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    "No lo mires, es mejor para ti si no miras" o "tú a lo que tienes que estar" son algunas de las frases que Claudia recuerda oír mientras estaba dando a luz a su bebé. "Me sentí infantilizada y ninguneada. Se me trató con una actitud patriarcal", explica Claudia, una madre de 33 años que comparte su experiencia con Sputnik.

    "Martín nació el pasado 30 de octubre de 2019 en un parto superrespetado y amoroso. Hugo sin embargo nació sin vida en diciembre de 2017. Murió dentro de mí en la semana 17 de embarazo. Sufrí violencia obstétrica durante el periodo de tiempo que estuve ingresada para parirle. Me ningunearon, no me ofrecieron ningún tipo de apoyo psicológico, me dejaban sola en cada tacto, no me informaban de las maniobras, me convencieron para no ver a mi hijo una vez lo pariera, etc. Decidieron dejarme en ayunas durante varios días, yo suplicaba por favor que me dieran algo de comer".

    "Cuando tuve mi aborto  sentí que las personas que me estaban atendiendo tenían más miedo que yo", detalla Claudia, "lo veías en los ojos de la ginecóloga y en ese momento lo que necesitas es todo lo contrario, alguien que te acompañe y te transmita seguridad"

    En 2020, por primera vez un tribunal internacional reconoció la violencia durante el parto como un tipo de violencia de género y condenó a España por los malos tratos propinados a una embarazada y su recién nacida. Ese mismo año, la ONU se unió a la causa reconociendo la violencia obstétrica como una realidad. Aunque en España son pocos los datos que revelan el número de afectadas por este tipo de violencia, asociaciones como El Parto Es Nuestro se encargan de visibilizar esas cifras a través de sus informes y de su Observatorio Español de la Violencia Obstétrica.

    La asociación hizo público un informe en 2014 en el que aseguraban que el 93,5% de las encuestadas había sufrido violencia durante su alumbramiento mediante la maniobra Kristeller sin ser informadas previamente y que al 96,2% se le practicó sin consentimiento. Las maniobras Kristeller son una de las técnicas más utilizadas por los ginecólogos para expulsar al feto durante un parto. Consiste en presionar con fuerza el abdomen de la mujer —a veces con el codo, el antebrazo o incluso con todo el cuerpo— para acelerar el expulsivo. A pesar de que esta técnica fue desaconsejada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), sigue siendo una práctica generalizada en todo el mundo y que, según concluye el informe, se practica en uno de cada cuatro partos.

    Situación jurídica

    Francisca Guillén, abogada especializada en Derecho Sanitario y miembro de El Parto es Nuestro, fue quién llevó hasta Estrasburgo los cuatro casos de españolas tras agotar durante 11 años todas las vías en España. 

    Guillén reflexiona con Sputnik sobre la posición jurídica de algunos países: "En varios países de Latinoamérica como Argentina, México o Venezuela esta forma de violencia está recogida expresamente en sus cuerpos legislativos.  En España y resto de Europa, si bien no se recoge como categoría específica, las conductas típicas están prohibidas por normas como los códigos penales o las leyes que protegen los derechos de los pacientes, y desde luego son contrarias al Convenio Europeo de Derechos Humanos."

    Respecto a España, comenta, "es como que existiera un poder legislativo, un poder judicial, un poder ejecutivo y un 'poder médico' y que cada uno actúa por su cuenta y sin sometimiento a los demás".

    Esta distorsión de la democracia, por llamarlo de alguna manera, es especialmente significativa en lo que respecta a la salud de las mujeres: la Administración sanitaria maltrata, el Ejecutivo no ejecuta, el Judicial no protege y el Médico no se sujeta a ninguna norma ni estrategia ni protocolo, afirma la abogada.

    Por su parte, Claudia confiesa que le fue muy difícil tomar medidas para denunciar esos hechos tan traumáticos: "Pensé que no tenía nada que hacer. De todos modos, hasta que no asimilé meses después lo que había pasado, no fui consciente de que había sufrido violencia obstétrica. Es como cuando ves una película a medias y te quedas dormida. Al final solo recuerdas fragmentos y en ese momento no eres consciente de lo qué está sucediendo. Así que los ‘puse a caldo’ en las redes sociales":

    "Pido a las mujeres que hablen de este tema, se nos tiene que escuchar. Somos las protagonistas de esta historia", manifiesta Claudia.

    Movimientos sociales

    La violencia obstétrica es una forma de violencia de género que se ejerce contra mujeres embarazadas en las salas de hospitales y puede manifestarse tanto física como psicológicamente. Más de un tercio de las madres que han dado a luz afirman necesitar ayuda psicológica o terapia para superar las secuelas o malos recuerdos de su parto, según datos del Observatorio Español contra la Violencia Obstétrica.

    Mamen Bueno, psicóloga y psicoterapeuta en el Proyecto Luna, un espacio de acompañamiento terapéutico en los procesos de las maternidades y paternidades, considera que no hay definición precisa de violencia obstétrica: "A mí en la práctica diaria me gusta hablar de secuelas o consecuencias de un proceso en el parto. Son problemas de trauma, porque el concepto de violencia obstétrica como tal, las despersonaliza", explica a Sputnik.

    Sea como fuere, lo cierto es que muchas mujeres se han sentido maltratadas durante su alumbramiento y desde hace más de dos décadas organizaciones como la Plataforma Pro derechos del Nacimiento trabajan para que se respeten los derechos de las mujeres en los servicios de salud reproductiva. No obstante, a partir de 2015, según datos de la ONU, la lucha se hizo mucho más visible a través de diferentes movimientos sociales surgidos en diferentes países como Italia, Croacia, Francia, Países Bajos, Hungría y Finlandia.

    Desde que se hicieron públicas estas campañas, las denuncias ante este tipo de abuso no han dejado de crecer. En Irlanda, a raíz de la muerte de una madre y su bebé en una unidad de maternidad el pasado enero de 2019, una mujer llamó a una emisora de radio nacional para describir su propia experiencia del maltrato al que fue sometida durante su parto. Una sola llamada fue suficiente para que más de 1.000 mujeres se sintieran identificadas y contactaran con el programa para contar una experiencia similar. Cientos de mujeres confesaron que habían sufrido atención en condiciones de riesgo, falta de respeto, abusos y maltrato en el sistema irlandés de maternidad.

    Ginecología dominada por hombres

    Para tratar esos problemas traumáticos Mamen Bueno, que trabaja con las mujeres para ver cuáles han sido sus procesos de trauma durante el parto, explica que no a todas las mujeres le afecta por igual: "A veces se habla de violencia obstétrica para referirse a prácticas que han dejado un impacto en una mujer concreta y el tratamiento consiste en trabajar sobre esos factores de vulnerabilidad", matiza la psicóloga.

    "A mí han acudido mujeres que sí han sentido falta de compasión de los profesionales, que se han sentido indefensa en el parto y eso les ha afectado bastante. Suelen acudir cuando esa experiencia traumática interfiere en la crianza", confirma Bueno

    Como tratamientos para combatir el trauma, ella utiliza la escucha empática y anima a la expresión genuina de emociones en sus terapias: "Muchas veces ni siquiera se les honra ese dolor ni se les permite que se expresen. Es fundamental el apoyo social, poder expresarlo y no vivirlo desde el silencio por miedo a que la llamen exagerada y que les digan que no ha sido para tanto..."

    Por otro lado, Bueno advierte que existe cierto machismo en el sector de la ginecología puesto que "los profesionales son normalmente masculinos a día de hoy, y eso lleva un trato sexista hacia la mujer". Asimismo, la psicóloga concluye que se pone mucho énfasis en el cuidado de la salud física de la mujer, pero que la salud mental se tiene olvidada: "No se cuida ni se educa a los y las profesionales en cómo dirigirse a una mujer, no se conoce nada sobre el estrés postraumático y sus efectos, y sin esa educación, hay menos cuidado sobre el impacto que puede tener mi conducta en otra persona".

    Por su parte, la abogada Francisca Guillén aconseja que si hay daños físicos o psicológicos, dependiendo de su entidad se pueden presentar reclamaciones ordinarias o bien optar por ejercer acciones legales.  Para esto último es imprescindible buscar ayuda profesional experta en Derecho sanitario y Derecho de daños con perspectiva de género. Además, pueden entrar en foros de asociaciones de mujeres y leer los testimonios de otras mujeres: "se verán identificadas y sabrán que no están solas".

    Etiquetas:
    aborto, embarazo, ginecólogos, violencia de género, violencia sexual
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