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    Hace casi un siglo desapareció en México el avión español Cuatro Vientos, que posteriormente dio nombre al aeródromo madrileño. Se proponía replicar la hazaña de Cristóbal Colón cruzando el Atlántico desde Sevilla hasta México.

    El capitán Mariano Barberán y el teniente Joaquín Collar aterrizaban con éxito el 11 de junio de 1933 en Camagüey (Cuba), donde fueron recibidos por una entusiasta multitud. En 40 horas y 3 minutos habían recorrido desde Sevilla 7.895 kilómetros, la mayor distancia alcanzada hasta entonces en un vuelo sin escalas.

    Barberán y Collar cruzaron con éxito el Atlántico, pero aquella solo era la primera etapa de su viaje. Su destino final era México. Los medios de comunicación nacionales e internacionales estaban ansiosos por conocer más detalles sobre el recorrido, asunto que el capitán Barberán quiso evadir desde el principio: 

    "Todo el mundo habla de nuestros ensayos y de nuestros estudios como si su solución fuese inmediata; con una denominación además equivocada. El vuelo que estudiamos Collar y yo, no es Sevilla–La Habana, pese a lo propagado en los periódicos, es España–Cuba–Méjico. El punto de partida será seguramente Sevilla, pero una vez dado el salto aterrizaríamos en cualquier aeródromo de los muchos que hay en la parte oriental de la isla de Cuba; más internados si los vientos nos hubieran favorecido en la travesía", explicaba el capitán Barberán. 

    El 10 de junio salía desde Sevilla el avión Cuatro Vientos después de cuatro meses de construcción (empezó en enero de 1933 y se concluyó el 15 de abril del mismo año), convirtiéndose en un símbolo de orgullo y esperanza para la aviación militar española. 

    Trabajadores junto al avión Cuatro Vientos en 1933
    Trabajadores junto al avión Cuatro Vientos en 1933

    Según datos del Ejército del Aire, después de realizar un minucioso estudio meteorológico, el teniente coronel José Cubillo, con una dilatada experiencia en navegación aérea, seleccionó como ruta más favorable la de Sevilla, Islas Maderas, San Juan de Puerto Rico, Isla de Santo Domingo, Cuba y México, por lo que la aeronave "debía tener al menos un alcance de 8.000 kilómetros"; para el despegue se eligió Sevilla por su escasa altitud. 

    Por otro lado, no se fijó en ningún momento el punto exacto de aterrizaje en Cuba, pues la meta era la isla, pretendiéndose, eso sí, aterrizar preferentemente en La Habana.

    A los treinta y dos minutos del despegue el Cuatro Vientos abandonaba la costa española. A la izquierda quedó Sanlúcar de Barrameda, de donde Colón había partido en su tercer viaje al Nuevo Mundo. Al llegar a Camagüey (Cuba) el que por aquel entonces trabajaba como corresponsal para Asociated Press (AP), Walfredo Rodríguez, se encontraba esperando el avión en el aeropuerto, donde llovía ligeramente:

    "Estaba en el aeropuerto de esa ciudad esta tarde cuando dos cansados, pero felices aviadores españoles aterrizaron en el trasatlántico Cuatro Vientos, después de un viaje sin parada de cuatro mil novecientas millas. 'Hemos tenido un vuelo magnífico', dijeron los aviadores españoles al salir del aparato. Collar quiso fumar. Le di un cigarrillo americano. Rehusó. Fumó de los suyos", narraba el corresponsal cubano. 

    Desde Camagüey se dirigieron a La Habana, donde recibieron incontables actos de homenaje. Estaba previsto que aterrizaran doce horas después en el aeropuerto de Balbuena (México), pero nunca llegaron a su destino.

    El día de la desaparición

    Existen varias hipótesis sobre el trágico desenlace. Una de las teorías asegura que en el momento de la partida los aviadores no tenían aún trazado el itinerario exacto a seguir, pues solo la habían fijado hasta Villa Hermosa, para después decidir la más idónea. Así lo manifestaron aviadores cubanos que habían comentado con Barberán el innecesario peligro del vuelo directo de La Habana hasta México, tal y como informa el Ejército del Aire en su informe sobre el suceso

    Más de 20 aviones preparados para dar escolta al Cuatro Vientos a su llegada a México, salieron en su búsqueda, pero regresaron cuatro horas más tarde por que se había desencadenado una fuerte tormenta local. Mientras tanto, cientos de personas esperaban ansiosas para para darles la bienvenida a pesar de la fuerte lluvia. 

    Otra de las teorías, más incómoda y trágica por el desenlace, sustenta que ambos pilotos fueron asesinados brutalmente por los indios. Así lo explica José Luis Depetre en su libro La tragedia de Méjico. Según esta versión, la muerte de Barberán y Collar se produjo a manos de los indios del Estado de Veracruz. Ocurrió a 15 kilómetros del rancho de La Paz, dice, propiedad de Antonio Avendaño. 

    A día de hoy, la desaparición de la aeronave sigue siendo uno de los grandes misterios de la aviación. El Ayuntamiento de Sevilla, con fecha 12 de noviembre de 1933, dedicó una lápida con el siguiente grabado: "A la gloriosa memoria de Barberán y Collar, artífices del vuelo a Cuba y víctimas en la ruta a Méjico".

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    misterios, desaparición, Cristóbal Colón, avión, avión militar
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