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    MADRID (Sputnik) — El parón económico a causa de la pandemia de COVID-19 ha vuelto a poner de relieve la debilidad del tejido industrial en España, que en los peores momentos de la crisis se vio obligado a buscar material sanitario en el extranjero a precios desorbitados.

    El propio ministro de Sanidad, Salvador Illa, reconoció en sede parlamentaria que la necesidad de adquirir el material "lo antes posible" llevó al Gobierno a comprar material a un precio elevado porque "el mercado estaba como estaba".

    Salvo contadas excepciones —como la automovilística SEAT, que adaptó su producción para fabricar respiradores— la industria española ha mostrado poca capacidad de respuesta, lo que no ayudó al Gobierno a buscar soluciones en el mercado interior.

    "Toda esta situación ha demostrado la debilidad de la industria española en el sector específico sanitario, pero hay que destacar que se trata de algo generalizado", explica a Sputnik la académica Gemma Cairo, profesora de Economía Mundial en la Universidad de Barcelona.

    A su modo de ver, la situación creada por la pandemia hace que "llueva sobre mojado", destapando las carencias de un tejido industrial muy débil.

    Décadas de retroceso

    El peso de la industria en la economía española es de un 16% del PIB, unas cifras que se encuentran lejos de cumplir con el objetivo marcado por la Unión Europea, que pide a sus estados miembros situar ese porcentaje en un 20%.

    La debilidad de la industria española se evidenció especialmente en la última semana con la decisión de Nissan de abandonar sus fábricas en Barcelona, un cierre que deja sin trabajo a más de 3.000 personas de forma directa y a otras 25.000 de forma indirecta.

    En adición, la empresa estadounidense Alcoa también anunció anunció el despido de más de 500 trabajadores en una planta dedicada a la producción de aluminio en Galicia.

    A principios de la década de los 80 la industria representaba en torno al 30% del PIB, pero en las últimas décadas perdió protagonismo ante el ladrillo —sobre todo en la década de los 2000, hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria— y al auge del sector turístico al calor la entrada de España en la UE.

    "El tema es que había una oferta aquí que casaba mucho con una demanda de países ricos europeos que generaba muchos ingresos para la economía española", explica Gemma Cairo.

    Con el fantasma de la crisis económica de 2008 todavía a las espaldas, una vez estallada la burbuja, España consiguió en los últimos años cimentar su recuperación económica en la pujanza del sector turístico.

    Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en 2019 se registraron máximos históricos tanto en la llegada de visitantes extranjeros (83,7 millones de personas) como en la cantidad de dinero que estos turistas se gastaron en el país (92.278 millones de euros).

    Aunque el Gobierno ya se encuentra trabajando en planes para reactivar el turismo tras la crisis sanitaria, las perspectivas para el sector no son halagüeñas en el corto plazo, enfrentándose a un mundo postpandemia en el que el miedo al contagio seguirá limitando la movilidad una vez se abran las fronteras.

    Según pronósticos del Banco de España, la economía del país caerá entre el 9,5 y el 12,4% en 2020. Pese a que la pandemia no se podía prever, su impacto y sus características avivan el debate sobre la necesidad de cambiar el modelo productivo en España.

    Nuevos horizontes

    "Estamos ante una tragedia, pero también ante una buena ocasión para incluir cambios significativos", señala, Jesús Ruiz-Huerta, catedrático de Economía Aplicada y director del Laboratorio de la Fundación Alternativas.

    Una de las apuestas del Gobierno de España para reactivar la economía —y más concretamente la industria— tras la crisis pasa por la transición hacia una economía verde.

    La vicepresidenta cuarta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribero, aseguró recientemente que el contexto de crisis ofrece "una oportunidad estupenda para orientar el proceso de recuperación hacia un modelo de prosperidad estable y respetuosa con los límites del planeta".

    Ribero pronunció estas palabras tras presentar su anteproyecto de ley de cambio climático, que prevé la movilización de 200.000 millones de euros —el 70% mediante capital privado y el resto público— en distintos planes de inversión entre 2021 y 2030.

    En el marco de esa ley se plantea que España debe producir el 70% de su energía de forma renovable en 2035 o que todos los coches nuevos deben ser de cero emisiones a partir de 2040, unos objetivos inalcanzables sin un sistema industrial enfocado a ello.

    Los expertos consultados por Sputnik señalan que en el corto plazo España se verá obligada a depositar las esperanzas de su recuperación en el turismo y los servicios, que ya demostraron su capacidad de generar empleo de forma rápida.

    "Con la aportación al valor añadido y aportación de empleo que genera el turismo es inevitable, por lo que no creo que se pueda generar una modificación radical a corto plazo", señala Jesús Ruiz-Huerta

    No obstante, ven con buenos ojos la apuesta por la economía verde como palanca de cambio para que la industria recupere peso, lo que puede tener un efecto multiplicador a largo plazo.

    "Sin duda va a haber una reorientación, y esa es una vía. España ya ha demostrado que en la industria de renovables tiene campo. Además no se trata solo de una vía para reconducir la economía, es una cuestión de obligado cumplimiento porque el sector energético de combustibles fósiles se dirige al agotamiento", apunta Gemma Cairo.

    En ese sentido, Jesús Ruiz-Huerta añade que "en Europa se está apostando por la economía verde", por lo que además se da un contexto propicio para conseguir fondos comunitarios con los que financiar esa transición.

    Enfoque integral

    Del mismo modo, este experto de la Fundación Alternativas también advierte que si se quiere cambiar el modelo productivo no basta con movilizar inversiones, sino que hace falta un enfoque integral.

    "Si queremos apostar por una industria competitiva que tenga un papel superior al que ha venido teniendo hasta ahora, es necesario plantearse una reforma del sistema educativo", dice.

    Pero por encima de todo, Jesús Ruiz-Huerta destaca la importancia de que la revitalización industrial no dependa del Gobierno de turno, por lo que reclama "un pacto de estado por la industria que otorgue al sector más protagonismo como motor de crecimiento".

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