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    La filial de la empresa Urbana de Exteriores, Suricatta Systems, propone una solución a los problemas que asolan los campos de refugiados. Unos módulos de plástico biodegradable, autosuficientes y con mejores condiciones de habitabilidad que las tiendas de campaña. Estructuras que también sirven para luchar contra el coronavirus.

    Más de 70 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, según ACNUR. Forzadas por la guerra o un desastre natural, familias enteras dejan atrás sus domicilios para acabar bajo las lonas de una tienda de campaña. Infraestructura que no siempre cuenta con las mejores condiciones de habitabilidad. A veces frías, otras calurosas, incómodas en muchas ocasiones. Problemática que afecta también a los trabajadores de los campamentos. Sin embargo, muchos se resignan ya que, en situaciones de emergencia, no hay nada más rápido que montar.

    Situación que comprobaron los equipos de la empresa alicantina Urbana de Exteriores durante la reconstrucción de varios edificios afectados por los terremotos de Haití en 2010 y de la localidad murciana de Lorca en 2011. Con sus propios ojos vieron las condiciones de vida de las víctimas del desastre, refugiados bajo los opacos techos de las tiendas. Vivencias que fueron germen de un nuevo proyecto: Suricatta Systems.

    "Queríamos mejorar las condiciones de habitabilidad de los módulos metálicos, carpas, tiendas de campaña y contenedores. Son productos que se llevan utilizando desde hace miles de años sin ninguna mejora ni evolución", comenta Pedro Sáez, arquitecto y CEO de Suricatta Systems.

    Trabajadores de la constructora se reunieron con directores de campamentos de refugiados y con miembros de los Cascos Azules para conocer las dificultades con las que se encuentran al tener que desplegar estas infraestructuras de emergencia. Tres años después, tras largas jornadas de desarrollo e investigación, en colaboración con la Universidad de Alicante, Fab Lab Alicante y Barbarela Studio, nace Shelter Unit for Rapid Instalation (SURI). "Se trata de un sistema de arquitectura modular de rápida disponibilidad. Con él, podemos habitar y trabajar de forma digna en cualquier espacio sin necesidad de esperar mucho tiempo", asegura Sáez.

    Precisamente, la facilidad de montaje y transporte es una de las principales ventajas de estos módulos habitables. Pueden viajar plegados y solo en un contenedor marítimo entran cinco de estas estructuras. En una furgoneta, cabe uno de 16 metros. Además, se puede instalar de manera sencilla entre dos personas sin utilizar herramientas. "Son como un LEGO", destaca el arquitecto.

    Los SURI están construidos con plástico reciclable y biodegradable de gran resistencia. Además, está pensado para que sea autosuficiente mediante el uso de paneles solares y un sistema de recogida del agua pluvial. Una independencia energética que potencia con la capacidad del módulo de conseguir una ventilación natural que mejora las condiciones de habitabilidad. "El uso de materiales transpirables, aislantes e impermeables permite que se utilice menos energía para calefactar o refrigerar el habitáculo. Está comprobado que el refugio es capaz de bajar la temperatura 10 grados sin necesidad de aire acondicionado. En el SURI, todo está enfocado al ahorro de recursos, ya sea en transporte, construcción o energía", afirma el CEO de la compañía.

    Espacios que tienen múltiples usos. Con un mínimo de adaptación y material, los módulos pueden ser casas o escuelas en campos de refugiados. Sirven al ejército para el levantamiento de puestos de mando o viviendas para los soldados. En la ciudad, ayudan a ampliar los áticos o a montar casetas de obra y de venta. Módulos que también funcionan como engrandecimiento de fábricas u oficinas. Incluso, son útiles en la lucha contra el coronavirus. "Hemos tenido pedidos que van desde ambulatorios hasta un hospital de campaña bastante grande. También arcos de desinfección y unidades de triaje a la entrada de los centros sanitarios, donde se realiza la toma de temperatura", enumera Sáez.

    Interés internacional

    La versatilidad y resistencia de SURI han traspasado las fronteras españolas. Sus posibilidades en casi cualquier clima del mundo, gracias a los test realizados en emplazamientos a 20 grados bajo cero y en lugares con más de 50, han llamado la atención de personas de los cinco continentes. "Estamos presentes en 15 países y funcionamos con distribuidores en otros cuatro", apunta el CEO de Suricatta Systems.

    En España, el Ejército de Tierra está interesado en los módulos de la compañía alicantina. Sin embargo, el mercado internacional tiene mucho más peso que el nacional según Sáez. "El producto es 100% español, pero aquí nos cuesta un poco más aceptar las innovaciones. Trabajamos mucho con Estados Unidos y es muy distinto porque siempre están deseando probar cosas nuevas. Es más, durante la pandemia los pedidos aumentaron y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias estadounidense los está empleando para luchar contra el coronavirus".

    Una infraestructura con la que también se abraza la filosofía de la filial de la empresa. "Nos gustaría que SURI se convirtiera en un referente arquitectónico", manifiesta Sáez. Suricatta Systems propone volver al pasado, cuando era mucho más fácil habitar un sitio. "Ahora supone muchos recursos construir una casa. Todo se ha complicado y, además, se utilizan materiales poco eficientes energéticamente como el cemento, el hormigón o el vidrio. Nosotros hemos querido cambiar eso. No tiene que ser tan complicado habitar un sitio dignamente".

    "Utilizar materiales transpirables como la piedra o la cal, típicas de las casas de campo, para facilitar el ahorro energético. Por otro lado, poder ampliar o reducir la casa cuando lo necesitemos sin dejar huella en la naturaleza. Lo que era construir en el pasado. Todo eso lo hemos querido recuperar, aunque con tecnología moderna".

    Dar un paso atrás para mirar al presente.

    Etiquetas:
    coronavirus, refugio, Alicante, campo de refugiados
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