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    Tras enfrentarse al COVID-19 sin los equipos mínimos para garantizar su seguridad, los médicos de la Comunidad de Madrid están poniendo en marcha distintos procesos de movilización para visibilizar las condiciones de precariedad con las que afrontan el escenario posterior a la mayor crisis sanitaria en la historia reciente del país.

    Desde hace ya varias semanas, los profesionales sanitarios se reúnen los lunes a las ocho de la tarde en las puertas de sus centros de trabajo para pedir más inversión en un sistema público esquilmado por las políticas de austeridad impuestas como respuesta a la crisis de 2008.

    Estas concentraciones, convocadas por la plataforma Sanitarios Necesarios, se trasladarán este 22 de junio también a la céntrica Puerta del Sol de Madrid, frente a la sede del Gobierno regional.

    "¿Quién cuida de quien te cuida? Los trabajadores de la Sanidad necesitamos que se nos escuche"", reza el cartel de la convocatoria, difundido en redes sociales junto a un mensaje que clama "más recursos, más contratos dignos, refuerzo de la atención primaria, no más recortes y no más precariedad".

    No será la primera concentración de batas blancas que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se encuentre frente a su sede gubernamental. De hecho, será la segunda en 48 horas, lo que da cuenta del nivel de hartazgo en el sector.

    Este 20 de junio la Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad (CAS) consiguió reunir a unas 2.000 personas en una marcha que recorrió las calles de la capital española.

    De forma simultánea a esta marcha, profesionales de la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (AMYTS) se concentraron en la Puerta del Sol para homenajear a las víctimas de la pandemia y denunciar el "maltrato" dispensado por las instituciones a los encargados de luchar contra ella.

    Luciendo luto debajo de sus batas blancas —y siempre guardando la distancia de seguridad— cientos de sanitarios guardaron un minuto de silencio en honor de todas las víctimas, pero con una especial atención a los 63 facultativos fallecidos por COVID-19, convertidos en símbolo del sacrificio asumido por los profesionales de la salud.

    ​El secretario general de AMYTS, Julián Ezquerra, tomó la palabra en el acto para "denunciar el menosprecio y maltrato que los profesionales, los médicos, los facultativos, recibimos por parte de las diferentes administraciones".

    Huelga indefinida

    A esta amalgama de movilizaciones en las calles se unen ya propuestas de huelga como la formulada por los MIR (Médico Interno Residente) de Madrid, un colectivo que encarna aquello a lo que se refieren los profesionales del sector cuando se habla de maltrato institucional.

    Este colectivo, compuesto por 5.515 trabajadores, está llamado a la huelga indefinida a partir del 13 de julio si la Comunidad de Madrid no se sienta con ellos a negociar la elaboración de un convenio para atajar su situación de precariedad.

    La residencia médica se refiere al conjunto de actividades que debe cumplir un médico en periodo de formación mientras se especializa en una disciplina concreta.

    Aunque el objetivo teórico de esta relación laboral es la obtención del título de especialista, el residente se convierte desde su entrada en el hospital en mano de obra barata, siendo sometido a una alta carga de trabajo a cambio de un sueldo-beca que no alcanza para cubrir el coste de la vida en Madrid.

    Según explicó a Sputnik Pedro Viaño Nogueira, residente en el Hospital Infantil Niño Jesús de Madrid, para un MIR es algo habitual "hacer unas seis guardias a la semana, en algunas ocasiones con turnos de 17 horas y en otras con turnos de 24 horas siempre que se pueda".

    "Si no hacemos guardias, nuestro sueldo base ronda los 1.100 euros. Es decir, que un médico después de terminar la carrera y superar una oposición cobra poco más del salario mínimo —fijado en 1.050 euros actualmente— si no hace guardias extenuantes. Todo eso teniendo en cuenta que, además, es difícil encontrar un piso en Madrid por el que pagues menos de 900 euros al mes", relata Viaño, miembro del Comité de Huelga de los MIR.

    En adición a la precaria situación económica —Madrid es la segunda comunidad de España que menos paga a sus MIR— los residentes están cansados de ser utilizados en los centros de salud como un "comodín" para suplir las carencias generadas por los recortes, lo que en ocasiones les hace imposible prepararse su especialidad de forma adecuada.

    "Los residentes llevamos años siendo utilizados para cubrir las carencias del sistema de salud y ahora con la pandemia de COVID-19 hemos sido vapuleados con jornadas infinitas que ni siquiera se nos van a reconocer como guardias", comentó Viaño a Sputnik.

    El galeno recordó que "muchos compañeros se han dejado la piel trabajando a pie de cama con pacientes de COVID-19 para cobrar el salario mínimo pese a haber trabajado más que nunca en su vida profesional".

    Camas calientes

    La lista de quejas de los MIR no acaba ahí. De hecho, los residentes denuncian incluso que los hospitales les obligan a mantener prácticas insalubres del todo incompatibles con la contención del COVID-19.

    Una de esas prácticas es la de las llamadas "camas calientes", es decir, el uso comunitario de dormitorios durante las guardias de 24 horas entre los residentes sin ni siquiera cambiar las sábanas.

    "La gente no sabe que el médico que les atiende a las cuatro de la mañana en urgencias se va a ir a descansar el rato que pueda en una cama que ha sido usada por al menos otro compañero (…) Cuando decimos cama caliente es literal, es que el compañero que te hace el relevo estaba durmiendo en ella hace cinco minutos. Es un problema grave, porque te expones tú y a los pacientes a un contagio", explica Viaño.

    Todo lo contado por el galeno explica fenómenos como la dificultad de Madrid para retener a los médicos después de formarlos e incluso la fuga de talentos a otros países como Portugal o Irlanda donde —según Viaño— "se ofrecen mejores sueldos y mejores condiciones para el desarrollo profesional".

    Pese a todas las situaciones expuestas por el representante del Comité de Huelga, la Comunidad de Madrid cierra la puerta a negociar un convenio con el que atajarlas.

    Esto agrava la sensación de maltrato de los médicos y acerca la posibilidad de un paro indefinido a partir del 13 de julio, fecha en la que el colectivo sanitario, ya muy enfadado, puede convertirse en una olla presión a punto de estallar si los hospitales pierden la mano de obra de los residentes.

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    maltrato, combate, médicos, Madrid, España
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