03:54 GMT +317 Octubre 2018
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    Manifestantes en Barcelona

    1-O: ¿final paradójico?

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    Javier Benítez
    El 'procés' catalán, a un año del referéndum del 1 de octubre (63)
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    Paradójico. Así fue el cierre de la conmemoración del 1-O tras el acto frente al Parlament en Barcelona, corolario de una marcha que arrancó en Plaza Cataluña. Es la opinión del presidente de Somatemps, Josep Alsina, al explicar el intento de asalto al edificio legislativo catalán por parte de los manifestantes.

    La paradoja radica, según Alsina, presidente y también fundador de Somatemps, colectivo que defiende la identidad hispana de Cataluña, en el hecho de que los manifestantes independentistas intentaron 'tomar' el Parlament, que precisamente tiene mayoría de diputados que pertenecen a los partidos independentistas. Una situación a la que califica como 'kafkiana'.

    Durante el acto muchos marchantes se pronunciaron en contra del actual ejecutivo catalán. Así, cuando desde la tarima pronunciaron el nombre del president, Quim Torra, los concentrados comenzaron a abuchear su nombre y a pedir su dimisión por entender que no ha cumplido con su palabra de formar una república independiente del Estado español.

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    En este sentido, el analista internacional Juan Aguilar opina que "no es de extrañar que se produzcan situaciones de alta tensión, peticiones de dimisiones, de abandono, etc., y al final de todo lo que puede ocurrir es un enfrentamiento violento entre las propias fuerzas separatistas". 

    Alianza imposible

    Este enfrentamiento intestino entre quienes dirigen los destinos de la Generalitat y el electorado que le brindó su apoyo era previsible, según Alsina. "Esto iba a pasar", observa, al indicar que se trata de una "alianza extraña entre el 3% de la burguesía catalana y los antisistema".

    La violencia protagonizada por parte de algunos manifestantes independentistas tras la finalización del acto obedece a la frustración que sienten y que fue generada, subraya el analista, desde la Generalitat con sus "promesas del oro y el moro". Sienten que Torra los "ha traicionado", incide el experto.

    Algo con lo que concuerda Aguilar al indicar que un año después del 1-O, ha comenzado la frustración. "Hay muchísima gente del entorno independentista que se siente engañada: unos se han quedado en casa y otros han salido a las calles airados y muy enfadados. Lógicamente estos son una minoría. En toda Cataluña, según algunas informaciones, no se han movilizado más de 100.000 personas este 1 de octubre de 2018, lo cual es muy minoritario comparado con las demostraciones de masas de meses anteriores y mucha gente se ha quedado en su casa". 

    "Es lamentable que toda una sociedad no se dé cuenta de que está siendo instrumentalizada por unos sectores claramente oligárquicos, amparados en unas estructuras que son mantenidas con el dinero de todos, no sólo de los catalanes, sino también de todos los españoles, y que al final eso sólo va a traer mayor perjuicio para Cataluña", juzga Aguilar.

    Al respecto, Alsina pone el acento en que Torra llamó a los independentistas a desobedecer, pero que él no desobedece, porque si lo hiciera, abriría las cárceles catalanas donde se encuentran los presos del 'procés' y les liberaría. El analista califica a Torra como un "agitador incendiario que se lo monta mal" y que "se ha convertido en el muñeco al que todos golpean".

    ¿Doble rasero de la Generalitat de Cataluña?

    El acto independentista en el Parlament también tuvo su 'momento Mossos d’Esquadra'. Y es que los manifestantes expresaron su rechazo a la actuación de este cuerpo policial, tanto el día de la marcha reivindicativa por una equiparación salarial que realizaron varias fuerzas policiales españolas el sábado 29 de septiembre, como días previos, cuando desalojaron a los independentistas acampados en la plaza Sant Jaume, donde se encuentran las sedes de la Generalitat y del Ayuntamiento de la ciudad condal. 

    Sucesos por los cuales este 1-O los marchantes pidieron la dimisión del conseller de Interior de la Generalitat, Miquel Buch, quien en sus comparecencias ha negado insistentemente que hubiera carga policial por parte de los Mossos. "Sí que las hubo", remacha Alsina.

    "Un día Torra felicitó a los acampantes y al otro mandó a desalojarlos", observa el analista al indicar que como todo cuerpo policial, los Mossos intervienen cuando hay agresiones "porque hay gente que se ha acostumbrado a la impunidad". 

    ¿Principio del fin?

    Lo que pase de aquí en adelante depende de lo que sea capaz de hacer el Estado español, según Aguilar. Entiende que de momento "lo que ha ocurrido en este 1 de octubre de 2018, en el fondo, ha sido una clara muestra de su debilidad", porque sus consecuencias serán una continuidad "del proceso de vaciamiento de empresas, de inestabilidad, de unas instituciones autonómicas que no funcionan". 

    Juan Aguilar subraya que el Parlamento de Cataluña no se reúne desde hace meses y sentencia que esto no lleva a ningún sitio. "Lleva a la nada y al final a que haya más frustración, más violencia y más gente en su casa pensando que la han engañado y que la han llevado a un callejón sin salida".

    Por su parte, y respecto a la actitud del Gobierno central, Alsina explica que ante toda esta situación, el presidente de España, Pedro Sánchez, "se ha puesto de perfil". "No habla porque depende de esta gente [diputados de partidos independentistas]" para aprobar distintas resoluciones en el Congreso.

    Josep Alsina es implacable en su conclusión. "Esta situación está llegando a un momento explosivo. (…] Es el principio del fin del 'procés'", concluye.

    Más del tema: 'Procés' catalán: ¿imaginario colectivo o realidad latente?

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    El 'procés' catalán, a un año del referéndum del 1 de octubre (63)
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    independencia, manifestaciones de protesta, Cataluña, España