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    España concreta el plan para iniciar la desescalada gradual del confinamiento (207)
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    La pandemia de coronavirus ha provocado una explosión general del sistema. En el ámbito sanitario, el aumento exponencial de contagios y fallecimientos desde mediados de marzo se tradujo durante semanas en un colapso de salas de urgencias, habitaciones de hospital y servicios móviles. Ahora, los profesionales notan los indicios de la desescalada.

    Dan las ocho de la mañana. Algunos jóvenes aprovechan para trotar en las horas permitidas, un camión de reparto se detiene frente a un supermercado y Miguel Ángel Carvajal apura un pitillo antes de empezar su jornada laboral. Andrés Gil narra su trajín entre la multitud cuando sale a correr a la calle y se aísla para hacer meditación. "Creo que voy a volver a dar vueltas por el garaje", protesta. Marta Calvo comenta que habrá un repunte, "¡fijo!", y Vanesa Jiménez revisa un documento en el ordenador. En la mesa, un par de bandejas con trozos de bizcocho y vasos de café con leche. Lo que se podría denominar una mañana normal en esta base del SUMMA 112 (el Servicio de Urgencia Médica de Madrid), situada en Leganés, localidad del sur con unos 189.000 habitantes.

    Pero es una normalidad sospechosa. Acechan los ecos de las semanas anteriores. Hace apenas unos días, este equipo que hoy da el relevo al turno anterior entre gestos de colegueo y sosiego encadenaba una intervención tras otra. Su papel, al mando de las Unidades de Vigilancia Intensiva (UVI) móviles, consiste en asistir en una emergencia con la mayor celeridad posible. Durante la pandemia de COVID-19, los minutos como el que están viviendo dejaron de existir: los telefonazos y las prisas se sucedían imparables. Solo entre el 16 y el 31 de marzo (los últimos datos publicados), el SUMMA recibió 223.897 llamadas y atendió a 9.867 personas. Un 81% (8.027 pacientes) con un denominador común: el coronavirus. O "síntomas compatibles con una sospecha de contagio por esta enfermedad" originada en Wuhan, de la que aún hay más incógnitas que certezas. Aquello representaba lo anormal.

    Miembros del SUMMA, servicio de emergencias de Madrid, esperan en la base de Leganés
    © Sputnik / Cortesía de Javier Arcenillas
    Miembros del SUMMA, servicio de emergencias de Madrid, esperan en la base de Leganés

    Lo anormal, sin embargo, se adueñó de esta oficina como se adueñó del resto de espacios. Un decreto posicionaba a España en Estado de Alarma, impidiendo la salida de casa salvo para actividades esenciales. El contacto o el mero trato entre personas dejó de ser como era antes, más aún en un país besucón y tocón como España. Para los profesionales, las medidas extremaron la precaución: cada sanitario no solo debía actuar con el cuidado usual, sino que tenía que proceder a enfundarse en un Equipo de Protección Individual (EPI) y adoptar un protocolo más severo de desinfección.

    Aún lo mantienen. "Hemos entrado en una nueva era", asevera Calvo, médica de 45 años. "Esto se ha salido de los márgenes. Ni con el ébola ni con la gripe A habíamos visto algo así. Ha cambiado la forma de trabajar. Ya no nos vale lo de antes. Se ha funcionado casi como en la guerra. A los heridos más graves no se les desplaza para no gastar efectivos. Pues aquí, con todo lo frío que pueda sonar, hubo un momento que no se trasladaba a la gente con peor pronóstico, porque no había recursos", explica mientras enseña el vehículo donde trabaja. "Incluso se ha llegado a decidir dónde se ayudaba a morir, si en el hospital o en casa, rodeado de su familia", comenta afligida.

    Entre armarios y estantes con el material propicio para cualquier intervención, Calvo continúa relatando este panorama imprevisto. "Creo que hemos sido ingenuos y hemos ido de cero a 100. De repente estábamos en una escena bélica, porque no estamos ante un virus normal: no ataca solo al pulmón sino a distintos órganos, ni era una infección y ya. Se han visto casos de gente joven, sana, que en cuestión de horas estaba en situación crítica", esgrime. "Yo cada día me iba a casa con warning en la cabeza", añade quien dio positivo en la prueba PCR que le hicieron en uno de los controles a la plantilla. "No me encontraba mal, y con la actividad no lo notaba. Pero en cuanto me subió la fiebre me mandaron a casa", rememora quien convive con su marido y dos hijos de seis y tres años: "¡Imagina qué aislamiento iba a tener!".  

    Varios miembros del SUMMA, servicio de emergencias de Madrid, atienden a una paciente
    © Foto : Cortesía de Javier Arcenillas
    Varios miembros del SUMMA, servicio de emergencias de Madrid, atienden a una paciente

    Por suerte, el COVID-19 no se propagó entre el equipo: en las últimas dos semanas, las infecciones entre sanitarios han aumentado un 40% y suponen el grueso de los nuevos casos. Un personal curtido que se pregunta algo tan básico como "¿Contra quién luchamos?". Es lo que verbaliza Vanesa Jiménez, la enfermera que acompaña a Calvo. A sus 43 años y 14 de experiencia en asistencia móvil, Jiménez no se habían enfrentado a algo así. Y critica el repentino golpe de timón:

    "Hemos saltado del 'no pasa nada' al Estado de Alarma", arguye, reflexionando sobre el final de estas circunstancias extraordinarias. "Se habla de la 'Inmunidad de rebaño' cuando un 70% supera el virus y ya es más probable que se frene el contagio", alega, quizás imaginando esa "nueva normalidad" de la que habla el gobierno.

    Queda tiempo, en cualquier caso, para regresar a ese estado de supuesta normalidad. La desescalada establecida se extiende por fases hasta finales de junio, según las previsiones más optimistas: el ejecutivo no descarta alargar los plazos, que dependerán, a la vez, de cada comunidad. Por ejemplo, Madrid suma más de 8.500 muertes y 63.870 contagios de los 26.000 y 220.000 registrados en el territorio español, encabezando el podio de comunidades afectadas.

    Un dato que sobrevuela el reposo alcanzado en esta base del SUMMA 112. A mediodía, donde antes se servía el desayuno, ahora hay lana e hilos. Marta Calvo teje un muñeco en una extraña espera. "Coincide siempre cuando hay visita", ríe la doctora. En el sofá que preside la habitación, Miguel Ángel Carvajal, el técnico de 55 años que fumaba minutos antes de entrar al puesto, cavila sobre el pasado. "Han sido semanas difíciles y hemos tratado muchas crisis de ansiedad", resopla, narrando cómo un conductor debía permanecer limpio, sin mezclarse con los demás, en cada operación o cómo demora cada intervención el ponerse un EPI y limpiar luego a fondo la furgoneta.

    Fernando Simón, epidemiólogo y director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del ministerio de Sanidad, detalla es esos instantes la actualidad del virus. Todos escuchan y debaten sobre errores y aciertos del gobierno o sobre la actitud de la oposición. Víctor Escudero, también técnico de emergencias sanitarias de 31 años, aprovecha para contar cómo funciona el SUMMA 112.

    La médica Marta Calvo habla con varios miembros del SUMMA, servicio de emergencias de Madrid
    © Foto : Cortesía de Javier Arcenillas
    La médica Marta Calvo habla con varios miembros del SUMMA, servicio de emergencias de Madrid

    "Somos 28 unidades que se coordinan desde un centro del barrio de Arganzuela, con 24 profesionales en cada una, con turnos de 24 horas", adelanta, puntualizando las zonas en las que operan. El servicio responde a un complejo engranaje de organizaciones públicas o privadas y de tipos de asistencia dependiendo del vehículo. Y se resume —muy por encima— en que el 112, teléfono de emergencias, les transfiere las llamadas y ellos distribuyen los recursos, según el lance y el lugar.

    Hay códigos para infartos, ictus o sepsis (una infección grave generalizada). También para traumas o para el COVID-19, el nuevo agente ubicuo. El cronómetro se achica en función de la gravedad. Para los fallecimientos también hay un procedimiento particular que puede entrañar policía y forenses.

    Le corta un aviso. "Incendio. Calle del Priorato. Tres pacientes". La reacción no tarda. Andrés Gil abandona la meditación, se recoge el pelo y brinca al automóvil con el resto del equipo. El accidente se ha producido a pocos metros, en el mismo municipio. Los pacientes ya están en la calle y los miembros del SUMMA 112, por tanto, no necesitan EPIs. Acuden directos al mogollón. Decenas de curiosos, asomados por las ventanas o parados en la acera, observan el acontecimiento.

    Una mujer de 58 años, con quemaduras en medio cuerpo de segundo y tercer grado, su nieto y su yerno (con heridas leves) son tratados por la policía y los bomberos, que ya tienen controlada la situación. "Estaba fumando con el oxígeno. Se ha quedado dormida y se ha incendiado todo", cuenta la vecina del piso de enfrente. “Si es que nos tiene locos: bebe, se droga… A sus padres les mató a disgustos y va a conseguir lo mismo con la hija”, solloza.

    Justo llega esta hija, temblando y en pijama. Se abraza con una conocida que le sujeta al perro. "¿Y los gatos?", grita preocupada. "No están los cuerpos. Pero no te preocupes: ellos, en cuanto huelen el peligro, se marchan", responde otro compañero de una UVI móvil. A esta mujer con antecedentes de salud y pendiente de un juicio para certificar su discapacidad, la meten rápidamente en la furgoneta. Valoran durante unos minutos su situación antes de llevarla al hospital. En este caso, el Universitario de Getafe, a pocos kilómetros. 

    Dos furgonetas del SUMMA, servicio de emergencias de Madrid, frente a un hospital de la Comunidad
    © Foto : Cortesía de Javier Arcenillas
    Dos furgonetas del SUMMA, servicio de emergencias de Madrid, frente a un hospital de la Comunidad

    "A los quemados siempre se les intuba, porque se reduce el acceso de aire. Aunque le hemos dado Cyanokit –una solución contra intoxicaciones por dióxido de carbono- y la saturación de oxígeno en sangre era buena, entre 80 y 95", expone Calvo. Cuando el hospital se hace cargo, toca desinfectar. Con un spray de lejía y una bayeta apañan la camilla y el resto de superficies. Parece que la primera emergencia del día ha terminado. Y no era coronavirus. El reloj marca más de las dos y media de la tarde. "¿Comemos?", pregunta Carvajal. Sin un aviso que atender, el horario habitual se impone. La normalidad, que solía llamarse.

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    España concreta el plan para iniciar la desescalada gradual del confinamiento (207)
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