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    José Manuel Climent, conocido por sus vídeos en botellones de España, en los que preguntaba sin tapujos por temas sociales, ha dejado las redes sociales después de que antiguos empleados revelaran "insultos y vejaciones".

    Se dio a conocer por sus vídeos en la calle, rodeado de jóvenes achispados que hablaban sin tapujos sobre temas sociales. Mezclaba la actualidad política o los debates del momento para componer grabaciones cortas plagadas de chascarrillos. Adolescentes con una copa en medio de una plaza o grupos de chicas soltando sin pelos en la lengua sus preferencias sexuales le dieron alas para que su canal en Youtube, abierto en 2013, alcanzara millones de reproducciones. José Manuel Climent, más conocido como Fortfast, creó un estilo fresco de periodismo amateur acorde a los gustos millenials.

    Él apenas participaba. Solo pedía un like y una suscripción al terminar el montaje, seguido de un "tira millas" como despedida. Nacido en Jaén en enero de 1995, Fortfast llegó a autodenominarse "el Iñaki Gabilondo de las botellonadas", tal y como se presenta en Twitter. Sus preguntas sobre Venezuela, Vox o la igualdad de las mujeres dejaban en ridículo a tertulianos sin pedigrí, que con un poco de alcohol en el organismo lanzaban teorías sin base y se ridiculizaban frente a una cámara.

    Además, su carrera transcurre paralela a una suerte de postura política, lindando con la izquierda y entrevistando informalmente a políticos como Pablo Iglesias, líder de Unidas Podemos, o Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso.

    Con 1,2 millones de seguidores en el canal de Youtube, algunos le han tachado de "podemita", "nacionalista catalán" o incluso "supremacista andaluz". En 2017 publicó por su cuenta un libro llamado Reflexiones. Del tío que se hizo famoso grabando en los botellones y presumió de esta decisión comercial, a pesar de acumular "ofertas de grandes grupos editoriales".

    Las críticas que le han ido cayendo no sorprenden, a tenor de su gran audiencia. Sin embargo, el pasado 3 de julio su nombre se repitió en distintos foros. El varapalo venía de un extrabajador de su compañía.

    Fran Rodrigo, definido como "productor y post-productor" en su perfil de Twitter, le acusaba de explotación laboral. Según su serie de mensajes, ganaba 1,5 euros la hora con un contrato parcial, fue sometido a vejaciones verbales y lleva dos años en tratamiento psicológico. La bomba, que explosionó, el 3 de julio, ha provocado que Fortfast desaparezca de internet y que otros antiguos empleados alcen la voz. Ninguno ha querido responder a Sputnik.  

    "Si me prestáis atención durante los próximos 5/10 minutos, voy a explicar a qué hace referencia este tuit porque son ya dos años aguantando", adelantaba Rodrigo, que seguía: "Llevo dos años acumulando odio y traumas que solamente he hablado con psicólogos y con mis círculos más cercanos. Lo que me impulsa a hacer esto público es el querer acabar de una vez por todas con esta sensación que tengo en el pecho que no me permite vivir".

    ​Rodrigo ponía en "contexto": "Nos remontamos a finales de 2017, cuando dejé la universidad. Llevaba ya un par de años ayudando a Fortfast con los vídeos de su canal, tanto en grabación y edición como guiones, ideas y traducciones variadas al inglés".

    "Lo que no me imaginaba era que el remedio sería peor que la enfermedad. Le pedí ayuda a Fortfast, quien había fundado una agencia de medios audiovisuales, y me dijo que en un tiempo me avisaría porque se estaba cociendo algo que podría servirme. En enero me llamó para trabajar", continúa.

    El "primer problema" fue su "pensión de orfandad parcial". "Hasta el momento he complementado con trabajos a media jornada o por menos del SMI, la única condición para no perderla era no superar esos 13.000 euros anuales", arguye. "Me convenció de que, para no perder esta pensión, trabajara en la empresa con un contrato de media jornada, ATENCIÓN, pero echando 8 horas diarias (una jornada completa), porque estaría cobrando lo mismo de las dos maneras (jornada completa sin pensión / media jornada + pensión)", anota.

    "Caí y acepté. Es lo que tiene la necesidad. Me dijo que esto solo sería al principio para poder dar un primer empujón a las producciones de la empresa. Me engañó", resume en otro tuit.

    Y narra lo que pasó después: "La primera semana, coincidiendo con las fechas de mi cumpleaños, ya tuve que trabajar unas 12 horas diarias durante el fin de semana para poder sacar el primer episodio de una producción que corría a cargo de la agencia". "Se me prometió que se me regalaría un airhopping por las molestias (¿Pagar horas extras? ¿Qué es eso? Por cierto, nunca llegó el regalo). En verano hablé con el otro dueño de la empresa porque Patri me convenció de que era injusto que estuviera bajo esas condiciones".

    "Inciso para que os hagáis una idea: cobraba aproximadamente 1.5 euros la hora, menos de la mitad de lo que cobré trabajando en Burger King", señala. "Llegamos a la parte que más me ha afectado a nivel personal: los insultos, las degradaciones delante de compañeros, las humillaciones constantes y obligarme a ir a la oficina durante el curso, saltándome las clases e incluso llegando a pasar más de las 23:00 mientras editaba", concreta.

    El trabajador lamenta cómo se le "ha faltado al respeto de tantas maneras diferentes" que no sabe "ni por dónde empezar". "Pero aquí dejo una compilación de audios de esta persona hacia mí para que os hagáis una idea del percal que me supuso en esa época", escribe, adjuntando unos cortes de voz donde Fortfast le llama "gilipollas" o grita que le da igual si tiene o no clases. "Ya llevaba tiempo dándome de cuenta de que esta no era la vida que quería ni que merecía, y no paraba de hablar con Patri sobre mis posibles futuros fuera de la empresa para poder dejar el trabajo con la máxima seguridad posible", resuelve Rodrigo.

    ​"Todo desemboca en octubre de 2018, la última vez que le vi en persona, y fue cuando en una reunión en la que se discutía el futuro de la empresa, estando delante de mis tres compañeros, alabó las tareas de todos y cada uno de ellos y una vez llegó mi turno me destrozó verbalmente", esgrime: "Me insultó, me dejó por los suelos, me echó la culpa de haber perdido no sé cuántos euros de una acción comercial (luego lo hablé con el otro dueño y resulta que los perdió él por sus malas formas). Me quería obligar a dimitir. Salí literalmente temblando y llorando de la ofi".

    Llamó al otro dueño de la compañía y le contó su situación. "Redacté una carta de acoso laboral y exigí la indemnización que me correspondía, yo no iba a dimitir cuando el que quería despedirme era él. No iba a renunciar a más derechos", exclama. "Evidentemente he estado de psicólogo en psicólogo durante los dos últimos años, siendo la última consulta hace una semana sobre el odio que llevaba dentro y cómo poder deshacerme de él, ya que mi vida actualmente está en un punto óptimo", concluye.

    Ahora, según advierte Rodrigo, está en "un buen punto" de su carrera. "Vivo con mi pareja, tengo un buen trabajo rodeado de geniales compañeros de equipo, mis proyectos personales nunca habían avanzado tanto y, a pesar de todo, me sigue quemando por dentro día tras día lo que esta persona hizo hace ya dos años", comenta, alegando que no soporta ver "cómo le siguen saliendo ofertas con marcas y sigue viviendo de esto mientras funciona como adalid de la corrección política". Zanja el hilo señalando la vena xenófoba de Fortfast, "que de vez en cuando explota", y se ríe del supuesto respeto a los derechos laborales y de la mujer del famoso youtuber.

    ​Raúl González, otro exempleado, apoya las confesiones con otro hilo, añadiendo testimonios como que era "inaguantable" porque no solo se le exigía hacer trabajos para los que no estaba preparado, sino que además "de forma profesional". "Cada grabación que hacía para él me machaba la salud mental, la alegría de haberme mudado fue sepultada en pocos meses por la ansiedad", explica.

    "Todo esto acabó un día en el que recibí tantos insultos y tanto maltrato psicológico por el único hecho de olvidarme de poner en copia a un mail que decidí dejar mi trabajo aún a sabiendas de que era lo que me mantenía en Madrid, por suerte encontré curro de comercial. Y con el tiempo conseguí abrir mi propia agencia. Con este hilo no quiero hundirle la vida a nadie ni pretendo que se haga una caza de brujas, solo quiero quedarme con la conciencia tranquila y evitar que esto pueda pasarle a otros", sentencia.

    Fortfast ha reaccionado con una carta en la que dice estar "estable" y devuelve la acusación refiriéndose a una "venganza". Además, publicó un vídeo en el que cuenta los préstamos que tuvo que pedir, alega que "no supo gestionar" algunas eventualidades. "No se dejó de pagar", dice mirando al techo, después de haber escrito "no soy un explotador" y "no pagué 1,5 euros la hora. Esto no es verdad" sin mostrar ningún documento.

    Termina confesando que toda su vida lo ha intentado hacer "lo mejor posible" y mostrando un "profundo arrepentimiento", aunque eso no le haya eximido de críticas e incluso la filtración de su dirección y su número de teléfono, lo que ha conseguido su marcha del espacio virtual.

    Etiquetas:
    redes sociales, Twitter, trabajadores, denuncia, youtuber, YouTube, explotación, explotación laboral
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