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    España prorroga el estado de alarma por el coronavirus (165)
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    Centenares de personas en todo el mundo quedaron atrapadas por el coronavirus. La pandemia cortó el tráfico aéreo y con este, el retorno al hogar. Varados en los aeropuertos, estos prisioneros del virus queman el teléfono para hablar con consulados y embajadas, a veces sin respuesta. Pero, algunos tienen más suerte.

    Es el caso de una joven italiana, estudiante de Erasmus en Bilbao. Natural del Véneto, la estudiante, que llevaba dos meses en el País Vasco, decidió volver a su país de origen. Ahí empezó la odisea.

    Viajó a Madrid, con la esperanza de volar a París y desde allí a Italia. Sin embargo, problemas con la escala en la capital francesa dejaron en tierra a la joven en Barajas. Sola y en una ciudad desconocida, se puso en contacto con un compañero de la universidad para preguntarle cómo podía regresar a la capital vizcaína. Entonces, este llamó a su amigo taxista Kepa Amantegi para saber si conocía a alguien que la pudiera llevar desde Madrid.

    "Le dije que conocía taxistas en Madrid, pero que le iban a cobrar entre 600 y 700 euros por el viaje de Madrid a Bilbao", comentó Amantegi a Sputnik Mundo.

    Entonces, este joven de la localidad vasca de Durango se ofreció a traer de vuelta gratis a la estudiante. Tres horas después dejaba atrás el aeropuerto de Barajas, montada en el taxi de Amantegi. Casi 400 kilómetros de trayecto entre el corazón de la meseta y el mar Cantábrico en los que la véneta explicó al chófer que en la embajada le habían dicho que igual hasta junio no podía volver. "La verdad es que la historia era dramática. Yo le dije que si en mi mano estaba, yo la llevaba con el taxi hasta Italia", afirmó Amantegi.

    3.700 kilómetros de viaje

    Al llegar a Bilbao, Amantegi acercó a la estudiante a su domicilio en la ciudad. Sin embargo, los problemas continuaron. "Ella quería ir a su casa, donde vivía con su compañera de piso. Sin embargo, cuando llamó nadie le abrió", reconoció el taxista.

    La joven no tenía dónde quedarse a dormir, motivo por el que fue al hogar del taxista en Durango. Desde allí prepararían la vuelta a Italia. El miércoles 8 de abril por la noche hablaron con la Ertzaintza y el jueves cumplimentaron todos los papeles con la Embajada de Italia. El viernes arrancaron con dirección al país trasalpino.

    Entre Durango y Montebello, localidad de la estudiante de Erasmus, hay casi 1500 kilómetros de distancia. Un camino que atraviesa todo el sur de Francia hasta llegar a Italia, en concreto a la Lombardía, la región más afectada por el coronavirus. Un viaje largo en el que, según Amantegi, no tuvieron ningún contratiempo."Con los papeles de la embajada nos dejaron movernos sin problema. Es más, además de en la frontera entre España y Francia, solo me pararon una vez. A la vuelta, a la altura de Toulouse, la gendarmería me vio solo y me preguntaron para saber por qué. Te pones nervioso, pero con la documentación y el coche en regla, no pasó nada", aseguró el chófer.

    Horas después, ambos vislumbraban el cartel que indicaba que entraban en Montebello. Allí, la familia de la joven quiso recompensa a Amantegi, a lo que él se negó reiteradamente. Simplemente se queda con su agradecimiento.

    "Su madre solo me decía que era el mayor regalo que le había hecho", explicó el taxista.

    Y es que, 3.700 kilómetros después, una simple llamada de teléfono permitió que una joven solitaria en los pasillos del aeropuerto de Madrid pudiera regresar a su hogar.

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