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    Unas 220.000 personas realizan estos días la EvAU, el examen de entrada a estudios superiores. Con el coronavirus, se han retrasado las fechas y se han recrudecido las normas en el aula.

    Se mascaban los nervios y también la liberación. Esther García, alumna de 18 años, fue a examinarse inquieta, pero también con el ansia de poner punto final: "¡Tenía unas ganas de que acabase!", exclama. Esta estudiante de Salamanca (una provincia de Castilla y León) acudía el pasado 1 de julio a la Facultad de Ciencias tras superar un último curso de Bachillerato más largo de lo habitual. La pandemia de coronavirus, que aterrizó en España en algún momento indeterminado de este año y se concretó en marzo (cuando el Gobierno decretó el estado de alarma), ha retrasado el calendario.

    La EvAU (Evaluación de Acceso a la Universidad) o EBAU (Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad), generalmente convocada a mediados de junio, se ha desplazado a la última semana de ese mes y hasta el 9 de julio. Además, las restricciones de la pandemia han modificado la pauta habitual. Las medidas para mitigar el virus, que ha dejado en el país más de 28.000 muertos, se concretaron de acuerdo al resto de actividades públicas: a la hora de acudir al centro donde examinarse, los asistentes tienen que aguardar en fila, con separación, y desinfectarse con gel en la puerta. Después, en el aula, la distribución cambia: los pupitres deben estar a 1,5 metros de distancia. En comunidades como la de Madrid incluso se ha añadido un cuarto día para repartir a la multitud. Y ha surgido una figura nueva: la del vigilante. Al tribunal, los examinadores y el profesor acompañante se le ha sumado una figura que controla el protocolo actual.

    ​Pero lo que más chirría con respecto a las imágenes de otras ediciones ha sido la mascarilla obligatoria. Los 220.000 alumnos que acudirán a la EvAU en todo el territorio nacional, según los cálculos del sindicato educativo ANPE, han pasado las jornadas con la boca y la nariz tapada.

    Una rareza que ya empieza a normalizarse, pero a la que aún cuesta acostumbrarse. Más, entrando en un verano con temperaturas que alcanzan los 40 grados centígrados. "Es un agobio. No paras de sudar. Todo el rato he pensado que me iban a salir granos", cuenta García el 3 de julio a mediodía, nada más terminar la última prueba de su especialidad.

    Con un 7,47 en el Bachillerato (en una calificación del 1 al 10), a esta candidata a la universidad le apetecería estudiar criminología. El resultado de la EvAU supone un 40% de la media que resulta tras los dos últimos cursos de instituto y este examen, cuya puntuación asciende a 14. Confía en mantener esa nota. "Hemos tenido más tiempo para estudiar porque estábamos encerrados, pero menos clases para repasar", dice. En su centro salmantino, el IES Martínez Uribarri, muchas asignaturas se han dado con deberes o ejercicios virtuales: "Solo en biología y matemáticas teníamos videollamadas".

    "Al principio costaba habituarse, pero luego había beneficios", resume García de esta etapa inaudita en su vida, en la que ha cambiado las lecciones presenciales por tres meses de 'teleestudio'. "Por un lado, era mejor, porque no podías hacer nada más aparte de estudiar. Aunque ha sido peor para airearse de vez en cuando", analiza.

    Una sensación que comparten los profesores, a los que también les pilló todo a contrapié. "Ha dependido mucho de cada instituto", afirma Jesús López, titular de Lengua y Literatura. En el suyo, el IES María Rodrigo de Madrid, solo van 11 alumnos a la EvAU. "Es un centro que aglutina los retales de los colegios públicos y concertados de la zona", aclara, "y se ha notado que han trabajado mucho en equipo, copiando o compartiendo los deberes, pero no sé si les ha favorecido el aprendizaje".

    De momento, ha mejorado el índice de aprobados. Otro asunto es que lo mantengan: "Este año se ha adaptado el examen. Y parece que es más asumible para aprobar, pero no para sacar muy buena nota", opina el docente. Los resultados suelen ser favorables. Desde que la EvAU era PAAU (Prueba de Aptitud para Acceso a la Universidad) o luego PAU (Prueba de Acceso a la Universidad), los aprobados han ido subiendo desde el 80%. El año pasado, este porcentaje superó el 90%, rozando el 94% en algunas regiones, según la información expuesta por el Ministerio de Universidades.

    © Sputnik . Ruptly
    Con mascarillas y gel desinfectante. La prueba de acceso a la universidad en España se adapta al coronavirus

    La redacción de las pruebas también ha sido polémica. Por un lado, se habló de hacer un examen similar en toda España, para que no hubiera diferencias de nivel. Después, se rechazó ese planteamiento, pero se aprobó otro punto controvertido. Hasta este curso, cada prueba tenía dos partes con cinco preguntas. Cada alumno elegía una parte y se arriesgaba a que no supiera algunas cuestiones. En esta ocasión, se daba la posibilidad de elegir cinco preguntas de 10. Se supone que así permitían obviar las últimas lecciones, que quizás no han dado por el COVID-19.

    ​Método que en la comunidad educativa se ha criticado y alabado a partes iguales. Por un lado, algunos consideraban que facilitaba demasiado el test y daba oxígeno para estudiar menos temas y elegir sólo lo que más convenga. Por otro, había quien defendía este concepto más libre después de una pandemia que ha impedido rematar el temario y practicar con exámenes de otros años.

    Ramón Izquierdo, secretario de acción sindical de ANPE, cree que ha sido una manera de aflojar la presión de estos tres meses. "Hay que pensar que todos, alumnos y profesores, se vieron confinados de repente, y han hecho lo que han podido con los recursos que tenían", justifica. Esta crisis, cavila, va a suponer "un punto de inflexión" para el futuro: "Está claro que ha dado un salto hacia la digitalización y habría que tomarlo como un nuevo modelo, por lo que pueda pasar, aunque se haya visto la importancia de lo presencial", sostiene.

    Izquierdo hace otro inciso: la reclamación de una prueba similar en toda España. Es una propuesta que lleva años sobre la mesa. Desde que este examen se iniciara en España, hace 45 años. "Luego, los resultados valen para cualquier universidad de cualquier Comunidad Autónoma, así que habría que hacerlo igual", indica el dirigente sindical.

    ​Considera el experto que no tiene sentido alterar el examen por provincias si los contenidos son estatales. "El problema de este año es que la cantidad de asistentes es mayor, pero las plazas en las carreras son las mismas, así que seguirá habiendo competitividad", apunta.

    A Esther García, por ejemplo, la nota le da de sobra para su posible futuro en criminología. Aunque ha hecho algunos exámenes "regular", solo piensa en haberse liberado de nervios y calendarios atrasados. "Por fin ha terminado. Ahora, a disfrutar de esta noche y del verano", sentencia, aunque el coronavirus le haya acortado las vacaciones y la obligue a llevar mascarilla.

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