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    Toda España avanza en el proceso de desconfinamiento (185)
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    La crispación política en España no atiende a llamados. Ni la petición de la presidenta del Congreso de los Diputados ni el hartazgo de la población, tal como lo revela una reciente encuesta, han logrado frenar la escalada de confrontación.

    La presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, ha pedido entender "la importancia de no perder el respeto" al contrincante. El dirigente del Partido Popular y presidente de la Junta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, ha recomendado ponerle fin a "los espectáculos parlamentarios" y el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, ha hecho un llamado a la concordia y a la tolerancia.

    Desde la calle, la ciudadanía también ha enviado su mensaje. Según un reciente sondeo de la encuestadora Metroscopia, un 85% de la población considera que la actuación de los representantes políticos es lo que "más erosiona la convivencia en el país". Sin embargo, hay quienes no lo ven así.

    Para la portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Cayetana Álvarez de Toledo, el llamado que les ha hecho Batet no es más que "la vieja mordaza que se pretende poner a la oposición cuando denuncia atropellos gubernamentales". Y así, la crispación política en España se ha resistido a entrar en cuarentena en medio de la mayor emergencia sanitaria que haya vivido la humanidad en un siglo y que en este país ha provocado la muerte de más de 27.000 personas.

    ​"Aquí la cultura política de la derecha está muy alejada a la del resto de Europa. En el resto de Europa nace de un profundo convencimiento antifascista surgido de la Segunda Guerra Mundial, pero España en ese sentido es una excepción porque aquí el fascismo siguió gobernando hasta 1975 cuando murió Francisco Franco. La derecha que surge a partir de 1975 hasta nuestros días es una derecha que no ha tenido que purgar su pasado fascista y esa cultura política emana cada vez que la izquierda está en el Gobierno porque consideran que el poder les corresponde a ellos por derecho divino y que la izquierda está completamente deslegitimada para gobernar", explica el periodista y documentalista español, Antonio Maestre, autor del libro Franquismo S.A.

    ​Según el sondeo que realizó la encuestadora Metroscopia entre el 1 y 2 de junio, un 94% de los consultados considera "inadmisible" el tono con el que se están desarrollando las discusiones en el Parlamento. 82% responsabilizó a Santiago Abascal (Vox) por la crispación, 75% señala al PP, 69% a Unidas Podemos, 59% al PSOE y 40% a Ciudadanos.

    ​​El ejemplo más reciente de esa confrontación política se vivió el pasado 3 de junio durante el debate para la última prórroga del estado de alarma. Ese día, el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, hizo un llamado al respeto y a la tolerancia política entre los representantes del Congreso más diverso que ha tenido el país desde la llegada de la democracia.

    "El virus no preguntó por la ideología de los infectados, no distinguió territorios ni clases sociales ni ideologías. Virus es un término que viene del latín y que significa veneno. Lo estamos viendo en algunos lugares, señaladamente en Estados Unidos, y no queremos verlo cuajar en España. El veneno es el odio. El veneno del odio es el más dañino porque corroe las sociedades y aniquila las comunidades. No queremos eso para nosotros ni para nuestros hijos", alertó Sánchez.

    A ese llamado, el presidente del PP, Pablo Casado, respondió así:

    "El que reparte cicuta habla hoy de veneno, como el pirómano que alecciona sobre incendios (…) Ya entonces le avisamos que liderando una amalgama de radicales usted podría ser investido, pero no podría gobernar y el tiempo nos ha dado la razón".

    Santiago Abascal tampoco atendió al llamado que hizo Pedro Sánchez y aprovechó su tribuna en el Congreso para acusar al vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, de querer provocar una guerra civil.

    "No voy a decir que no se atreve porque en su vanidad y en su fanatismo es capaz de provocar cualquier drama en España", sostuvo Abascal.

    ¿A quién conviene?

    Para el politólogo de la Universidad de Granada, Cristian Gracia Palomo, esta vieja maniobra de crispación política persigue claros objetivos.

    "Es una clara estrategia del desgaste permanente hacia el Gobierno progresista del PSOE y Unidas Podemos, pero es lo mismo que se hizo en 2004 y 2008. Ellos buscan un desgaste del Gobierno de cara a las siguientes elecciones y evitar que puedan avanzar con leyes progresistas que puedan hacer cambios más estructurales a lo que ellos han estado defendiendo. Al final eso también ata de manos y pies a los gobiernos progresistas que ha tenido este país porque si tienen una oposición muy fuerte es muy tentador pensar en no cambiar muchas cosas para evitar que el nivel de crítica sea muy alto", indica Gracia.

    La portavoz del PSOE en el Parlamento, Adriana Lastra, denunció el pulso que está planteando el PP: "o gobierna la derecha o convierten la política y las instituciones en un campo de batalla". Lastra ha pedido abandonar esa política de "tierra quemada" que "degrada la institucionalidad y la democracia" del país.

    "El PSOE es consciente de que, en una situación como esta, teniendo el Gobierno, mantener un perfil moderado le puede permitir salir reforzado. Las encuestas en toda Europa han demostrado que los gobernantes que han salido reforzados son los que tienen un perfil más moderado. La gente los apoya y repudia los radicalismos. Por su parte, Pablo Casado o el PP se encuentran en la dicotomía de cómo presentarse: si como una oposición responsable, efectiva, o ser consciente de que a su electorado le gusta más lo que oye de Vox, esa virulencia, esa agresividad, explica Maestre.

    ​​El politólogo Gracia advierte que la crispación política también busca el hartazgo y la despolitización de la población.

    "En este país cuando hay una situación de hartazgo muy grande, la gente no va a votar y eso suele favorecer a la derecha porque su electorado es más disciplinado y sí va a votar. Aquí la gente más apolítica es mucho más fácil que se identifique con opciones progresistas, pero si hay una alta situación de confrontación y conflicto lo que le apetece es no seguir en esa división, no seguir las noticias políticas o ni siquiera ir a votar porque piensan que todos son iguales y no merece participar en ese circo", alerta Gracia.

    Los temas de la discordia

    Desde el primer debate de investidura, el PP y Vox han calificado al Gobierno como "ilegítimo" y advirtieron que contra él desplegarían todos los mecanismos posibles.

    En apenas cinco meses han amenazado al Gobierno con ir a los tribunales por varias causas:

    1. No respetar la separación de poderes al nombrar Fiscal General del Estado a quien fue ministra de Justicia de Pedro Sánchez.
    2. Querer dividir España al sentarse en una mesa de diálogo con las fuerzas independentistas de Cataluña
    3. "Blanquear a la dictadura de Maduro" por el encuentro del ministro Ábalos con la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez en el aeropuerto de Barajas.
    4. "Ser responsables" de la muerte de las víctimas del coronavirus por "actuar tarde" y "comprar material sanitario defectuoso".
    5. Autorizar la marcha del Día de la Mujer del 8 de marzo que, según ellos, fue el principal propagador del virus.
    6. Haber destituido al coronel Diego Pérez de los Cobos cuando se descubrió que un equipo de la Guardia Civil a su mando hacía una investigación secreta solicitada por la magistrada Carmen Rodríguez-Medel sobre la autorización gubernamental de actos multitudinarios días antes de decretarse el estado de alarma el pasado 14 de marzo.

    "Hay indicios claros de intentos de instrumentalizar a la justicia desde el ámbito político. Está claro que se está intentando trasladar la propia conflictividad del Parlamento a los juzgados. Yo creo que la tentación está ahí y esos intentos quedan acreditados por la multitud de acciones judiciales que están presentándose ahora mismo en los tribunales españoles que, en muchos casos, son acciones desproporcionadas, injustificadas, en perjuicio de que pueda haber alguna que tenga algún fundamento. Yo confío en que el poder judicial no se deje utilizar y que aplique de manera estricta el ordenamiento jurídico sin intentar favorecer a ninguna de las partes del conflicto", sostiene el magistrado español Joaquim Bosch.

    El periodista Antonio Maestre alerta que la táctica del lawfare ya ha sido aplicada en otros países y pide al Gobierno mirarse en "el espejo Lula", donde una supuesta investigación policial terminó con la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y con el encarcelamiento del expresidente y líder del Partido de los Trabajadores, Luiz Inácio Lula da Silva.

    "Ellos son conscientes de que la querella, la demanda penal contra Fernando Simón y contra el delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid por la marcha del 8M no va a ningún lado. Allá en Brasil la corrupción judicial está mucho más avanzada, pero aquí en España lo que buscan es que la noticia constante marque la agenda pública, que estemos constantemente hablando de ello y crear una mácula de sospecha sobre el Gobierno diciendo que ellos, a pesar de que sabían que el riesgo epidémico era gravísimo y que la gente iba a morir, dejaron que la manifestación del 8M se celebrase por interés político. Esa es la intención. El problema está en que se ha utilizado a una institución de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, como es la Guardia Civil, para a través de unos informes llenos de manipulaciones, mentiras y errores gravísimos intentar inculpar a un Gobierno. Es una cosa muy grave", insiste Maestre.

    La oposición se mantiene firme y pide la cabeza del ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska por la destitución del Pérez de los Cobos. Denuncian una "purga" dentro de la Guardia Civil. Sánchez asegura que el ataque es porque su ministro del Interior "está destapando la policía patriótica".

    "La Policía Patriótica nace de la época de Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior de Mariano Rajoy, en el que a través de la Junta Operativa de la Policía Nacional unos comisarios creaban informes falsos para filtrar a la prensa mentiras sobre adversarios políticos. Esta dirección adjunta de la Policía Nacional sirvió, por ejemplo, para crear el informe Pisa para intentar culpabilizar a Pablo Iglesias de haber recibido dinero de paraísos fiscales, de Venezuela, Bolivia. Sirvió también para crear informes falsos contra el independentismo. Es decir, ellos buscaban a través de la policía la creación de informes falsos que filtraban a periodistas afines, como Eduardo Inda, para perjudicar electoralmente a los enemigos políticos del PP", explica Maestre.

    Aznar, su sello y sus hijos

    El politólogo Gracia y el periodista Maestre apuntan que este tipo de "política bronca" no es algo novedoso en España. Maestre apunta que lo que se vive hoy tiene el sello del expresidente José María Aznar, quien gobernó este país entre 1990 y 2004.

    ​"Lo cuenta muy bien Manuel Vázquez Montalbán en un libro que se llama La Aznaridad. Ellos son los creadores del ultranacionalismo español nacido en la democracia, pero que bebe del franquismo. Ellos crearon una oposición muy agresiva, sobre todo cuando perdieron el Gobierno después del atentado del 11 de marzo de 2004. Era una oposición desleal, agresiva, que se iba a las calles creando conspiraciones, acusando al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de asesino. Decían que eran responsables del atentado del 11M y que llegaron al poder por eso. Le acusaban directamente de tener las manos manchadas de sangre, acusaron a la policía de aquel momento de haber creado pruebas falsas para intentar evadir la responsabilidad e insistían que había sido ETA en lugar de los islamistas. Es decir, crearon una oposición basada en la mentira, en la conspiración, en los insultos y de esa cultura política es de la que vienen todos los de ahora", puntualiza Maestre.

    ​​Maestre indica que José María Aznar, ese mismo joven que a finales de los 70 escribía artículos de opinión en el diario La Nueva Rioja para repudiar la Constitución de 1978, que abiertamente se reivindicaba como falangista y cuyo padre estuvo encargado de las tareas de propaganda del régimen franquista, es quien hoy mueve los hilos de un sector de la política española.

    ​"José María Aznar es el oráculo de la derecha española. Él, a través de FAES, ha creado a todos estos líderes. Cayetana Álvarez de Toledo, Pablo Casado, Santiago Abascal son todos de su creación y no se entiende la derecha actual sin Aznar", insiste Maestre.

    ​Lo que el tiempo dirá es si el sector más radical de la oposición española romperá con esos viejos vínculos y apostará por la reconstrucción del país o si seguirá tensando la cuerda.

    "Bajar la tensión dependerá casi exclusivamente de las derechas y, creo, eso no lo van a hacer. Pero esto también puede ser una oportunidad para el Gobierno de izquierda de este país para no frenarse a la hora de aplicar políticas progresistas y avanzar en derechos. La mejor forma de evitar que sigan usando ese discurso es que ellos se den cuenta de que no sirve, viendo que no son capaces de asustar al Gobierno, aplicando el programa de Gobierno de coalición y avanzar todo lo posible. Este país sí o sí necesita una refundación profunda en muchos aspectos, principalmente en lo económico y en la protección social. Ahora es el momento de ser lo más valiente posible para avanzar", opina Gracia.  

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    Gobierno de España, Congreso de los Diputados de España, España
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