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    La pandemia de coronavirus amenaza con provocar otra recesión parecida a la de 2008. Una situación que incide directamente en la generación nacida entre los ochenta y los noventa, abocada de nuevo a la precariedad y la incertidumbre de futuro.

    Salieron a la calle. Gritaron. Terminaron carreras y másteres universitarios. Portaron pancartas que decían: Sin casa. Sin curro. Sin pensión. Sin miedo. Y algunos se marcharon del país. Con la promesa, quizás, de volver en tiempos mejores. Los millennials, esa generación nacida entre principios de los años ochenta y noventa del pasado siglo, fueron los más afectados por la recesión iniciada en 2008. Ahora, una década más tarde, vuelven a enfrentarse a otra debacle económica global.

    Esta vez, debido a una pandemia de coronavirus que ha contagiado a más de siete millones de personas y ha provocado la muerte a unas 220.000 en todo el mundo. El Covid-19 ha estancado la actividad cotidiana y ha supuesto una merma en la producción que repercute, por tanto, en la cantidad de trabajo. Solo en España, la tasa de paro asciende al 14,41%, según el Instituto Nacional de Estadística. Es decir, 3,5 millones de personas. Entre 20 y 24 años, esta cifra sube al 30,12%. Y desde el estado de alarma, decretado el pasado mes de marzo, se ha perdido un millón de empleos. El 53%, entre menores de 35 años.  

    Hablamos de ERTEs (Expedientes de Regulación Temporal de Empleo), de subsidios y de un regreso a una nueva normalidad desconocida, sin ni siquiera saber cuándo empezará el curso escolar o cómo podremos movernos por el territorio nacional. La incertidumbre se posa sobre la población y, en especial, sobre este sector en torno a los 30 años. La crisis bursátil de hace una década les pilló buscando un lugar donde desarrollar su carrera laboral o tratando de emanciparse. Y truncó muchas de estas trayectorias, invitando al éxodo o a formar parte del llamado precariado, encadenando contratos temporales con un salario ajustado.

    Mejor que sus abuelos, peor que sus padres

    Ramón Muñoz, autor de España, destino tercer mundo (Deusto, 2012), definió a la generación millennial como la que "va a vivir mejor que sus abuelos, pero peor que sus padres". En la balanza se colocaban las libertades con las que habían crecido, la bonanza económica y una multitud de opciones vitales contra la dificultad de estabilizarse en un puesto de trabajo o de adquirir una vivienda.

    Según uno de los últimos informes publicados por Eurostat, la temporalidad en nuestro país supone un 27 % frente al 14 % de media de la Unión Europea, con las mujeres y los jóvenes como perfil principal.

    Hasta hace un par de años, Lourdes no notó que sus amigos y gente más cercana hubieran salido de la crisis. Esta gaditana de 30 años también empezó entonces a levantar el vuelo: a principios de la década se marchó a Alemania, nada más graduarse. Regresó a Sevilla y luego a Madrid, alternando trabajos como figurante en series o de atención al público. "Mi compra al mes era de 60 euros. Comía arroz y lonchas de pavo", rememora. Consiguió un trabajo en una empresa de derechos de autor y, según describe, se acomodó.

    "Vino el Covid-19 y a la calle. Conclusión: adiós, Madrid", sentencia Lourdes, que se ve como una "generación perdida".

    "Yo soy de las que salieron de la facultad y la crisis le dio un bofetón", argumenta Paloma Torrecillas, periodista. "Había visto cómo mi hermano, también del gremio, estaba trabajando sin problemas y yo no. Hice un máster de radio en el que antes se contrataba a la mayoría de alumnos y cuando salí apenas se quedó nadie de la promoción", rememora a sus 34 años.

    "La inestabilidad y la crisis, en realidad, nunca me han abandonado. Porque si crisis supone peregrinar por trabajos cortos y precarios, yo soy la reina. Y eso se traduce en no poder independizarte, en compartir piso hasta tarde o en no proyectar un futuro, porque ni siquiera sabes qué puertas tocar para conseguir algo", expone.

    Torrecillas, que "de la noche a la mañana" se vio sin ingresos por la emergencia sanitaria, incide en el problema de la incertidumbre. "No sé qué seré mañana, mientras que mi madre a mi edad ya era funcionaria, a mí me genera ansiedad pensar a largo plazo", analiza.

    Y agrega: "Además, nuestra generación siempre ha tenido unas expectativas de crecimiento y de evolución muy altas, pensando que íbamos a vivir bien, tener un piso, ir de vacaciones, comprar un coche… Y, aunque no diría que es una frustración, sí que genera cierto estrés esforzarte a diario solo para que te sigan llamando o te paguen una mierda. Porque nos hemos acostumbrado al 'no' permanente".

    Como ella, sus coetáneos soportan esta disminución de calidad de vida. En 2008, los jóvenes de entre 25 y 29 años tenían un sueldo anual, con el IPC actualizado, de unos 19.400 euros de media. En 2017, esa misma franja de edad ganaba de media 16.400 (un 15% menos). Lo mismo ocurre en el siguiente tramo, de 30 a 34: de 23.000 euros que ganaban de media se ha pasado a 20.000 euros (un 15% menos).

    Y todo esto, sin un colchón para afrontar unos meses de sequía. En España, el 63% de los jóvenes no tiene capacidad de ahorro, un 30% menos que en 2008, según una encuesta de Esade realizada a 900 personas.

    "Me agobia mucho no saber si voy a poder vivir en mi propia ciudad", lamenta Torrecillas. Es más, lejos de amainarse, el precio estatal del alquiler subió en abril un 1,7% con respecto a marzo. Situándose en un 10,9% más caro que en el mismo mes del año pasado, según los datos del Índice Inmobiliario Fotocasa. 

    Coordenadas que dificultan una eventual mejora. El Banco de España prevé ahora una caída que oscila entre el 9,5 y el 12,4% del Producto Interior Bruto en función de cómo se desarrolle la situación. Ángeles Rubio, titular del Departamento de Economía de la Empresa en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, cree que hay diferencias entre esta crisis y la anterior.

    "La del 2008 fue una crisis financiera, de confianza en el sistema financiero, por el rumor de las hiptecas subprime, de desconfianza crediticia que hundió los mercados de capitales internacionales. Aquí lo que está en juego es la capacidad de ponerse en marcha el sector productivo lo antes posible y con las menores rémoras por la crisis sanitaria, que en el caso español será difícil porque el turismo seguirá teniendo grandes dificultades por esta causa", examina la docente e investigadora.

    En España, los millennials van a tenerlo "bastante más difícil de lo que se anunciaba hace sólo dos meses, con el mayor número de becas Erasmus de la historia, con expectativas interesantes al terminar las carreras, y con trabajo más seguro para las profesiones no universitarias", esgrime Rubio. "Pero, igual que los Baby Boomers tras las posguerras tuvimos los planes de recuperación económica y conquistamos el Estado del Bienestar, de una crisis sanitaria 'parecida a una guerra' (dicen muchos) y con muchas más herramientas financieras y de planificación económica, debiera ser más fácil superar".

    Rubio opina que cada generación ha tenido sus luces y sus sombras. Desde aquellos que en los ochenta bregaron con el paro (sobre todo femenino) o sueldos míseros, pero tuvieron acceso a una vivienda, a aquellos con un extenso currículo que terminan en la cola del Instituto Nacional de Empleo, rogando un trabajo donde se valore más o menos la cualificación. "En este primer momento pudiera pensarse en menos expectativas para la juventud, pero eso no tiene que ser necesariamente así, ni que sea malo per se", apunta. La coyuntura puede servir, sostiene, como "un revulsivo" o un aliciente para la repoblación del mundo rural, la adopción de mejores condiciones laborales, el replanteamiento de la vida social o incluso de las actitudes hedonistas.

    Belén Barreiro, socióloga y directora de la agencia 40db, considera por su parte que la edad es clave para resistir a una crisis. "No es lo mismo pasarla a una edad madura que más joven, porque te deja huella en tu imagen del mundo y genera muchas inseguridades. No te afecta igual cuando estás estable, a cierta edad, que cuando tienes el futuro por delante", afirmaba en el diario El Confidencial, señalando cómo las preocupaciones de los jóvenes están variando: si la ecología o el feminismo se colocaban en los primeros puestos hace unos meses, ahora vuelven el paro y la economía. Se vuelve, quizás, a la casilla de salida. Al lema de Sin casa. Sin curro. Sin pensión. Sin miedo.

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    economía, pandemia de coronavirus, coronavirus en España, coronavirus de Wuhan, coronavirus, juventud, Banco de España, España, crisis económica, crisis social, crisis
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