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    El negocio de los satélites está en pleno crecimiento. Los avances tecnológicos facilitan la llegada al espacio de estos aparatos, cada vez más pequeños y funcionales. Su desarrollo es internacional y España cuenta con varios proyectos punteros en la industria espacial.

    Las estrellas y los planetas hace años que no están solos en el firmamento. El deseo del ser humano de conocer y aprovechar las ventajas del espacio le ha llevado no solo a explorar otros cuerpos celestes, sino también a llenar el cielo de aparatos para favorecer las comunicaciones o para observar las variaciones del clima.

    Satélites de Thales Alenia Space
    © Foto : Cortesía de Thales Alenia Space
    Los satélites artificiales se han convertido en un elemento más de la aventura espacial y copan la órbita terrestre. La Unión Soviética abrió la veda con el lanzamiento del Sputnik-1 en 1957 y desde entonces muchos países no han dejado de enviar estos aparatos al cosmos. Estados Unidos, Rusia y China son los que más satélites tienen registrados. España, sin liderar la clasificación, está entre los que más han lanzado. Un país que también quiere liderar el sector de la tecnología espacial.

    La reducción de los costes de lanzamiento y construcción han facilitado que cada vez haya más satélites, más modernos y de menor tamaño. En el parque tecnológico de Tres Cantos (Madrid), Thales Alenia Space prepara una parte de una biblioteca de bloques que permitirá que Europa pueda contar con artefactos de dimensiones reducidas, completamente construidos en el continente. Este sistema consiste en un almacén de funciones que los fabricantes pueden descargar en los ASIC (Application-Specific Integrated Circuit) de señal mixta, cerebro del satélite. Esto ayuda a eliminar las piezas que realizaban esas funciones, ahora integradas en el ASIC, lo que garantiza una mayor independencia de los países que las exportan como Estados Unidos.

    Además de este proyecto, denominado PROMISE y apoyado por la Comisión Europea, existen otra serie de empresas que trabajan en el sector aeroespacial y satelital. Es el caso de la empresa catalana Zero 2 Infinity, primera en Europa capaz de poner un microsatélite en una órbita al final de la atmósfera y cerca del espacio exterior. La compañía ha desarrollado una tecnología que permite elevar toneladas de peso a esas alturas durante largos espacios de tiempo. Un logro con el que se reducen costes y que permite que distintos fabricantes de satélites puedan probar sus prototipos a esa distancia de la Tierra. 

    Una de las empresas que contrato este servicio fue la también catalana Aistech, que lanzó un prototipo de microsatélite dedicado a la detección de focos de incendios mediante el uso de cámaras de infrarrojos. No obstante, los nanosatélites, aparatos de entre uno y 10 kilogramos y de un coste medio de unos 200.000 dólares, son el principal campo de trabajo de la compañía. Aistech es la primera corporación española que cuenta con dos nanosatélites operativos desde 2018 con los que ofrece servicios de observación de la Tierra, pero también de gestión remota de activos y flotas terrestres o marítimas y de monitorización de aeronaves. Su objetivo es desplegar una megaconstelación de satélites y esperan para 2022 contar con 25 artefactos en órbita.

    Por otro lado, además de Zero 2 Infinity, PLDSpace también se centra en los vuelos suborbitales. Esta empresa de Alicante es la primera en el continente en utilizar propulsión líquida para el lanzamiento de satélites. Para ello, combina queroseno y oxígeno líquido, fórmula utilizada fuera de España por Airbus. Además de lanzar hasta 300 kilogramos, es capaz de devolver a la Tierra cargas de forma segura desde el espacio. De esta forma, posibilitan la realización de experimentos científicos y tecnológicos con microgravedad durante unos minutos. PLDSpace opera desde el aeropuerto de Teruel y tiene contratos con entidades como Hispasat.

    Por otro lado, en Madrid trabaja Quasar Science Resources. Actor de la industria espacial que ha decidido combinar el uso de satélites y drones para mapear las praderas submarinas de posidonia. Mediante el uso de los satélites Copérnico y una potente tecnología artificial en el procesado de las imágenes captadas, Quasar Sciencia Resources es capaz de detectar el desarrollo de la posidonia.

    Proyectos ambiciosos dentro de la industria espacial española que está en auge. Desde diciembre de 2019, España está al frente de la misión de la Agencia Espacial Europea CHEOPS, satélite utilizado para determinar el tamaño de exoplanetas y construido íntegramente en el aeropuerto de Barajas de Madrid. GMV es el mayor proveedor del mundo de sistemas de control en tierra de satélites comerciales de telecomunicaciones y la única empresa española entre las 50 mayores del sector espacial según el listado de SpaceNews. Elecnor Deimos fabrica una megaconstelación de nanosatélites destinados a la vigilancia marítima. Ejemplos de porque la industria espacial española en 2018 facturó 867 millones de euros según datos de la Asociación Española de Tecnologías de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio.

    "España está en el primer nivel a nivel técnico. En Europa, no tenemos nada que desmerecer frente a Reino Unido o Alemania", afirmó a Sputnik Mundo el responsable de I+D de Thales Alenia Space, Ángel Álvaro.

     

    Etiquetas:
    España, satélites, espacio
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