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    La fragmentación de los partidos, la polarización ideológica y la mediocridad de los políticos, según la opinión de varios expertos, han desembocado en la parálisis que vive España. Los actores no acaban de asimilar plenamente el nuevo entorno multipartidista.

    Carlos Fernández Esquer, profesor de ciencia política en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y profesor tutor de derecho constitucional en la UNED, revela en una entrevista a Sputnik varios factores del callejón sin salida político que vive España:

    "Desde las elecciones generales del 2015, el sistema de partidos en España ha experimentado una transformación en al menos tres dimensiones que dificulta el llegar a acuerdos", explica Fernández Esquer.

    "El primer factor es el incremento en la fragmentación de partidos, que genera un mayor número de actores con poder de veto", y añade que las últimas elecciones generales de 2019 han arrojado los resultados más fragmentados de la historia de la democracia en España.

    "El segundo factor tiene que ver con el aumento de la polarización ideológica, es decir, el distanciamiento cada vez mayor en las posiciones de los principales partidos". 

    "Las 'líneas rojas', los 'vetos recíprocos' y los 'cordones sanitarios' son todas ellas expresiones que se han convertido en habituales en el debate político cotidiano", añade Fernández.

    El último factor, según su opinión, es la elevada volatilidad, es decir, las considerables transferencias de votos entre formaciones políticas que se producen entre dos elecciones consecutivas.

    "La fidelidad en el voto se ha reducido y los partidos no poseen incentivos para flexibilizar sus posturas originales en aras de forjar acuerdos con otras formaciones. Temen que las cesiones, en caso de fracasar la investidura, puedan ser interpretadas como una traición por parte de su electorado".

    Carlos Vidal Prado, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), reitera que es llamativo que se haya llegado al debate de investidura sin que el candidato [Pedro Sánchez] haya llegado a acuerdos que le permitan obtener la mayoría parlamentaria suficiente para formar Gobierno, dado que desde el 28 de abril han pasado tres meses, y ha habido tiempo suficiente para negociar. 

    "Estamos en una situación nueva, con un sistema multipartidista (no bipartidista, como hasta ahora) y los actores políticos no acaban de situarse bien en este nuevo entorno", subraya Vidal Prado.

    ¿Exigencias desmesuradas?

    Durante la negociación a contrarreloj, el número de carteras que tendría en el Ejecutivo el partido de Pablo Iglesias fue el principal escollo para cerrar un acuerdo. Mientras transcurrió el intercambio de propuestas sobre distintos Ministerios que podría asumir Podemos, el punto de desencuentro mayor se ha encontrado en el Ministerio de Trabajo. Carlos Fernández Esquer opina que las demandas de Podemos de formar parte de un Gobierno fueron muy razonables en un principio dadas las mayorías existentes, pero sus exigencias ministeriales fueron desmesuradas en la fase final.

    "La propuesta final del PSOE era razonable dadas las circunstancias, y creo que Podemos no supo controlar su ambición", concluye Esquer. 

    Carlos Vidal Prado también está seguro de que el problema se sitúa en los políticos, que deben actuar con más altura de miras y con generosidad.

    "La transición española a la democracia se llevó a cabo con acuerdo y consenso, gracias a que todas las partes cedieron algo en el proceso. Ahora debería ocurrir algo similar, aunque los políticos no parecen estar a la altura de lo que se les pide", reitera Prado.

    "Bipolarismo fragmentado"

    Carlos Fernández Esquer habla además sobre una gran brecha entre los dos bloques políticos (el de izquierda y el de la derecha), donde los partidos de cada uno de los bloques son incapaces de establecer pautas de colaboración con los del otro bloque y lo califica de bipolarismo fragmentado.

    "El problema es que, dentro de cada bloque, tampoco las relaciones son pacíficas, pues las formaciones pugnan por la hegemonía en cada uno de esos bloques".

    Como ejemplo del bipolarismo, dice Esquer, se puede mencionar a Ciudadanos. "Un partido que hasta hace poco presumía de su posición de centralidad y de su capacidad de actuar como partido bisagra pactando a izquierda y a derecha. Pero este bipolarismo es, a su vez, fragmentado, pues cada uno de los bloques se encuentra dividido en varios partidos".

    "Pensemos en que, por primera vez en la historia democrática reciente en España, el espacio de la derecha había estado fracturado en tres fuerzas políticas, una con matices neoliberales (Ciudadanos), otra con matices conservadores (Partido Popular) y otra con matices reaccionarios (VOX)".

    "De ahí el bloqueo, como se ha evidenciado en el polo de la izquierda a nivel nacional, pero también en La Rioja; y como también se está poniendo de manifiesto en el polo de la derecha en las negociaciones para formar Gobierno en la Comunidad de Madrid". 

    Tampoco hay que perder de vista, según Esquer, el papel de las élites políticas de los partidos y de los líderes políticos.

    "En los últimos años estamos viendo cómo el papel de la clase política española ha empeorado de forma preocupante y de manera transversal a todos los partidos. Lamentablemente, la mediocridad política es cada vez más evidente, y eso repercute en la capacidad de los partidos para trenzar consensos", concluye. 

    Falta de voluntad política

    Los expertos coinciden en que la falta de experiencia negociadora sí que tiene lugar. Sin embargo, sería un error achacar a la falta de cultura de gobiernos de coalición
    el fracaso en estas negociaciones

    "No podemos olvidar que en la mayoría de Comunidades Autónomas y en muchos ayuntamientos existe una dilatada experiencia de gobiernos de coalición", prosigue Carlos Fernández Esquer, profesor de ciencia política en la UAM.

    "Probablemente haya que buscar también las causas en la falta de voluntad de ambas partes —especialmente del PSOE, que desde el principio trató de evitar la formación de un gobierno de coalición con Podemos— de llegar a un acuerdo".

    "Y, aunque lo desconozco, es posible también que las relaciones personales entre los líderes y los equipos negociadores no sean las mejores. Eso explicaría la deslealtad con la que se han desarrollado las negociaciones, con continuas filtraciones de documentos a los medios como forma de erosionar a los interlocutores", reitera Esquer.

    "Lo único que se conoce es lo que los propios protagonistas han dicho en el debate parlamentario. Por momentos parecía que estábamos siguiendo una negociación en directo. Esto es inaudito", añade Carlos Vidal Prado. 

    En numerosas ocasiones, Sánchez reiteró la apuesta por gobernar en solitario durante los próximos cuatro años. Hace unos días, la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo, dio por rotas las negociaciones y la posibilidad de una coalición con Iglesias.

    "Mi impresión es que el PSOE, y más concretamente el candidato y presidente en funciones, Pedro Sánchez, no ha estado verdaderamente convencido de querer formar un gobierno de coalición con Podemos", dijo Fernández Esquer.

    "Probablemente haya tenido mucho que ver en esa actitud el que las encuestas le situasen (al menos antes del fracaso en la formación de gobierno) como el principal beneficiado ante una eventual repetición electoral", prosigue. 

    Y es que, en junio pasado, la conclusión del barómetro elaborado por Celeste-Tel aseguraba que el Partido Popular y el PSOE serían los principales beneficiarios en caso de repetición de elecciones.

    "De ser eso cierto, sería una auténtica irresponsabilidad", subraya Esquer.

    Multipardisimo español... ¿camino a dónde?

    "El sistema de partidos español ha atravesado varias fases: desde un pluralismo moderado en los albores de la democracia, pasando por un sistema de partido predominante (PSOE) a lo largo de los 80, más de dos décadas de bipartidismo imperfecto con PSOE y PP alternándose en el Gobierno y, más recientemente, está dando lugar a otro formato multipartidista: el bipolarismo fragmentado".

    "Lo que sucede ahora es que tanto PSOE como PP, además de los partidos nacionalistas, necesitan también a terceras y cuartas fuerzas políticas como Podemos y Ciudadanos. Esto aumenta el número de partidos con poder de veto y genera dificultades", añade Esquer.

    "Mi impresión es que el sistema de partidos se encuentra en una fase líquida, lejos de alcanzar una situación de equilibrio". 

    "A esta etapa de multiplicación de la oferta política la seguirá otra, antes o después, de simplificación", concluye.

    Ahora, muchos sugieren que los tambores de nuevas elecciones ya han sonado. Algo que, según opinión de un número de analistas, conllevaría un mayor hartazgo y el rechazo de la ciudadanía mientras el PSOE y Podemos estén luchando por imponer a la sociedad su relato sobre quién es el verdadero responsable del fracaso de la negociación.

    "Esto significaría un fracaso de nuestros responsables políticos, que habrán sido incapaces de llegar a acuerdos. Creo que habrá una mayor abstención y que, probablemente, saldrían reforzados los partidos mayoritarios". 

    Sería un camino de vuelta al bipartidismo, que es el que dio estabilidad durante muchos años", asegura Vidal Prado.

    Carlos Fernández Esquer agrega: "Se trataría de las cuartas elecciones generales en cuatro años; y la tercera vez que los ciudadanos serían llamados a las urnas en 2019 tras las elecciones generales de abril y las elecciones europeas, autonómicas y municipales de mayo. Acudir tantas veces a votar termina por cansar a los ciudadanos, especialmente aquellos menos interesados en política".

    "Además, es evidente que está empezando a cundir una sensación de hartazgo entre los ciudadanos. Sabemos por recientes encuestas del CIS que, desde principios de los años 80, la sociedad no valoraba tan mal a los partidos políticos, ni que tanta gente los señalaba como uno de los principales problemas del país", concluye Esquer.

    Diseño insitucional de España

    "Aunque hay quien apunta a un problema de diseño institucional, a mi juicio el problema está en los partidos políticos", dice Carlos Fernández Esquer. "No me parece imprescindible la reforma del artículo 99 de la Constitución para modificar el procedimiento de investidura. Se trata de un procedimiento que se ha revelado útil durante 40 años de democracia. El problema no está en las reglas del juego, sino en los propios jugadores".

    "Por ejemplo, si reformamos el artículo 99 quizá se facilite la formación de gobierno, pero, si ese Gobierno no tiene la mayoría necesaria para sacar los presupuestos adelante, ¿qué ocurrirá?", subraya Vidal Prado.

    "No olvidemos que en la moción de censura Sánchez ganó por el apoyo de quienes rechazaban a Rajoy, pero en cuanto tuvo que alcanzar una mayoría para respaldarle a él (la necesaria para aprobar unos Presupuestos Generales del Estado que había pactado con Podemos), fracasó. Lo mismo ocurriría con una reforma del art. 99".

    "Lo que haría falta es que haya menos teatro en la actuación de los políticos, y más contacto con la realidad y con los problemas diarios de la ciudadanía", concluyó Vidal Prado.

    Etiquetas:
    ciudadanos, investidura, PSOE, Podemos, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez
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