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    MOSCÚ (Sputnik) — Todo el mundo sabe sobre las perras cosmonautas Laika, Belka y Strelka, pero el programa espacial de la Unión Soviética le debe sus avances también a los sacrificios y las hazañas de otros héroes caninos.

    Varias fuentes afirman que el primer hombre en el espacio, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin, tras su vuelo exitoso supuestamente dijo que todavía no había comprendido si era la "primera persona" o el "último perro" en volar al cosmos.

    Para dar luz verde a los primeros vuelos espaciales humanos, las autoridades soviéticas necesitaban fuertes evidencias científicas de que eso era posible, así como datos sobre los riesgos asociados con cada etapa de estos vuelos.

    Los científicos encargados del programa espacial decidieron que los protagonistas de sus experimentos de laboratorio, así como de los vuelos de prueba de cohetes lanzados a distancias suborbitales, satélites artificiales y naves para trayectos orbitales, serían perros.

    Optaron por usar perros callejeros, ya que estos tenían que luchar cada día de su vida para sobrevivir y por eso solían tener una gran resistencia física. Además, los futuros cosmonautas caninos debían tener de dos a seis años, pesar hasta seis kilogramos y contar con una altura máxima de 35 centímetros.

    La preferencia se otorgaba a las hembras porque estas no levantan la pata para orinar, hecho que permitía hacer sus vuelos desde la Tierra más soportables.

    Los primeros

    El 22 de julio de 1951 los perros Dézik y Tsigán se convirtieron en los primeros canes en realizar y sobrevivir a un vuelo suborbital. Lo realizaron a bordo del cohete R-1B desde el entonces polígono de lanzamiento Kapústin Yar.

    Tras su exitoso viaje, los destinos de Dézik y Tsigán tomaron caminos diferentes. Lamentablemente, Dézik perdió la vida junto con la perra Lisa en el segundo vuelo suborbital canino, que tuvo lugar el 29 de julio de 1951. De este modo también se convirtió en el primer perro víctima del programa espacial de la URSS.

    Después de esa tragedia, Tsigán fue adoptado por Anatoli Blagonrávov, académico soviético y jefe de la comisión estatal para la organización y realización de vuelos con animales, y disfrutó de una vida bastante larga.

    Así comenzó la primera etapa de los vuelos suborbitales de prueba protagonizados por perros. Los vuelos espaciales suborbitales siguen una trayectoria balística con una velocidad menor que la primera velocidad cósmica, que es la mínima necesaria para entrar en órbita circular alrededor de la Tierra.

    En la primera etapa, los cosmonautas caninos fueron lanzados a bordo de cohetes R-1 a una altura de hasta 110 kilómetros y ayudaban a los científicos soviéticos a saber si el ser vivo podía sobrevivir al despegue brusco del cohete.

    Los fugitivos y extraviados

    Ya que los nuevos héroes de la conquista espacial anteriormente eran perros callejeros, no es extraño que algunos de ellos a veces añoraran un poco más de libertad.

    Para el 19 de agosto de 1951 estaba programado el cuarto vuelo suborbital con perros a bordo. Los dos tripulantes se llamaban Smeli y Rízhik. Sin embargo, dos días antes del despegue, Smeli huyó a la estepa de Astracán.

    Los científicos se enfrentaron a dos problemas serios:

    1. buscaban sin éxito a un perro muy pequeño en una estepa muy grande;
    2. al mismo tiempo tenían que encontrar un perro de reserva que pudiera ocupar el lugar de Smeli.

    Los perros cosmonautas siempre volaban al espacio en parejas para que los especialistas pudieran comparar sus reacciones a lo que sucedía durante y después de vuelos. Por eso cada pareja fue creada teniendo en cuenta la compatibilidad psicológica de los animales.

    Por suerte, Smeli decidió volver a la base el 18 de agosto y le ahorró a los científicos la molestia de buscar a otro tripulante. El vuelo de Smeli y Rízhik tuvo éxito y ambos canes lo sobrevivieron.

    Sin embargo, el perro Rozhok, tripulante del vuelo suborbital programado para el 3 de septiembre de 1951, tomó la decisión contraria. Rozhok desapareció justo el día del despegue y nunca regresó. Su compañero Neputiovi se quedó sin colega.

    Los encargados de la organización del vuelo encontraron a un perro reserva dos horas antes del despegue y lo bautizaron ZIB, abreviatura rusa para Sustituto del Extraviado Bóbik. Bóbik es una palabra coloquial que se utiliza en el ruso para referirse a cualquier perro.

    Los científicos decidieron mantener toda la cosa el secreto y no decir nada a los jefes antes de que terminara el vuelo. Afortunadamente, este vuelo también fue exitoso y los dos perros volvieron a la Tierra vivos y sanos.

    Además, resultó que ZIB en realidad era solo un cachorro. Más tarde también fue adoptado por el académico Anatoli Blagonrávov y tuvo una vida larga.

    La más valiente

    El programa espacial soviético estaba rodeado de secretos. Las autoridades de la URSS no podían permitir que cualquier aspecto o detalle de sus investigaciones espaciales cayeran en otras manos y por eso toda la información estaba clasificada con alto grado de confidencialidad.

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    © Sputnik / Alexander Ovcharov
    Es una de las razones por las cuales los cosmonautas caninos tenían más de un nombre en el transcurso de su carrera espacial.

    Por ejemplo, la perra Ovázhnaya realizó al menos cinco vuelos a bordo de cohetes R-2 lanzados a una altura de hasta 212 kilómetros y sobrevivió cada uno de ellos. Dos de ellos los realizó bajo el nombre Kusachka junto con su compañera Palma 2, mientras los otros tres fueron realizados junto con Shezhinka, Zhemchúznaya y Maliok, respectivamente.

    Pero Shezhinka y Zhemchúznaya eran dos nombres de la misma perra, que también fue llamada Zhulka y Cometa, mientras algunas fuentes afirman que también la nombraban Krasavka.

    Solo unos pocos nombres

    Estos son sólo unos pocos nombres de perros y perras que abrieron el camino al espacio para la humanidad. Están Laika, Belka, Strelka, Lisichka, Malishka, Pchiolka, Chernushka y muchos otros.

    En total, el programa espacial soviético contó con 37 vuelos caninos. Al menos 15 canes cosmonautas volaron al espacio dos veces.

    Cada uno de estos otrora perros callejeros tiene su propia historia, pero todas las historias tienen un final feliz. Al menos 20 de estos perros murieron.

    El último vuelo con perros tuvo lugar el 22 de febrero de 1966, cuando la nave Cosmos 110 despegó desde la base espacial de Baikonur con los canes Ugoliok y Veterok a bordo. Estos animales permanecieron 22 días en órbita antes de regresar el 16 de marzo.

    Su vuelo se mantiene como récord mundial de la duración de un viaje espacial con perros.

    Etiquetas:
    espacio, animales, cosmonautas, perros, URSS
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