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    BARCELONA (Sputnik) — La pandemia del COVID-19 mantiene viva la agónica legislatura de los partidos independentistas en Cataluña y aleja en el horizonte unas elecciones regionales que Quim Torra prometió convocar tras aprobar los presupuestos de 2020, un trámite que la Cámara catalana completa este 24 de abril.

    "El COVID-19 cambia el marco del debate público principal y pone en un segundo plano la cuestión de la independencia, a corto plazo. Esto puede implicar el alargamiento de la legislatura, ya que las tensiones en el debate independentista pasaron también a un segundo plano" explica a Sputnik el politólogo de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona Jaume López.

    Si la actual crisis del COVID-19 no se hubiese producido, Cataluña estaría ahora a las puertas de otra campaña electoral para elegir al nuevo Gobierno de la región.

    Es el escenario que se presentó después de que el pasado 29 de enero el presidente de la Generalitat diera por terminada la legislatura independentista integrada por su formación, Junts per Catalunya (JxCat) y los socios soberanistas de Esquerra Republicana (ERC).

    "La legislatura no tiene más recorrido político" concluyó Torra tras constatar que sus socios de Gobierno encaraban "de forma diferente el camino hacia la independencia".

    Su histórica intervención, que significó reconocer por primera vez en público la ruptura del Gobierno que orquestó el referéndum de 2017, terminó con la promesa de convocar elecciones tan pronto como el Parlamento catalán aprobara las cuentas públicas de 2020.

    Torra se opuso a dejar su cargo al frente del Gobierno sin validar unos presupuestos que habían sido prorrogados en tres ocasiones, desde 2017, y fijó su tramitación como meta antes de abandonar la presidencia.

    No obstante, la crisis del coronavirus estalló afectando la rutina política del país y perturbando el último objetivo en la agenda de Quim Torra.

    "Nadie entendería que hubiera elecciones y ni siquiera que pusiera una fecha", aseguró el líder catalán en una reciente rueda de prensa con periodistas extranjeros.

    Pese a que el Parlamento catalán aprueba este 24 de abril en un pleno maratoniano las cuentas para 2020, el anuncio electoral de Torra se hará esperar.

    Una demora conveniente para los de Torra

    "Sin duda, en cualquier lugar del mundo el COVID-19 trastoca la agenda política y el debate público y electoral", cuenta Jaume López, que apunta además al hecho de que "unas elecciones a corto plazo no favorecerían al entorno de JxCat".

    Torra ya afirmó que no se presentará de nuevo a unas elecciones, por lo que desde JxCat no cuentan todavía con un candidato a presidente, pese a que se barajan nombres como el del actual consejero de Políticas Digitales, Jordi Puigneró.

    Desde ERC, a falta de un anuncio oficial, apuestan por el actual vicepresidente, Pere Aragonès, como sucesor del exvicepresidente Oriol Junqueras, que no podrá optar a la presidencia al encontrarse en prisión cumpliendo condena por el referéndum de 2017.

    Los debates internos de JxCat, sumados a la emergencia sanitaria, podrían propiciar un largo retraso de los comicios, que darían por primera vez la victoria a ERC según el último sondeo del Centro de Estudios de Opinión del Gobierno catalán.

    Aunque al equipo de Torra no le favorece apresurar las elecciones, los problemas judiciales del independentismo cuelgan sobre la figura del presidente catalán, pendiente de que el Tribunal Supremo español se pronuncie sobre la sentencia que le condenó a un año y medio de inhabilitación.

    Si el Supremo ratifica el fallo que dictó el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña el pasado diciembre, Torra no podrá seguir al mando de la Generalitat y su cargo recaerá en el vicepresidente Aragonès, a no ser que designe a un sucesor.

    El coronavirus entra en el juego electoral

    Está por ver cuál será el papel del coronavirus en las futuras elecciones, pero la gestión sanitaria del COVID-19 ha dado algunos ejemplos de la batalla que se librará en las urnas en los próximos meses.

    El peso de la gestión del COVID-19 recae en dos de los departamentos que están en manos de ERC, el de Salud y Asuntos Sociales, que se llevan el grueso de las crísticas, aunque la portavoz del Govern de Torra, Meritxell Budó, se asegura de encabezar cada una de las ruedas de prensa diarias sobre la crisis.

    Pese al cismo entre los independentistas, el politólogo considera que una vez terminada la crisis y cuando esté el calendario electoral sobre la mesa, el asunto del autogobierno "volverá a ser uno de los principales de la agenda política".

    "El apoyo a la independencia en Cataluña se fundamenta en estos momentos en un cambio sociológico y no en un debate coyuntural", expone el experto.

    También queda en el aire la vuelta a la mesa del diálogo que en febrero constituyeron los gobiernos de España y Cataluña, un escenario que el Ejecutivo de Pedro Sánchez pretende aplazar hasta el fin de la crisis.

    Aquí sí coinciden las fuerzas independentistas: pasado el pico de la pandemia en España, tanto los dirigentes de ERC como el propio Torra comienzan a presionar al Ejecutivo para que la cuestión de Cataluña vuelva a ser una prioridad en la agenda política del país.

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