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    El rover Perseverance ya está camino a Marte. Sobre su superficie, el vehículo intentará descubrir muestra sobre vida orgánica, presente o pasada. Misión capitaneada por la NASA en la que hay una aportación española. Su nombre es MEDA y ayudará a resolver los entresijos de la atmósfera marciana.

    El 30 de julio de 2020 era un día marcado en el calendario de la historia de la investigación espacial. A las 13:50, el cohete Atlas V despegaba del complejo de Cabo Cañaveral. Una hora después, la segunda combustión del cohete ha impulsado al espacio exterior la sonda en la que viaja el rover Perseverance. Su destino es Marte.

    En estos momentos, la nave recorre el cosmos. Le quedan siete meses para alcanzar la superficie del planeta rojo. Se espera que el 18 de febrero de 2021 aterrice sobre el cráter Jezero, de 45 kilómetros de diámetro al norte del ecuador marciano. Lugar donde se cree que hace 4.000 millones de años había un lago.

    Su llegada a ese punto no es baladí. Allí, donde pudo existir una gran masa de agua, Perseverance buscará evidencias y pruebas para constatar que, al menos, en un pasado hubo vida en Marte.

    Con el tamaño de un coche y una tonelada de peso, el vehículo deambulará por el planeta rojo durante aproximadamente dos años terrestres. Sin embargo, pueden ser mucho más. "Esto es lo mínimo que puede durar. Está pensado para que dure mucho más. Los instrumentos se cualifican para durar tres veces más de lo establecido para la misión. Fíjate que otro rover, Curiosity, tenía un año y medio terrestre de vida y ahora se van a cumplir a ocho años desde que está en funcionamiento sobre Marte", comenta a Sputnik Mundo José Antonio Rodríguez Manfredi, investigador en el Centro de Astrobiología y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA).

    El científico español es parte de esta misión, llamada Mars 2020 y dirigida por la NASA. Rodríguez es el investigador principal de MEDA, uno de los siete instrumentos que porta Perseverance. Todavía con mucho trabajo, pero más tranquilo después del despegue de la sonda.

    —Dentro de Perseverance, digamos que MEDA aporta el punto español.

    —Sí, pero hay que recordar que, más bien, es un proyecto internacional liderado por España a través del INTA y el Centro de Astrobiología. No es solo español, también tiene aportaciones tecnológicas de otros centros. Por ejemplo, el Instituto de Meteorología de Finlandia contribuyó con un sensor de presión y otro para medir la humedad. El Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL) aporta una cámara, la primera que se lleva únicamente para observar el cielo y conseguir datos ambientales. Digamos que estas tres son contribuciones al MEDA, que a su vez es una contribución al Perseverance.

    Más allá de estas piezas, el resto se construyó en España. Además, las aportaciones exteriores también fueron integradas en el país. También se ha validado y probado todo el instrumento en nuestras instalaciones.

    Desde el punto de vista del personal, en el MEDA participan científicos italianos, españoles, estadounidenses, fineses… una integración de toda la comunidad científica ambiental marciana.

    Cohete Atlas V en Cabo Cañaveral
    © AFP 2020 / Gregg Newton
    Cohete Atlas V en Cabo Cañaveral

    —¿Cuál es la función del MEDA?

    —Es uno de los siete instrumentos que lleva el rover Perseverance. Es el encargado de realizar un registro de los parámetros ambientales. Y digo ambientales, no meteorológicos, porque va más allá del concepto tradicional de meteorología. Esencialmente, se ocupará de medir los vientos, la temperatura de la atmósfera a distintas alturas, la radiación infrarroja e infravioleta que incide sobre la superficie, la presión y la humedad relativa. Además, la cámara dedicada a nuestra investigación permitirá monitorizar la evolución de las nubes marcianas.

    Además, ayudará a caracterizar el polvo de Marte. Ese polvo fino que se mete por todos los lados. Entender su ciclo es fundamental sobre todo de cara a futuras misiones, especialmente aquellas que sean tripuladas.

    Es importante destacar que el instrumento mide constantemente. Nos permitirá tener un patrón sobre la meteorología de Marte, gracias a un ordenador independiente que tiene del rover. Este le permite estar encendido durante todo el día, lo cual le da una mayor autonomía.

    Rover Perseverance
    © AFP 2020 / Gregg Newton
    Rover Perseverance

    —¿Por qué es tan importante comprender el polvo marciano?

    —Este es uno de los grandes intereses de la NASA, pero también del resto de agencias. Y es que parte de la dinámica atmosférica de Marte está altamente controlada por el polvo. Por ejemplo, cuando los vientos movilizan todo ese polvo y lo ponen en suspensión. Son las grandes tormentas que se ven. Esa inmensa cantidad de polvo atrapa buena parte de la radiación del Sol, cuyas partículas se calientan en la atmósfera y hacen que no lo haga la superficie.

    Ese calentamiento hace que la densidad de la atmósfera varíe, lo cual afecta a los aterrizajes en el planeta. Parte del frenado con paracaídas o motores se hace con la atmósfera, por lo que las variaciones de densidad pueden provocar que una nave frene bien o mal. Conocer las variaciones de la densidad puede ayudar en la llegada de las naves. Puede hacer que una misión sea un éxito o un fracaso.

    Además, hay que observar cómo funciona el rover con este polvillo. Por ejemplo, MOXIE, uno de sus instrumentos, pretende obtener oxígeno a partir del dióxido de carbono. Esto sería fundamental para futuras misiones, sobre todo tripuladas, ya que no haría falta llevar oxígeno desde la Tierra, sino que lo podríamos obtener en el propio Marte. No obstante, el polvo es tan fino que puede llegar a obstruir los filtros. Por lo tanto, es importante observar cómo puede afectar a los aparatos y qué diseño es necesario.

    —Más allá del polvo, ¿qué descubriremos sobre Marte con MEDA?

    —Nos permitirá establecer ese entorno. En cierta manera, como hace REMS, instalada en el rover Curiosity. Conocer la atmósfera marciana, caracterizar la dinámica atmosférica, que es lo que modela el planeta. Hay que pensar que su geología, sus dunas o sus rocas son moldeadas por esa atmósfera.

    También nos vamos a centrar en el ozono atmosférico. Se ha hablado del polvo o de otros gases como el metano o el oxígeno, pero esta va a ser la primera vez en la que el ozono marciano protagonice una investigación. Hay que recordar que este, al igual que otras sustancias, forma parte de los aerosoles de la atmósfera, compuestos en un 98% por dióxido de carbono.

    Todo esto nos permitirá conocer mejor el planeta actual, pero también saber más sobre su evolución. Cómo se ha transformado desde aquel gran cambio climático que padeció hace 3.600-3.800 millones de años.

    Por resumir, nuestro instrumento aportará desde la perspectiva meteorológica un mayor conocimiento de la atmósfera, útil tanto en la búsqueda de vida, ya que el polvo es un elemento de transporte de nutrientes, como para los futuros viajes tripulados, como en el contexto geológico.

    —¿Qué diferencias hay entre Perseverance y otros rover?

    —El más parecido es Curiosity, del que, en cierto modo, se han heredado los sistemas. Y digo en cierto modo, porque los instrumentos de Perseverance son de nueva generación. No son solo una versión mejorada, sino que son mucho más potentes, efectivos y con mayor resolución. Esto también permite que sean mayores las ambiciones científicas.

    Pero, esto no se podría haber conseguido sin la observación de Curiosity. Gracias a su trabajo sobre terreno desde 2012, hemos aprendido mucho. Nos ha permitido cambiar las ruedas en Perseverance o mejorar el sistema de aterrizaje, ahora guiado. Precisamente, en esta última tecnología se está trabajando mucho para conseguir un aterrizaje cada vez más preciso. Esto ayudará a que, en la misión de retorno, cuando se tengan que recoger las muestras depositadas por Perseverance no haya que recorrer 50 kilómetros porque el descenso no ha sido exacto.

    Despegue del cohete Altas V, donde viaja el rover Perseverance
    © AFP 2020 / Joel Kowsky
    Despegue del cohete Altas V, donde viaja el rover Perseverance

    —Al igual que Curiosity, Perseverance también tiene el objetivo de buscar evidencias de vida en el planeta rojo.

    —Llevamos 49 misiones a Marte y nos queda muchísimo planeta por descubrir. Estoy convencido que el interior del planeta nos va a deparar grandes sorpresas. Tal vez, ahí la energía sea suficiente para mantener el agua líquida y los microorganismos se hayan adaptado a ese entorno.

    En la superficie las condiciones son muy austeras, ya que las temperaturas son muy bajas y la radiación es nociva, porque la atmósfera es muy tenue y no consigue filtrarla. Sin embargo, en el subsuelo, a pocos centímetros, esa radiación es altamente apantallada. Parece ser que hay grandes repositorios de agua, tal vez líquida. La temperatura también es un poco más cálida. Tal vez, la vida haya encontrado una vía para sobrevivir en este entorno tan hostil. De momento, vamos a buscar esos rastros de vida, presente o pasada, aunque de momento no los hayamos encontrado. Esto no significa que haya que perder la esperanza de descubrir vida viva.

    —¿Perdemos la esperanza en cuanto a la vida humana en Marte?

    —Se dice que la primera persona que pise Marte ya ha nacido. Eso significa que en 15 o 20 años, podría aterrizar una tripulación con 2 o 3 personas e instalar un módulo de habitabilidad. No para plantar patatas, pero sí algo prefabricado para poder protegerse de la radiación y poder trabajar desde el planeta. Ya hay modelos de estos habitáculos, diseñados para unirse uno a otro, por lo que podrían llegar de manera escalonada.

    Esto supondría un hito para la investigación. Y es que la información que puede conseguir un astronauta con su mano siempre será mucho mayor que lo que pueda obtener con una misión robótica. Fíjate que entrenábamos a los equipos de científicos que trabajaban con Curiosity a ver Marte a través de los instrumentos que mandamos. Observar a través de la cámara de dónde viene esa ristra de datos. Esto es importante. Imagínate poder coger esa roca, seleccionar la muestra y que tu cerebro lo pueda asimilar directamente.

    Así, llegaremos al planeta. Si hablamos de una ciudad bajo una burbuja para eso quedan muchos años.

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