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    Desde que, en 2015, entró en vigor la llamada 'Ley Mordaza', las denuncias y los juicios por injurias o enaltecimiento de terrorismo se han multiplicado en España. La duda que genera este controvertido cambio legislativo, impulsado por el Parido Popular, llega hasta cuestionarse si hay libertad de expresión y de ofensa.

    Se han cumplido cinco años desde la llamada Ley Mordaza (en realidad, Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana). En ella se contemplan, entre otras cosas, penas económicas de entre 30.001 y 600.000 euros por protestar cerca del Congreso o de entre 601 y 30.000 por irrumpir en actos públicos. También hay un apartado correspondiente a las sanciones por beber en la calle, fotografiar a la Policía u organizar una manifestación a través de redes sociales. Desde que se entró en vigor, el 1 de julio de 2015, las faltas contra el orden público han pasado de las 1.765 registradas en 2014 a las 21.258 sancionadas en 2018. Algunas de estas han llegado a los tribunales y han saltado a la palestra pública por la magnitud o por la fama del acusado.

    Uno de ellos, Guillermo Zapata, dimitió después de que se recuperaran unos tuits suyos sobre ETA o la comunidad judía. Otra usuaria de esta red social, Cassandra Vera, tuvo que testificar ante el juez por unos mensajes sobre el atentado de Luis Carrero Blanco y fue condenada en 2017 a un año de prisión. Pablo Hásel, poeta y rapero, se enfrentó en 2014 a dos años de condena por letras de sus canciones, en las que hablaba de grupos terroristas como los GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre) o la FAC (Facción del Ejército Rojo). A día de hoy, el líder del grupo Def Con Dos, César Strawberry, absuelto de una acusación por comentarios en redes sociales, considerados “enaltecimiento del terrorismo”.

    Por eso, preguntarse si existe en España la libertad de expresión es un interrogante en boga. Este jueves 13 de febrero, un grupo de afectados por la ley fue más allá: ¿Existe en España el derecho a la ofensa?, se demandaron los asistentes en un acto del Congreso de los Diputados. Lo organizaba la Plataforma por la Defensa de la Libertad de Información (PDLI). Ignacio González Vega, portavoz de la asociación Jueces y Juezas para la Democracia, indicó que "la libertad de expresión también está para ofender, porque el ordenamiento jurídico no protege el mal gusto".

    A raíz de esa afirmación, Yolanda Quintana, coordinadora de la PDLI, habla de una preocupación fundamental: comprender la libertad de expresión para que se sepan sus límites y no se coarte. "Estamos en un momento en que las redes sociales pueden acentuar la capacidad para ofender y ofenderse, pero también se ve en la calle o los medios de comunicación. Hay una polarización muy grande y cada uno salta cuando hay una opinión que no le convence", apunta. "No existe el derecho a no sentirse ofendido. Se puede denunciar si hay un ataque o una amenaza, no una ofensa contra tu orientación sexual, tu religión… Una ofensa nunca puede ser un delito", insiste Quintana.

    "Hay que hacer también mucha pedagogía social. Es preocupante que los poderes públicos se aprovechen de la selva de internet y de su capacidad para coartar la libertad de expresión", espeta la integrante de la PNDI, que aclara que lo que ha pasado en estos cinco años no es solo consecuencia de la Ley Mordaza, sino que "una batería de medidas".

    "No fue solo una ley: además una doble reforma del código penal. Y cumplió sus objetivos: ha conseguido criminalizar a voces críticas como tuiteros o cantantes con artículos que en teoría estaban destinados para terrorismo", esgrime.

    Entre los afectados a los que se refiere está César Strawberry. Este cantante, líder de la banda de rap metal Def con Dos, cree que la Ley Mordaza "ha sido un desastre para los derechos individuales y colectivos". "Primero, por el miedo de que te vaya a buscar la policía y que te metan unas horas en la comisaría o que te expongan públicamente, como me pasó a mí, vulnerando tu intimidad. Esa ola represora ha generado mucho miedo, mucho desconcierto y mucha inseguridad jurídica. La reacción a eso es la autocensura, estamos dando margen al autoritarismo individual", expresa por teléfono a Sputnik.

    César Strawberry, rapero español absuelto por enaltecimiento del terrorismo.
    © Sputnik / Cortesía de Ana Laballo
    César Strawberry, rapero español absuelto por "enaltecimiento del terrorismo".

    Strawberry dice que estas medidas legales degradan la calidad de la democracia y afecta a la opinión pública, más proclive a la ofensa y a llevarlo todo por el camino judicial. "Parece que estar ofendido se ha puesto de moda. Y reclamarle reparación al Estado por esa ofensa se ha convertido en algo natural. Cuando en realidad el único problema que tiene el que se ofende es para sí mismo, por su piel fina". "La reparación para la ofensa es una cuestión personal. Que tenga capacidad para no escuchar aquello que le va a ofender. La hipertrofia de la ofensa está creando un debate desquiciado. Porque todo el mundo lo pide por vía jurídica y la vida pública se hace en un juzgado", insiste.

    "Las redes sociales son una tecnología demasiado nueva y no sabemos aún controlarlas. Les damos demasiada importancia e incluso se desarrollan por parte del Estado estrategias represivas para infundir miedo en el prisma virtual. Y no está ni siquiera claro dónde están los límites de la expresión virtual", concede. "Además, se está contagiando a todas las ideologías. Y la clave es que la libertad de expresión hay que respetarla para los que piensan como tú y los que no piensan como tú.  Ser progresista implica unos compromisos con las libertades más fuertes", protesta, en alusión a una probable nueva ley, promovida por el PSOE, que incluya el delito por "enaltecimiento del franquismo".

    El viñetista Darío Adanti —y fundador de la revista Mongolia junto a Edu Galán— cree que este país atraviesa una época "horrible" para la libertad de expresión. "

    Con la Ley Mordaza y la llegada del Partido Popular (PP), estamos pasando un retroceso. Y eso que ya teníamos una ley para las ofensas religiosas y otra para el delito al honor", responde en conversación telefónica. "Es importante saber una cosa: la libertad de expresión hay que enseñarla", afirma.

    Adanti cuenta cómo la libertad de expresión empezó en Grecia y cómo fue lo que propició la democracia. "Esta es hija de la libertad de expresión y no al revés", matiza. "Todos los adultos tenemos la libertad de emitir lo que pensamos y de escuchar lo que piensan los demás", agrega, "soy adulto y tengo el derecho de escuchar todo y elegir las que más me convengan. Cuando se atenta contra la libertad de expresión no solo se atenta contra la libertad de expresión de uno mismo, sino que se atenta contra la capacidad de elegir qué escuchamos".

    Y la ofensa está relacionada con eso. Adanti cree que nos estamos infantilizando. "Estamos en un momento muy malo para la libertad de expresión. Tenemos que aprender a convivir disintiendo. Y el Estado debería educar a los niños para que aprendan a ser adultos y a los adultos como lo que somos, adultos. Hay que distinguir entre las ideas y los hechos, que es lo que hay que condenar. Lo mismo con la ofensa: tenemos una constitución relativamente progresista, pero con la Ley Mordaza ya terminaron de ponerse serios en esto. Son tiempos peligrosos", culmina quien, precisamente, está en espera de que el Tribunal Supremo desestime una condena de 40.000 euros por ofensas al torero Ortega Cano.

    Etiquetas:
    redes sociales, ofensa, libertad de expresión, libertad
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