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    A la ilustradora valenciana Cristina Durán, de 49 años, le diagnosticaron un tumor en el pecho el pasado 8 de octubre. El Día Mundial del Cáncer lo hizo público para normalizar la enfermedad, que sufren casi nueve millones en el mundo.

    Cristina Durán reconoce que ya estaba curtida. Gracias a eso, soportó con entereza el diagnóstico. El pasado 8 de octubre, a esta dibujante valenciana de 49 años le descubrieron un tumor en el pecho. Fue algo imprevisto que le llegó después de otro batacazo: una semana antes, era su hermana menor la que pasaba por la consulta con semejante dictamen, con "muy buen pronóstico". Pero, como señala desde el principio, su relación con la medicina viene de largo y pudo resistir el embate.

    Durán y su pareja Miguel Ángel Giner Bou (también guionista e ilustrador, y con quien firma las obras) tienen una hija de 17 años con parálisis cerebral. Están acostumbrados al barullo de los centros de salud y al cara a cara con los doctores.

    Aun así, tras este chequeo rutinario, algo cambió. "Fui sola, como siempre, porque nunca me había pasado nada", recuerda. Le vieron un quiste sospechoso y le mandaron una biopsia. La prueba devolvió, en cuestión de horas, la palabra maldita: cáncer de mama. El tumor medía aproximadamente un centímetro y necesitaban extirparlo. "Quiero resaltar la eficiencia de la sanidad pública en la Comunidad Valenciana", dice ahora, después de tantas horas en el hospital Doctor Peset. En un par de semanas ya tenía la operación planeada.

    "En principio, me tenían que hacer una tumorectomía (extirpar el tumor) con un mes de radioterapia. Dijeron en un principio que era de riesgo bajo", comenta.

    ​Esta historia curiosa tuvo su segunda parte unos días después. El 12 de noviembre de 2019 entraba a quirófano. La operación, en la que se analizan las células extirpadas, duró varias horas: al principio quitan el tumor, luego sacan una muestra del  denominado ganglio centinela y lo analizan. Luego continúan. Mientras, en la sala de espera, Miguel Ángel Giner recibía una enorme noticia: "Había ganado el Premio Nacional de Cómic por El Día 3, sobre el accidente de metro en Valencia del 3 de julio de 2006", dice entusiasmada.

    "Siempre sabemos que es por esas fechas cuando se falla, y ese año habíamos publicado uno, así que algo de intriga había", confiesa.

    Sin embargo, hasta muchas horas después no se enteró. "Decimos en broma que fui la última en saberlo", ríe, "a Miguel Ángel se le pasó la operación rapidísimo, atendiendo llamadas. Estaba nervioso, preguntando cuándo podía verme. Me lo dijo cuando aún estaba mareada. Y hasta que no me recuperé un poco no pude ni mirar el móvil, a reventar de mensajes. Quería saltar y gritar y no podía".

    ​Tras esa intervención hospitalaria la mandaron a casa. "Me perdí uno de los sueños de mi vida, que me llamara el ministerio de Cultura, porque estaba durmiendo", afirma. En enero de este año, el mammaprint, un test que mira la peligrosidad del tumor, resultó peor que lo esperado.

    Y de una simple radioterapia se pasó un ciclo de 12 sesiones de quimioterapia —cada semana—, otro de cuatro cada dos semanas, radioterapia y cinco años de pastillas. "No era especialmente mortal. El índice de curación es altísimo. Aun así, el golpe, el primer impacto, es duro. Cuando te dicen que es positivo pasas por varias fases. Miedo, tristeza, acojono, cabreo…", explica. Es proceso es inevitable, incluso estando curtida.  

    "Cuando quiero llorar, lloro. Y cuando me cabreo, me cabreo. Lo de la quimio me costó un poco pensar que se me alargaba hasta verano. Pero comparado con lo de mi hija, nada", esgrime.

    "Me ha trastocado mucho, porque antes no paraba", dice Durán, a quien le "encanta" su oficio. "Estoy sin trabajar, cosa rara en mí. Cuando me lo diagnosticaron se me fueron las ganas. Aunque es verdad que llevaba mucho tute de los últimos años", arguye. Sus hijas, Laia y Selam, de 13 años, notaron ese bajón y se dieron cuenta de que era más grave que otras enfermedades. Aún están aprendiendo a gestionarlo. "Hablamos todo, pero están en una edad complicada", justifica. En su familia también fue un disgusto: "Imagínate cómo se quedó mi hermana. Y mi madre: de repente, dos diagnósticos así. Lo pasó muy mal". 

    Hasta que llegó el pasado 4 de febrero, Día Mundial del Cáncer. Y se decidió a mostrarlo públicamente. Su anuncio en Twitter con una viñeta superó las expectativas: en pocas horas acumuló miles de alusiones. "Fue una conjunción de cosas. Llevaba varios días pensando en hacer algo, porque soy de decir las cosas.

    Pero pensaba que en un mes iba a estar de alta. Y es verdad que siempre que iba a una presentación, me pedían algo o me encontraba con alguien en la gente, tenía que explicarlo. Y encima se me juntaba que iba a raparme y ya quería avisarlo, para que nadie se diera un susto", rememora.

    Describió en unas pinceladas lo que sufren millones de personas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año fallecen 8,8 millones de personas por algún tipo de cáncer. Los principales causantes, los de pulmón, hígado, estómago, colon y mama. Entre un 30 y un 50% de ellos se puede evitar con una vida sana, según indican en la agrupación. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) estima que en este país se diagnosticaron 275.562 casos en 2019.

    "Me enteré de que se celebraba el Día Mundial del Cáncer un par de días antes. Pensé que era una oportunidad para sacarlo. Hice el esfuerzo y creía que merecía la pena", apunta, volviendo a tener una fecha de entrega después de tres meses inactiva.

    Lo que no esperaba fue la repercusión "brutal".  A ella le ha parecido siempre bien que se visibilicen estas situaciones. Que se supriman los eufemismos como "una larga enfermedad" y que la gente encuentre el mismo apoyo —incluso virtual— que tuvo ella al salir de la consulta. "Que no hubiera tanta información hacía entender que era como una sentencia de muerte", dice quien tampoco cree que haya que poner el foco en el paciente. "A veces da la sensación de que tienes que ser tú quien lo superes. Y no siempre es así. Tienes que estar bien, pero solo por tu salud mental, por tu bienestar y el de los que te rodean.

    No creo que la positividad cure. Creo que estar bien y valorar cada cosa pequeña es bueno, que ser positivo es beneficioso, pero a pesar de tus circunstancias, no para cambiarlas".

    "Me cansa ese mensaje de luchar, de ganar una batalla, porque parece que hay que derrocar una enfermedad, como si fueras una superheroína. Y tienes que intentar estar bien, pero los días que estés de mal humor o cansada, pues lo estás", dice quien participa con sus cómics en el movimiento Medicina Gráfica.

    "Estamos muy metidos y ahora me sugieren que escriba una historia sobre el cáncer, pero Miguel Ángel y yo decimos que lo que nos gustaría es que la vida nos deje de dar motivos para publicar más temas así", concluye.

    Etiquetas:
    premio, cómics, enfermedad, quimioterapia, pechos, cáncer
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