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    Miguel Ángel Pérez abrirá el 27 de marzo el Cine Embajadores, un "capricho" que supone una rareza en la ciudad: en los últimos años, lo común ha sido el cierre de salas, no la apertura.

    A Miguel Ángel Pérez no le sorprende estar emprendiendo un negocio cuestionable. De siempre, dice, se imaginaba así. Por eso, cuando se le pregunta si se veía metido en un trajín de tal calibre a sus 57 años, no duda: era su sueño, su "capricho", y poco importa hacerlo en una época donde el futuro de las proyecciones está en entredicho. Este madrileño ultima la apertura de los Cines Embajadores, con tres salas y unas 200 butacas, en lo que era una sucursal de un banco. Algo que suena increíble en estos tiempos. "Es la ilusión de mi vida, como el niño de Cinema Paradiso", esgrime.

    "El barrio está muy activo, tiene mucha vida cultural, y el centro se ha gentrificado tanto que la ciudad está creciendo hacia la periferia", cuenta Pérez, que ha montado este espacio en la glorieta de Santa María de la Cabeza, al sur de la capital de España y que destaca la aceptación por parte de las entidades financieras que le han aprobado el préstamo. En este rincón, al lado de donde trabaja en su distribuidora, Surtsey Films, encontró la oficina perfecta: "Había visto otros sitios, pero no encajaban. Tenía que tener una altura determinada, que estuviera en una sola planta y que no hubiera muchas columnas", indica.

    Con una superficie de 300 metros cuadrados y las medidas suficientes para llevar a cabo la obra, Pérez ha iniciado esta singladura profesional que verá la luz al público a finales de marzo. Ya tiene incluso pensadas las películas que pondrá las primeras semanas, aunque prefiere no desvelarlas, y no duda de su optimismo. "Llevo toda mi vida en la industria, pero nunca había montado un cine", se excusa mientras muestra cómo van las obras: "Ahí estará la barra, los baños y un pequeño vestíbulo con mesas", señala. Varios albañiles apilan sacos o arreglan la estructura del techo bajo la mirada de Janis, su perra. Pérez ojea la evolución después de volver del Festival de Berlín y contratar una película "de temática LGTBI, muy buena".

    Miguel Ángel Pérez, empresario madrileño responsable de Cines Embajadores
    © Sputnik / Alberto García Palomo
    Miguel Ángel Pérez, empresario madrileño responsable de Cines Embajadores.

    Pérez entra a las salas y explica la composición de cada una. De las tres, hay una grande que albergará 92 butacas y dos de 53 y 50. "Ahora ya no hay cabina: es un proyector. Y todo está en grada. Lo más complicado es el aislamiento", señala, ilustrando cuánto han tenido que poner para que no moleste a los vecinos del bloque. Este emprendedor es un veterano del gremio, pero nunca antes había pedido una hipoteca de medio millón de euros. Ni para su vivienda. Estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad Complutense de Madrid y nada más acabar la carrera se metió a Warner Bros. "Vi carteles en la facultad y llamé. Quité los que había para ser el único y me contrataron", ríe.

    Lo primero que hizo fue escribir la sinopsis de Cantando bajo la lluvia para la cinta de VHS. Continuó varios años en la compañía hasta que cambió a Karma, otra distribuidora con menos presupuesto y de la que surgió la suya propia (ahora son seis empleados). "Surtsey Films es pequeña, pero matona", apunta mientras comenta la siguiente película que tienen en catálogo, Un día en Tel Aviv, "comedia fresca" —tal y como la describe—que se estrena el próximo día 13 de marzo.

    Ya cuelga el cartel —junto al de Para Sama, un documental que también distribuye su empresa— de la puerta del cine, donde apenas hay un aviso del proyecto y el trasiego de albañiles. Suficiente para que un par de vecinos se paren y pregunten "¿Cuándo abre?", como si se fueran a poner a la cola inmediatamente. "Es un cine con mucha personalidad", resalta quien asegura que va a poner todo tipo de películas: animación, independientes, españolas… salvo de terror. "Que tengan fundamento, y estén en versión original", certifica. El cine doblado, reflexiona, invita más a las multisalas, a esos monstruos audiovisuales donde puedes recostarte en la butaca y comer con una bandeja. "Aquí va a haber refrescos y palomitas, porque son un clásico, pero quiero que sea más íntimo, que se venga por el contenido", apostilla, dando pie a ciclos de directores o reposiciones de películas antiguas. "Un año de programación da para mucho", sonríe.

    ​Será otra fuente de financiación. Pérez es consciente del cierre progresivo de cines en España. El día que enseña sus instalaciones se ha anunciado el cierre de unos cines míticos de Madrid, los Conde Duque de Goya. Según la Federación de Exhibidores Cinematográficos de España (FECE), España sumaba en 2018 un total de 3.518 salas y 697 cines, 100 salas y 42 cines menos que el año anterior. Y solo en Madrid se ha pasado de 161 que había en 1969 a los 31 actuales. Pocos de ellos en versión original.

    "Me he encontrado con muchos ánimos y loas. Y lo que queremos todos es que nos vaya bien", anota Pérez.

    No le importan los datos: Pérez confía en que a los españoles les gusta salir de sus casas y hacer planes conjuntos. "El público decide, y cuando quiere ver una película, la ve", sostiene. Se basa en éxitos como Ocho apellidos vascos, un filme pequeño que cosechó 9,5 millones de espectadores. Confía en repetir éxitos como el de los cines Texas, de Barcelona, o lo del Zoco de Majadahonda, en Madrid. "Hay mucho consumo de lo audiovisual", defiende. La amenaza de Netflix, HBO, Amazon o las futuras plataformas no le incomodan. Las ve como "una burbuja" que tiene que desinflarse.

    "Me parecen muy bien como opción, pero ponen unas normas que lo que van a hacer es acabar con la industria", opina.

    Va a abrir de 4 a 12 de la noche, con sesiones y precios similares a los del resto de salas. "No voy a reventar el mercado, no voy a hacer una política agresiva", defiende Pérez, que cree que se tiene una visión muy negativa del cine cuando en realidad hay ofertas que lo hacen bastante asequible. "Hay día del espectador, bonos para grupos…", incide. Él calcula que incluirá a unos cinco empleados y que saldrá adelante aportando a la zona un lugar para el entretenimiento y la cultura. "A ver, es una aventura, pero no quiero descubrir América. ¡Demasiado tengo con abrir un cine de barrio!", exclama. Algunos lo verán como una hazaña más complicada.

    Etiquetas:
    HBO, Netflix, entretenimiento, cultura, industria, Academia de Cine de España, cine independiente, cine
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