Belka y Strelka,
las precursoras de Gagarin
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El 19 de agosto de 1960 entró en la historia como el día en que las perras soviéticas Belka y Strelka le abrieron el camino al espacio al primer cosmonauta humano, al demostrar a todo el mundo que un ser vivo puede realizar y sobrevivir a un vuelo espacial orbital.

Belka durante su vuelo al espacio
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Antes de su famoso vuelo, las otrora perras callejeras se llamaban Vilna y Kaplia. Sin embargo, se tomó la decisión de cambiar sus nombres a otros más adecuados para los primeros canes que orbitarían y volverían a la Tierra, si todo salía según lo programado.

Su misión sería el tercer lanzamiento del vuelo orbital canino y las autoridades espaciales de la Unión Soviética tenían suficientes razones para preocuparse: los tripulantes de las dos misiones anteriores fallecieron. Por eso decidieron que los nombres de Belka (Blanquita) y Strelka (Flechita) serían revelados solo si su vuelo tenía éxito.

Sin fuertes evidencias científicas de que era posible ir al cosmos y regresar vivo y sano a la Tierra, no se podrían autorizar los primeros vuelos espaciales humanos. Cabe recordar que se trataba de los tiempos de la carrera espacial entre la URSS y Estados Unidos, cuando cada victoria y cada fracaso tenían una importancia aún mayor.

Afortunadamente, la misión de Belka y Strelka, que duró más de 25 horas, fue totalmente exitosa y los animales volvieron ilesos.

Su nave completó 17 vueltas alrededor de nuestro planeta. Durante la cuarta, Belka se puso inquieta y trató de escapar de los cinturones de su asiento, pero más tarde se tranquilizó.

Este episodio tuvo un impacto directo en la duración del vuelo del cosmonauta soviético Yuri Gagarin, el primer ser humano en el espacio: por motivos de seguridad, las autoridades decidieron que la primera persona en el cosmos daría solo una vuelta a la Tierra.
A diferencia de algunos de sus otros colegas caninos, Belka y Strelka que se convirtieron en estrellas mundiales, nunca tuvieron que regresar al espacio. Por delante tenían una vida larga y feliz.

Las valientes heroínas soviéticas en varias ocasiones fueron presentadas ante la prensa, así como llevadas a jardines de infancia y colegios para reunirse con sus admiradores más pequeños. Sus rostros aparecían en revistas y periódicos, postales, sellos, cajas de cerillas y otros productos.
Varios meses después del vuelo, Strelka tuvo seis cachorros. Uno de ellos, una hembra llamada Pushinka, fue regalado a la familia del entonces presidente estadounidense John F. Kennedy (1961-1963).
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Mientras, la Unión Soviética esperaba el momento en que uno de sus nacionales conquistaría el espacio.
Cinco etapas de vuelos caninos
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Los vuelos caninos del programa espacial soviético pueden ser divididos en vuelos suborbitales y orbitales, o subdivididos en cinco categorías.

La primera categoría abarca los vuelos suborbitales realizados a bordo de cohetes R-1 a una altura de hasta 110 kilómetros. Los primeros canes en protagonizar y sobrevivir a un vuelo suborbital fueron Dézik y Tsigán, lanzados el 22 de julio de 1951 a bordo del R-1B desde el entonces polígono de lanzamiento Kapústin Yar.

Los vuelos espaciales suborbitales seguían una trayectoria balística con una velocidad menor que la primera velocidad cósmica, que es la mínima necesaria para entrar en órbita circular alrededor de la Tierra.
Después van los vuelos suborbitales de cohetes R-2. En esta etapa las autoridades espaciales soviéticas realizaban pruebas del sistema de eyección, que se activaba cuando los misiles en caída libre se encontraban a cierta distancia de la Tierra.

En el marco de la tercera etapa, los perros fueron lanzados a bordo de cohetes R-2 a una altura de hasta 212 kilómetros. La perra Otvázhnaya realizó al menos cinco vuelos en el marco de esta fase, incluidos los dos bajo el nombre Kusachka, y sobrevivió a cada uno de ellos.

La cuarta categoría representa tres vuelos suborbitales de cohetes R-5 lanzados en febrero, agosto y octubre de 1958 a una altura de 473, 453 y 415 kilómetros respectivamente. Solo el segundo vuelo, el de las perras Belianka y Pióstraya realizado el 28 de agosto, tuvo éxito, ya que ambos animales lo sobrevivieron.
Por fin, están los vuelos caninos orbitales a bordo de naves espaciales. Esta etapa comenzó con el vuelo de la perra Laika que tuvo lugar el 3 de noviembre de 1957, cuando los científicos soviéticos todavía no sabían cómo devolver las naves espaciales a la Tierra, por eso nunca estuvo previsto que Laika regresara. La hazaña exitosa de Belka y Strelka también pertenece a esta última categoría.
Deseo tanto que regreses
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Cabe mencionar que en vez de Belka y Strelka otras dos perras, Lisichka y Chaika, pudieron llegar a la fama. Sin embargo, su destino resultó igual de triste que la muerte dolorosa de Laika, la pionera de los vuelos orbitales, cuyo viaje al espacio era de ida y sin boleto de regreso.
El vuelo de Lisichka y Chaika a bordo de la nave espacial Sputnik 5-1 estaba programado para el 28 de julio de 1960, el segundo vuelo orbital canino después de el de Laika.

Lisichka era la querida perra de Serguéi Koroliov, el 'diseñador principal' del programa espacial soviético también considerado el padre fundador de la cosmonáutica soviética.

Varias fuentes afirman que antes del despegue Koroliov quería despedirse de su amada perra. La tomó en sus manos y le dijo: "¡Deseo tanto que regreses!"

Serguéi Koroliov y uno de los perros del programa espacial soviético
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Koroliov nunca volvió a ver a Lisichka. Pasados 19 segundos del despegue, uno de los bloques de la primera etapa del cohete portador se destruyó. Un momento más tarde el cohete cayó y explotó. Tanto Lishichka como su compañera Chaika perdieron la vida.

Después de esa tragedia, los encargados del programa espacial soviético tomaron la decisión de crear un sistema de escape para el lanzamiento. Al menos cuatro cosmonautas le deben su salvación durante el despegue al sacrificio de Lisichka y Chaika: Vasili Lázarev, Oleg Makárov, Vladímir Titov y Gennadi Strekálov.
Chernushka y Zviózdochka
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Sin embargo, Yuri Gagarin no viajó al espacio inmediatamente después de Belka y Strelka. Serguéi Koroliov impuso la condición de que el primer vuelo espacial humano tendría lugar solo después de que se realizaran otras dos misiones exitosas con perros.

Así, el 9 de marzo de 1961, a bordo de la Sputnik-9 realizó el vuelo orbital la perra Chernushka, junto con el muñeco de pruebas Iván Ivánich, mientras el 25 de marzo hizo lo mismo la perra Zviózdochka a bordo de la Sputnik-10.
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Ambas misiones tuvieron éxito, tanto Chernushka como Zviózdochka (Estrellita), bautizada así por Gagarin, sobrevivieron a sus vuelos.

Diecisiete días después, Yuri Gagarin inscribió su nombre en la historia de la conquista espacial como la primera persona en el cosmos.