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    Toda España avanza en el proceso de desconfinamiento (185)
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    Madrid poco a poco vuelve a la normalidad. Las terrazas de bares y restaurantes reaparecen en las calles de la ciudad, señal de la entrada de la comunidad en fase uno. Separación entre mesas, mascarillas y cartas digitales marcan el arranque del sector de la hostelería. Pero, a ralentí y con solo una de cada 10 terrazas abiertas.

    70 días han pasado desde que los bares bajaron las persianas en Madrid. Más de dos meses en los que se convirtieron en cascarones vacíos, en algunos casos, con la posibilidad de preparar comida a domicilio. Pasaron semanas entre la última caña que se tomó Miguel y esta del 25 de mayo. Aposentado en una silla en la calle de Bravo Murillo, este adepto del aperitivo antes de la comida sonríe mientras disfruta de una cerveza y un bol con aceitunas. "No sabes cómo esperaba este momento", ríe.

    Relajado en su mesa, Miguel celebra la entrada de Madrid en la fase uno. Etapa de la desescalada en la que las terrazas pueden volver a operar, aunque a un 50% de su capacidad. Momento marcado en el calendario de los hosteleros y de las 120.000 familias madrileñas que viven de este sector. "Creemos que la gente tiene ganas de recuperar la nueva normalidad y de disfrutar de pequeños momentos de esparcimiento. Aunque debemos hacerlo con responsabilidad, pero sin dejar de disfrutar de estos pequeños avances que nos permite la buena evolución de la pandemia", destaca la asociación Hostelería Madrid, representante del sector ante las administraciones locales y autonómicas.

    Junto a Miguel, más feligreses charlan animadamente. La terraza en la que se encuentran es una de las pocas que han abierto en Bravo Murillo. La reducción de aforo hace que muchos propietarios decidan no abrir y prefieran esperar a la llegada de la fase dos.

    "Creemos que abrirán una de cada 10 terrazas. A medida que avancen las fases, la apertura de locales será mayor. En fase dos ya se puede atender en el interior del local al 40% y vamos a pedir que se pueda ampliar hasta el 50%, como ya están haciendo en otras regiones", señalan desde Hostelería Madrid.

    Mañana animada

    Y es que, en medio del trajín de personas que pasean por las aceras, pocas terrazas asoman en las avenidas del distrito de Chamberí. No obstante, el vacío en calles como Bravo Murillo o Vallehermoso contrasta con la situación en espacios más abiertos y con ausencia de coches. En la glorieta de Quevedo asoman más sillas y mesas y todavía es más elevado el porcentaje en la plaza de Olavide.

    Terraza cerrada en el centro de Madrid
    © AFP 2020 / Gabriel Bouys
    Bajo los árboles de este plácido hueco del callejero de la capital, las terrazas afloran y las personas giran alrededor de la plaza en búsqueda de un sitio. "La mañana empezó animada con bastante público con ganas de sentarse", comenta Juan Miguel, representante del bar Cuatro de Copas, con todas las mesas ocupadas. Lo mismo sucede metros más allá en el restaurante Mamá Campo. "Estamos completos, aunque al ser más pequeña la terraza también se llena más rápido", explica David, encargado del local.

    Respuesta que David da a la vez que atiende sin parar a clientes que buscan comer en la terraza del establecimiento. Una mujer y su hija suspiran aliviadas tras encontrar un hueco a las tres de la tarde. Al otro lado de Olavide, en el restaurante italiano Flavia de Chamberí, la lista de espera es de una semana y media. "La apertura está siendo muy buena. Tenemos una avalancha de reservas", asegura Laura, directora de marketing, comunicación y eventos de la empresa.

    • Imagen referencial de una terraza en la plaza de Olavide
      Terraza en la plaza de Olavide (Madrid)
      © Sputnik / Alejandro Cuevas Vidal
    • Trabajos de desinfección en una terraza de la calle de Fuencarral (Madrid)
      Trabajos de desinfección en una terraza de la calle de Fuencarral (Madrid)
      © Sputnik / Alejandro Cuevas Vidal
    • Terrazas preparadas para abrir en la calle de Fuencarral (Madrid)
      Terrazas preparadas para abrir en la calle de Fuencarral (Madrid)
      © Sputnik / Alejandro Cuevas Vidal
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    © Sputnik / Alejandro Cuevas Vidal
    Terraza en la plaza de Olavide (Madrid)

    Los camareros van y vienen sin parar, cargados con bandejas con copas de vino y tazas de café. La responsable del área de comunicación tampoco está quieta. Además de informar, la joven avisa a los transeúntes constantemente que las mesas sin gente están reservadas. Un trasiego que se repite en todos los locales de la plaza, en los que la mascarilla es fiel compañera. Todos los trabajadores de Flavia de Chamberí, como del resto de establecimientos de Olavide, van con nariz y boca tapada. Sin embargo, esta no es la única medida que están implementando. "Más allá de mascarillas y desinfectantes, tenemos controles de temperatura para todo aquel que entra en el local. En el baño solo puede haber una persona y la fila es de un metro y medio entre cada persona".

    "En la terraza, las mesas tienen una separación de dos metros y las cartas se muestran por código QR. Además, nuestros encargados de barra y terraza se desinfectan las manos cada 15 minutos y se les hace un control de temperatura cuando entran y salen", enumera Laura, en relación a la política de seguridad sanitaria del local.

    La necesidad de llenar el interior

    Unos metros más allá, Georgiana rasca una mesa con un trapo. Con un pulverizador lleno de una solución de agua y lejía prepara la terraza del bar del que es empleada. El suyo es uno de los pocos locales que todavía no ha abierto, aunque espera hacerlo cuanto antes. La camarera está contenta de volver a su puesto de trabajo. "Estaba harta de estar en casa", asevera.

    Considera que hay clientela, sin embargo, para ella, esta no es la solución. "Para ir bien, tendría que estar la barra de dentro llena", masculla tras la mascarilla. En la misma dirección apuntan las palabras de Laura de Flavia de Chamberí.

    "Lo suyo sería que se ampliará la terraza y nos dejarán meter gente dentro. Si tenemos que compensar los gastos de producto, personal con la facturación, con la terraza solo salimos del paso. No es más que un parche. Es más, vamos a establecer un mínimo de 10 euros de consumición por hora. No podemos tener a una persona con un café durante seis horas".

    Para David, la terraza tampoco es la respuesta definitiva, pero sí un respiro. "Paliar no, pero por lo menos regenerar sí. Esperábamos esto como el agua". En relación a la apertura del interior de los locales para el público, tiene ciertas dudas, sobre todo por el miedo que puedan tener muchos clientes a entrar de nuevo a un espacio cerrado. Para Santiago, encargado de otro bar de la plaza de Olavide, el problema de completar el aforo de los establecimientos vendrá, más que por temor, por falta de presupuesto de muchas personas.

    "Hay que tener en cuenta la cosa económica. Mucha gente está en paro o con un ERTE. Hay otras necesidades y no todo el mundo puede venir a tomarse algo a una terraza".

    Santiago tuerce el gesto tras la pantalla de plástico que cubre su rostro. Con un gesto ágil, acciona el grifo, pone vaso y comienza a servir cañas a los clientes que esperan en las separadas mesas de la terraza.

    Cuando no se puede abrir

    Sin embargo, el movimiento existente en Olavide no es extensible a toda la ciudad. Fuera de los frondosos árboles de la plaza, la realidad cambia. Y no hay que alejarse mucho. En las calles más estrechas, donde el aire no corre con tanta facilidad, los bares permanecen cerrados.

    La amplitud de las aceras no es suficiente para poder montar mesas y los locales no consiguen licencia de terraza. Suelen ser establecimientos pequeños, en los que la vida se concentra en la barra. La fase uno no alivia su parálisis y tienen que seguir con las persianas bajadas.

    En la calle de Donoso Cortés, uno de estos bares tiene la verja un poco levantada. En su interior, casi en la penumbra, está su propietario, José, junto a su mujer y su hijo pequeño. La pareja recoge algún encargo a domicilio, al que suman las ayuda a autónomos que han recibido, según él, insuficientes. "Somos una casa de comida familiar. Nos dan 700 euros, que se me van en el gas y luz. No hablemos de pagar un alquiler de 1.500 euros al mes o el seguro. Tenemos que hacer malabares para mantener el negocio".

    Con la llegada de la fase dos, José podría abrir la puerta de su negocio, pero tampoco tiene grandes esperanzas. Para el hostelero, el aforo limitado es casi tan peligroso como estar completo.

    "En el bar entran 20 personas, entonces solo me dejarían tener 10. No sé si vale la pena. Tendría que pagar más luz, productos…Y con el consumo de los clientes en un sitio tan pequeño es imposible. No sé si abriré", lamenta.

    El bar de José está incluido en ese porcentaje entre el 85% y el 90% de locales de restauración que no han abierto con la llegada de la fase uno según datos de la asociación madrileña de empresarios hosteleros. Espera no estar entre los 3.500 que prevén que no vuelvan a abrir nunca. Negocios para los que Hostelería Madrid reclama soporte institucional. "Pedimos apoyo normativo para que locales que no tienen terrazas las puedan pedir de forma extraordinaria y así poder iniciar su actividad. Pedimos ayudas económicas para que los empresarios puedan hacer frente a sus pagos con ingresos 0".

    "Además, pedimos que se mantenga el apoyo de los ERTE más allá del 30 de junio. Todas las ayudas son bienvenidas en este momento tan delicado para todas las pymes".

    José comenta que bien le vendría tener una terraza en estos momentos. Él solicitó la licencia para poner dos mesas, pero "le faltaron 30 centímetros de acera". Suspira, entorna la mirada y vuelve a la realidad. A un luminoso y cálido de mayo, el primero de la fase uno en Madrid. En su caso, todavía, cero.

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