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    Andalucía celebra sus primeras cuatro décadas como comunidad autónoma española. La efeméride sirve para constatar que, si bien la región dejó atrás su atraso secular y ganó en progreso, este todavía presenta aspectos mejorables que lastran el camino hacia un desarrollo acorde a sus cifras macroeconómicas y demográficas.

    El 28 de febrero de 1980, tras meses de brega política y movilizaciones populares, el pueblo andaluz sancionó mediante referéndum su deseo de conformarse como región autónoma en tanto que entidad histórica y cultural dentro del Estado. España cambiaba su organización territorial y se descentralizaba, otorgándose paulatinamente a las regiones más poderes de actuación dentro de sus territorios. 

    Andalucía se dotó de bandera (con franjas blanca y verdes), de himno y de un proyecto de desarrollo en el común del Estado que habría de cambiar su faz de manera notoria. Su himno oficial, cuya letra compuso el ensayista y político andaluz Blas Infante, que teorizó sobre el andalucismo y fue fusilado por el bando sublevado a comienzos de la Guerra Civil española, dice así:

    "¡Andaluces, levantaos! ¡Pedid tierra y libertad!"

    Diversos actos oficiales y festivos de carácter popular tienen lugar en las ochos provincias andaluzas con motivo de la celebración de su día insigne. Sólo en Sevilla, capital de la región, discurren múltiples actividades en todos sus barrios al margen de la tradicional recepción en el Palacio de San Telmo, sede del Gobierno Andaluz. Asociaciones vecinales y cívicas, así como entidades sin ánimo de lucro, otorgan sus premios anuales entre la ciudadanía, mientras tienen lugar encuentros festivos al aire libre, carreras solidarias, danzas regionales, plantaciones de árboles a cargo de escolares, distribución de desayunos andaluces y meriendas típicas en los centros educativos, o talleres de maceteros y patios andaluces en el marco de las iniciativas de Huertos Urbanos. 

    Dos realidades

    Sin embargo, los éxitos conseguidos no ocultan las tareas aún pendientes, dibujándose un mapa en el que los contrastes son el tono medio. Siglos de abandono obraron que Andalucía produjera bienes que disfrutaban fuera gracias a su mano de obra barata, una fuerza productiva que a menudo acababa emigrando. Reducida también al plano folclórico, la región y buena parte de sus gentes eran también la viva imagen del subdesarrollo en España.

    El logo de la red 5G
    © REUTERS / Fabian Bimmer
    En la actualidad, el PIB de Andalucía es el tercero en importancia de la economía española. Con una población de más de 8,5 millones de personas (el 18% del total de España), ocupa el segundo mayor territorio en el país tras Castilla-León (el 17,3% del conjunto nacional). La región es responsable de la segunda producción exportadora en importancia, sobre todo en productos agroalimentarios y también en tecnología aeroespacial (en 2018 este último sector facturó 2.500 millones de euros). El puerto gaditano de Algeciras, el más importante de España, es la vía de salida de esas exportaciones.

    La región también es pionera en materia de derechos civiles, por ejemplo para la comunidad LGTBI, con la aprobación en 2014 de una ley de transexualidad. Muchos de sus hospitales son líderes nacionales en trasplantes de órganos y la industria del cine generó en 2019 cerca de 130 millones de euros. Dos millones de visitantes a sus museos, como el de Bellas Artes de Sevilla, o a las sucursales en Málaga del Pompidou, el Thyssen o Museo Ruso de San Petersburgo aseguran la fiebre museística de la región.

    Pero a estos datos cabe contraponer que el PIB andaluz sólo representa el 13,5% del español y que la región tiene con menos de 20.000 euros la segunda menor renta per cápita de España. (En 1981 era de 3.500 y representaba el 75% de la media nacional, en 2019 supone apenas el 74%). Y el dato del desempleo es descorazonador, llegando a ser tildado por la UE como el peor mercado laboral comunitario.

    Aún así, la tercera economía de España es producto de un evidente progreso desde que acabara el franquismo, aunque nunca se ha acometido la reforma agraria en sus tierras. Las recientes protestas del campo español tienen en Andalucía uno de sus terrenos de mayor expresión, donde sus agricultores se encuentran en quiebra técnica y con una sombría perspectiva de futuro.

    Amenazada por el cambio climático

    Diversas zonas de Andalucía sufren de sequía crónica, quedando afectadas así esferas como la agricultura, la industria y el turismo. Como alerta la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), esta escasez de agua, sin perspectiva real de mejora, atenta contra la demanda del recurso hídrico por parte de superficies de regadío y zonas turísticas. El agua embalsada apenas llega al 48% de media.

    Con un incremento previsto de las temperaturas de 4,7 ºC para España hasta 2050, Andalucía sufrirá especialmente, al ser una región meridional. Y a los peligros del clima implacable hay que unir un desarrollo urbanístico que en los últimos años no tuvo en cuenta el equilibrio medioambiental.

    Las actuales autoridades andaluzas, con un Gobierno de coalición entre el Partido Popular (PP) y Ciudadanos (C's) al frente, tienen previsto regular mediante un decreto-ley 327.000 viviendas construidas en inmediata proximidad al litoral, según denuncia la organización de defensa del medioambiente Ecologistas en Acción.

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    Málaga, Museo Ruso de Málaga, Pablo Picasso, estatuto, Andalucía
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