturias y La Rioja.

    —¿Por qué Asturias ha destacado tanto en la lucha contra el coronavirus?

    —Son un conjunto de factores. Por un lado, Asturias tuvo la ventaja de tener menor implantación inicial de casos importados que otras comunidades autónomas, lo cual llevó a una menor incidencia desde el principio. Esto pudo ser gracias a que Asturias es un territorio más aislado, con menos vuelos nacionales que otras regiones y con muy pocos vuelos internacionales. También es una comunidad montañosa, por lo que no tiene un acceso fácil por tren. Además, hay que añadir que la población se encuentra dispersa por todo el territorio sin estar concentrada en grandes núcleos urbanos.

    A pesar de que la población está muy envejecida, la magnitud de la epidemia no alcanzó los niveles de otras partes del territorio español. Solo hay que fijarse en la encuesta de seroprevalencia que indica que en Asturias la proporción es del 1,9%, en comparación al promedio español del 5%.

    Pero, no solo hay que fijarse en la geografía. El otro factor es que se tomaron las medidas adecuadas en términos de protección temprana. Cerraron pronto las escuelas, se respetó el uso de mascarillas en espacios públicos, se mantuvo la distancia de seguridad... Y, sobre todo, se activó una muy buena gestión tanto en salud pública como en asistencia sanitaria. Lo primero, se reforzó la vigilancia epidemiológica.  Segundo, se hizo una apuesta muy importante, tanto en Asturias como en La Rioja, por realizar una gran cantidad de pruebas PCR, un mayor número que la media en España. Esto ha permitido detectar a más personas asintomáticas, fundamental para aislar la cadena de transmisión. Y tercero, se utilizó adecuadamente la atención primaria como factor de contención, lo que ayudó a que nunca se llegara a saturar la infraestructura hospitalaria.

    En conclusión, hubo buenos planes de contingencia de la administración sanitaria, se organizó bien la respuesta y hubo una magnitud menor de la epidemia. El resultado es que se logró abatir la curva más temprano. Es más, se han contado veintitantos días sin casos nuevos, menos uno nuevo importado de Cataluña, ya controlado. Al final se traduce en una menor circulación del virus y mejor control inmediato de los brotes.

    —¿Podemos decir que el plan sanitario que aplicó Asturias es un ejemplo para el resto de las comunidades autónomas?

    —Yo creo que sí y no solo para las comunidades autónomas, sino para toda Europa. El medio The Economist citaba el caso de Asturias como un referente en todo el continente, ya que es uno de los territorios con más éxito en la lucha contra la pandemia.

    ​—Asturias llegó a ser territorio libre de coronavirus, pero, como ha dicho, ahora tiene un caso importado desde Cataluña. Viendo el aumento de rebrotes, ¿la movilidad podría convertirse en un problema para la lucha contra el coronavirus?

    —Creo que es evidente que al suspenderse el estado de alarma y reanudarse la movilidad lo que tenemos es un trasiego de personas entre comunidades autónomas, lo que incrementa el riesgo por transmisión, especialmente por asintomáticos positivos. Esto introduce el riesgo de los rebrotes vistos.

    Pedro Sánchez, Antonio Costa, Marcelo Rebelo de Sousa y Felipe VI en la Alcazaba de Badajoz
    © AFP 2020 / Patricia de Melo Moreira
    Un problema que, en cierta manera, enfrentan todos los países europeos y todo el espacio Schengen, que optaron por abrir fronteras lo antes posible para reinstaurar el flujo turístico. Pero, es evidente que todavía hay peligro transmisión, aunque no muy elevado, dentro de estos países, lo que implica que es fácil que se dé la importación de casos entre los miembros. Y lo mismo se puede decir de los países de fuera de la Unión Europea con los que se han abierto fronteras, que tienen las mismas condiciones epidemiológicas que los comunitarios.

    En condiciones ideales desde un punto de vista sanitario, habría sido muy bueno continuar durante más tiempo con las restricciones a la movilidad. Pero, es evidente, ha habido que llegar a soluciones que busquen la reactivación del sector turístico. Eso sí, de abrir fronteras, lo que tenemos claro es que hay que tener muy reforzados los sistemas de detección epidemiológica.

    —Entonces, una de las maneras de evitar rebrotes y controlar la libertad de circulación sería potenciar los sistemas de rastreo de casos…

    —Exacto. Hay que contar con sistemas de detección precoz de la enfermedad. Hacer pruebas no solo a quienes tengan un cuadro clínico, sino a los contactos y asintomáticos, para poder aislar a todos aquellos positivos y detener la transmisión de la enfermedad.

    Es más, se debería aplicar sobre todo en grupos de riesgo particulares. Hay que seguir extremando las medidas de protección y de tamizaje, para detectar positivos en sectores como los trabajadores temporeros o los sanitarios de las residencias.

    —Además de la movilidad, la relajación del cumplimiento de las medidas sanitarias puede estar detrás de algunos rebrotes. ¿Cómo ve la obligatoriedad del uso de la mascarilla impuesta en Cataluña y Baleares?

    —Sin duda, hay una parte de la sociedad que se ha relajado. Algunos grupos de población han distendido demasiado las posibilidades de interacción y agrupación. No utilizan la mascarilla, ni mantienen la distancia. Se incurre en celebraciones grupales y fiestas y se producen aglomeraciones en playas y piscinas. Todo esto es un factor de riesgo de los rebotes.

    Por eso, creo que la medida tomada es razonable. Hay una percepción de que el riesgo no existe y eso es peligroso. El virus no ha desaparecido, sigue presente. Es cierto que su circulación se ha reducido en este tiempo, pero tampoco quiere decir que no vuelva a repuntar. Solo hay que ver el elevado nivel de transmisión de los rebrotes de Lleida o la comarca lucense de A Mariña, donde la única solución es el confinamiento.

    Una playa en España
    © AP Photo / Emilio Morenatti
    Una playa en España

    —Hablamos de un riesgo latente en verano, momento en el que están aflorando los rebrotes. En otoño, se anuncia un aumento mayor del número de casos. ¿Hacia que escenario nos dirigimos?

    —Difiere si nos centramos en España o el mundo. A nivel mundial, se trata de una pandemia muy fuerte y activa en regiones como Estados Unidos, América Latina, India, Rusia y determinados países de África. Las curvas no se han abatido y la transmisión del virus no se ha detenido. Influye que, en países como Estados Unidos, las cosas no se han hecho bien, ya que se han levantado las restricciones antes de tiempo y la situación se ha relajado demasiado. Por eso, las cifras son tan alarmantes.

    Esto significa que todavía quedan meses de una pandemia muy activa en parte del mundo, lo cual puede potenciar la importación de casos a las zonas que han visto sus curvas abatidas, como Europa. Motivo por el que hay que controlar las fronteras y mantener activos los sistemas de vigilancia epidemiológica.

    En el caso de España, se plantean tres escenarios posibles. Uno, que creo que es el que se dará, siempre que las cosas se hagan bien. En este, hay rebrotes en algunas comunidades autónomas, incluso alguno se sale de cauce, como es el caso del de Lleida o el de A Mariña. Sin embargo, se logran controlar y se aplana la curva en estas comarcas.  Para esto, es necesario mantener las medidas de cautela. Inclusive la aplicación de confinamiento para controlarlos.

    Un segundo escenario es en el que no se mantienen estas medias y la población no es responsable. Entonces, en vez de tener los rebrotes que tenemos ahora, habrá muchos más y se producirán en todas las provincias. Esto nos llevaría a una situación en la que se tendrían que buscar soluciones a nivel general y llevar al confinamiento a todas las regiones donde los brotes crezcan demasiado.

    El tercer escenario es que lo que pasa en A Mariña o Lleida se traslade a toda en España, cuya única solución sería volver al confinamiento, algo que yo creo que nadie quiere.

    —Al final, el confinamiento ha sido y es la mejor cura…

    —Es la única herramienta que ha funcionado con una enfermedad sin vacuna y que se transmite de manera tan rápida y agresiva entre las personas. Si no lo hubiésemos hecho habría muchas más muertes y mayor saturación en los centros hospitalarios. Fue doloroso a nivel económico, pero necesario.

    —España fue de los países que primero incurrió en esta medida, supongo que una buena decisión. ¿Qué otros aciertos y errores se cometieron?

    —Confinarse fue una de las decisiones más positivas, muy temprana en relación con el resto de países europeas.

    Lo mismo opino del estado de alarma, establecer un mando único para la coordinación sanitaria. Haber realizado un seguimiento muy pormenorizado desde un punto de vista epidemiológico. Que las decisiones, en su mayoría, se tomasen con base médica. La reducción de la movilidad. Establecer un plan de fases para ir reabriendo el espacio territorial, con dos semanas entre cada una. Todo esto son aciertos.

    Sin embargo, como en muchos países europeos, la pandemia pilló por sorpresa, por lo que faltó material para los sanitarios. Tampoco fue fácil levantar un sistema para realizar pruebas PCR. Esta pandemia nos enseña que tenemos que hacer muchas pruebas, incluidas personas asintomáticas. Esto son cosas que se deberán hacer mejor de cara al futuro.

    —Al final ningún país estaba preparado para enfrentarse a algo de semejante calibre…

    —Los países habían bajado la guardia con respeto a los preparativos para afrontar una pandemia. No había ni material, ni planes de contingencia. Y es que creo que después de la gripe aviar se pensó que se exageraron las medidas. Esto nos muestra que no. Deberíamos de haber aprendido algo para futuras olas o pandemias.

    —En la actuación de los países hubo fallos y aciertos. Pero, ¿cómo valora la actuación de la OMS?

    —La OMS ha actuado de manera correcta, sin embargo, hay que recordar que no es un organismo independiente, sino uno de cooperación formado por 194 países, con los que trabaja para coordinar su actuación. Es un instrumento útil para notificar un brote, determinar si una epidemia es una pandemia…pero al final la actuación queda en manos de cada país. No todos han cumplido lo acordado y a la OMS le ha faltado músculo para poder inducir mayor cumplimiento y compromiso. Igualmente, la retirada de Estados Unidos, realizada por presidente Donald Trump, no tiene ningún sentido. Es un momento de luchar contra la pandemia todos unidos. Espero que a partir de las elecciones estadounidenses se produzca un giro y vuelvan a la OMS.

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