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    España concreta el plan para iniciar la desescalada gradual del confinamiento (214)
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    A las 6.00 de la mañana, cuando todavía no ha salido el sol, empiezan a llegar las primeras personas a la parroquia de Santa María Micaela de Madrid. En silencio, forman una fila en la que aguardan a que el reloj marque las 8.00. Una espera con un único objetivo: volver a casa con algo que comer.

    Tras las puertas de esta parroquia del barrio de Tetuán opera la Fundación Madrina. Con más de 20 años de antigüedad, esta organización ha ejercido de banco de alimentos para embarazadas y madres en situación de vulnerabilidad. Ahora, provee a toda la población. En concreto, a unas 400 familias que acuden a diario por lista a buscar productos de primera necesidad como leche, aceite o pañales.

    Una imagen que se repite a lo largo de toda la geografía española. Hileras kilométricas de personas que intentan evitar el hambre mediante los repartos de alimentos que realizan distintas organizaciones. En el madrileño barrio de Aluche, 700 familias comen gracias a la Asociación de Vecinos de Aluche. En Euskadi, el Banco de Alimento de Vizcaya reparte 700 bolsas de menús infantiles a hogares en riesgo de la provincia vasca. En A Coruña, la entidad Cocina Económica envía comida a 447 familias, un total de 1.341 bocas. Además, a nivel nacional, la Cruz Roja ha realizado más de 340.000 entregas de productos de primera necesidad, de los que un 80% son alimentos.

    Una parte de estos comestibles se acumula en los almacenes de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL). Instalaciones que tenían 21 millones de kilos de la recogida solidaria de Navidad y otros 16 millones del Fondo Europeo de Ayuda a Desfavorecidos. Actualmente, están bajo mínimos.

     "El reparto de alimentos ha aumentado un 30% desde que empezó la crisis del coronavirus", asegura el portavoz de la organización, Ángel Franco, a Sputnik Mundo.

    En FESBAL están federados 54 bancos de alimentos que a su vez trabajan con 7.216 entidades solidarias, dedicadas a entregar los productos a las familias. No obstante, en los últimos días, las solicitudes de organizaciones que quieren iniciar campañas de reparto se han multiplicado. De esta manera, también aumentará el número de personas a las que atiende la asociación. "Esperamos que el número de personas vaya creciendo. En 2019 atendimos a 1.100.000 y este año serán muchas más. Solo ahora ayudamos a diario a 330.000 y nos acercamos al medio millón", comenta Franco.

    Situación complicada

    Las colas también son habituales en el barrio de Lavapiés. Una recorre sus estrechas calles hasta llegar al Teatro del Barrio, reconvertido en sede del banco de alimentos por la plataforma vecinal Lavapiés Cuidando del Barrio (La CuBa). Otras dos avanzan hasta alcanzar el local de la Asociación de los Inmigrantes Senegaleses y la mezquita Baitul Mukarram de la comunidad bangladesí. El jueves 7 de mayo, solo en el centro religioso, la asociación Valiente Bangla entregó 310 paquetes con comida. "Es cierto que las filas parecen más largas por la distancia entre las personas, pero también es cierto que suele ir mucha más gente que la está apuntada en la lista de reparto. La verdad es que es tremendo", asevera Nines Cejudo, portavoz de Red Solidaria de Acogida y participante en repartos de comida en el barrio, a Sputnik Mundo.

    Al igual que otras zonas de la capital, Lavapiés ha sido arrasado por el coronavirus. El mercado laboral se tambalea y el virus ha metido a muchos trabajadores a un ERTE, en el mejor de los casos. Otros han visto como sus puestos eran segados. Mientras, manteros o vendedores de flores o clínex se han quedado sin ingresos al cerrarse las calles. Es la parte más frágil de la ciudadanía y la que depende de la labor de las asociaciones para poder comer. "Es el ejemplo de las trabajadoras del hogar, muchas con hijos, a las que han despedido, porque sus jefes se creen que el virus lo tienen solo los pobres. No tienen ERTE, ni paro, ni derechos. También lo es el de la gente que subsistía gracias a la economía sumergida o los sintecho. Es la gente que tiene hambre y que no está siendo protegida. Si no les ayudas, no puedes solucionar un problema sanitario", explica Cejudo.

    Un panorama que a la activista le recuerda al pasado. El tejido ciudadano mediante asociaciones y donaciones permite que muchas familias puedan esquivar el hambre, como sucedió 80 años atrás. "Estamos volviendo a 1936. Las redes solidarias populares vienen de las redes que montó el Partido Comunista para dar de comer a la gente. En esta ciudad de Madrid, en lo relativo al hambre, estamos volviendo a la situación de posguerra". 

    Sin embargo, según Cejudo, alimentar a la población no puede depender exclusivamente del trabajo de las asociaciones y la buena voluntad. "A pesar de la importancia de la labor de los voluntarios, esto tampoco puede seguir así. Es el pobre sosteniendo al pobre. Es una bomba de relojería y esto no es sostenible".

    Y es que no es fácil preparar un reparto de comida. En el caso de Valiente Bangla, este no se limita a las cuatro horas en las que entregan las bolsas. Ni tampoco a su propia elaboración. Este proceso comienza de madrugada, a las 5.00 de la mañana, cuando miembros de la organización acuden a Mercamadrid para obtener los productos. Incluso antes, en el momento que consiguen las furgonetas necesarias para llegar a este centro al sur de Madrid. Allí, compran huevos, paquetes de leche, arroz, garbanzos, patatas, cebollas…para confeccionar sus entregas, pensadas para 20 días. Un viaje en el que Valiente Bangla gasta hasta 5.000 euros.

    Una carga de dinero y trabajo que difícilmente puede prolongarse durante toda la crisis sanitaria. Con el plan de desescalada, muchos voluntarios, ahora en un ERTE, volverán a su puesto de trabajo. Los estudiantes, encargados de hacer entregas a domicilio, retomarán las clases. Motivo por el que, para la portavoz de Red Solidaria de Acogida, este servicio debe ser realizado por las instituciones: "¿Qué pasará cuando tengamos menos tiempo? ¿Y cuándo la gente vuelva a su trabajo? Los servicios de reparto deberían estar organizados y pagados por las instituciones. Es cierto que la Comunidad de Madrid da de comer a gente a través de Cruz Roja, pero deberían hacer más, porque, evidentemente, no está siendo suficiente. Hasta los servicios sociales de los barrios están mandando a la gente a recoger alimentos a los bancos voluntarios de ciudadanía".

    "Con el paso del tiempo la situación va a empeorar y se va a necesitar más gente y más estructuras. No van a tener capacidad para mandar alimentos", lamenta Cejudo.

    Un debate que puede prolongarse de la mano de la crisis económica generada por la pandemia. Mientras, miles de personas saldrán de sus domicilios antes que los rayos del sol en búsqueda de alimentos. Las colas darán serpentearán entre los edificios por un paquete de lentejas y unas latas de atún, fruto de la solidaridad, más que de la autoridad.

    "Todo el dinero que se promete para servicios sociales, son promesas y palabras huecas. Cuando hay una voluntad política, hay soluciones. Es cierto que la ciudadanía no tiene que ser la encargada de solucionarlo. Pero, no vas a dejar a los vecinos morir de hambre", sentencia la activista.
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    España concreta el plan para iniciar la desescalada gradual del confinamiento (214)
    Etiquetas:
    organización, solidaridad, hambre, coronavirus, coronavirus en España
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