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    Toda España avanza en el proceso de desconfinamiento (163)
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    Oriol Juvé lleva más de dos meses encerrado en el interior del hotel Urban de Madrid. Es su director y en sus vacíos pasillos y salones está pasando la pandemia. Confinamiento marcado por abrir grifos o limpiar la piscina, pero también por tocar la guitarra en la terraza. Solo, pero entretenido.

    El 15 de marzo España se levantó enclaustrada. Era el primer día del confinamiento, la puerta a una realidad jamás vista en el país. El coronavirus había conseguido lo impensable: dejar las calles desiertas. El silencio se apoderaba de la vía pública, roto, en ocasiones, por el paso de las ambulancias o los operarios que se dedicaban a desinfectar las aceras. La población observaba de sus ventanas lo que antaño había sido una terraza y se relamía. Ahora, el bar sería la cocina y la habitación, si había suerte, la oficina.

    Un panorama desolador que Oriol Juvé contemplaba desde su terraza. Un espacio situado en pleno centro de Madrid, a escasos metros del, también parado, Congreso de los Diputados. En concreto, sobre el edificio de cristal que baila entre la Carrera de San Jerónimo y la Calle de Cedaceros. En ese punto se encuentra su casa, el hotel Urban, del que es director.

    Juvé llegó a Madrid hace un año y medio para convertirse en director de este establecimiento de cinco estrellas y del hotel Villa Real, justo enfrente del Congreso de los Diputados y también de cinco estrellas. Momento exacto en el que el Urban se convirtió en su nueva residencia. "Desde el principio pedí a la empresa propietaria, Derby Hoteles, vivir dentro del hotel. Como director es mejor porque puedes tener más contacto con el servicio, estar más atento a lo que sucede dentro…Además, como mi familia está en Portugal, tampoco necesitaba otra cosa", comenta.

    Lo que no se esperaba es que 18 meses después no podría salir de él. La pandemia le pilló dentro del hotel y allí se quedará hasta que remita. En soledad, ya que el Urban cerró sus puertas y se vació de turistas y empleados. "Es una experiencia surrealista. Siempre he trabajado en hostelería, más de 22 años. Es extraño estar en un hotel de 96 habitaciones en el centro de Madrid literalmente solo".

    "Actualmente debo ser el ciudadano del centro de Madrid con más metros cuadrados. Más de 7.500 metros cuadrados, así que no me puedo quejar", ríe.

    El día a día

    Edificio que se ha convertido en escenario de su vida. Y no tiene nada que ver con lo que sería la experiencia de un hotel de cinco estrellas. "Obviamente, no hay servicio, por lo que limpio mi habitación, lavo mi ropa y cocino. Me dejaron un hueco en la cocina del restaurante con muchos aparatos. Tengo freidora, máquina de inducción, para gratinar…Sin embargo, he de reconocer que en las últimas semanas he pedido algún Glovo", admite el director del hotel Urban.

    Cada día, Juvé se levanta a las 6.30 de la mañana y sube a la terraza para hacer yoga. Después se ducha y empieza su jornada laboral. No puede ir a su oficina, por lo que ha aprovechado una mesa del restaurante del hotel: "Hay más luz, estoy más visible y veo gente paseando, lo cual se agradece". A las 18.00 acaba sus tareas como director y vuelve a la terraza para hacer más ejercicio. En esta, que es su sitio favorito, también pasa las noches. "Leo, toco la guitarra o me pongo algo en Netflix. Un poco de todo", explica.

    Sin embargo, su labor no se limita al trabajo administrativo. Más allá de estar en contacto con los 170 empleados del Urban y el Villa Real o de crear la newsletter semanal, Juvé realiza un sinfín de tareas para que el hotel, aunque sin clientes, siga con vida. Abre puertas del garaje si viene algún abonado del barrio, riega las plantas de los jardines, recibe las mercancías, barre las hojas o abre los grifos de todas las habitaciones para evitar que surjan brotes de legionela.

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    Another day at the office!🤣😜 Taking care of our magnificient plants & trees. Gardening time! #gardening #takingcareofplants #onedayatatime

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    Con la ayuda del director de mantenimiento y la gobernanta general, que vienen dos veces por semana, Juvé cubre todos los desperfectos que puedan surgir en el hotel, como pérdidas de agua o plantas secas. "Piensa que problemas siempre hay. Todos los hoteles de Madrid tienen ocupaciones importantes, por lo que todos los sistemas, como agua y electricidad, están siempre enchufados. No somos un hotel vacacional, preparado para cerrar durante seis meses. Nosotros no. Por ejemplo, las cañerías al no haber suficiente circulación de agua se abren y producen goteras. Paso en el Villa Real, pero lo detectamos a tiempo. Puede tener poca importancia en un principio, pero si no lo encuentras, te puede destrozar un hotel", asegura.

    No obstante, Juvé saca el lado positivo a esta nueva experiencia.

    "En el Urban, un día la piscina se puso verde. Por lo visto se paró la bomba de clorificación. Llamé al director de mantenimiento, que me dijo como solucionarlo. Por suerte, lo arreglé. Lo bueno es que ya sé cómo como limpiar la piscina. La verdad, estoy aprendiendo de todo. El director de mantenimiento me dice que me puede contratar ya".

    Más miedo al futuro que al hotel

    En total, Oriol Juvé lleva más de dos solitarios meses encerrado en el Urban. Clausura que, sin embargo, no está afectándole en exceso. Reconoce que las nuevas tecnologías ayudan mucho y que sin ellas sería mucho más duro. "Echo de menos a mi familia. Pero si esto hubiese pasado hace unos años hubiese sido terrible. Sin Zoom, ni Whatsapp, con las llamadas telefónicas carísimas, hubiese sido imposible. No podría hablar y ver todos los días a mis hijos".

    Al final, se ha acostumbrado al hotel y al ritmo del confinamiento. Según indica, ni tan siquiera las largas noches en un edificio de gran tamaño para él solo, le roban el sueño.

    "Pensaba que iba a tener mucho más respeto, pero me acostumbré muy rápido. No me focalicé en eso. Hay ruidos de cañerías…pero es lo normal. Es más, duermo con la puerta de la habitación abierta".

    Tanto se ha hecho a la rutina que cree que cuando vuelvan los clientes echará en falta los momentos que le ha brindado tener el hotel a su plena disposición."Siempre he vivido en el hotel, pero nunca he utilizado las instalaciones. No lo hago, porque no son para mí son para los clientes. Ahora hago mis ejercicios en la terraza, disfruto de las vistas…Esos detalles los añoraré", afirma.

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    Finding new places to take great pictures! Getting higher and higher! #derbyhotels #hotelurban #madrid #onedayatatime

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    No obstante, tiene ganas de que se recupere la normalidad. Desde la directiva ya han empezado a trabajar en la futura apertura del hotel. Tienen definidos los protocolos de emergencia e higienización del establecimiento y darán formación telemática a cada equipo según su función en la empresa. Entre las medidas, dispondrán de geles y jabón en todo el edificio, marcarán una distancia mínima entre las mesas del restaurante u obligarán a que los cocineros y camareros trabajen con mascarilla. Sin embargo, Juvé asevera que la postura de Derby, empresa a la que pertenecen el Urban y el Villa Real, no es tan radical como la adoptada por otros hoteleros.

    "No queremos asustar al cliente. Tenemos que dar sensación de seguridad, pero tampoco podemos perder el componente humano. El uso de mascarillas y guantes por parte de todo el personal puede cortar esta relación con el cliente. Tampoco tomaremos la temperatura a los clientes. No somos médicos y no es nuestro rol. Si el Gobierno no lo obliga, nosotros nos mantendremos lo más simple posible".

    Hasta septiembre, Juvé no cree que el Urban abra sus puertas. Así, todavía le quedan casi tres meses de soledad en ese trozo del centro de Madrid. 90 días en los que desde las alturas verá como Madrid poco a poco va resucitando. Más gente y menos silencio en las aceras. Hasta que la desescalada llame a las puertas del hotel con ruido de maletas. Entonces, Juvé dejará de estar solo.

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    hotel, coronavirus, coronavirus en España
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