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    Por sorprendente que parezca, el tamaño del Sol no es comparable al de muchas estrellas que han sido objeto de estudio por la forma en que nacieron. Una nueva explosión ilumina a los científicos en su camino por encontrar el origen de las estrellas masivas.

    El Sol es, con diferencia, la estrella a la que más atención prestamos, quizá porque es el centro de nuestro sistema solar. No obstante, los científicos llevan tiempo centrando su atención en otros cuerpos celestes. Entre ellos están las estrellas masivas, que son hasta ocho veces mayores que el Sol.

    Por ahora, sabemos que el habitual fenómeno de las supernovas es un proceso en el que una estrella vieja explota cuando el gas de hidrógeno que tiene como combustible se agota. También sabemos que de los materiales esparcidos a raíz de esa explosión, en ocasiones, nacen nuevas estrellas.

    Lo que no sabemos es cómo nacen esas estrellas masivas, entre otras cosas, por la gran distancia a la que se suelen encontrar estas del sistema solar y por su tendencia a aparecer muy cerca las unas de las otras. Una de las teorías que podrían explicar la formación de estos cuerpos celestes es la existencia de un disco de gas y polvo que rota alrededor de la estrella y que concentra en esta diferentes materiales.

    Hace poco, los astrónomos han descubierto que esa concentración se produce a una velocidad cambiante en el tiempo. En casos contados se producen concentraciones de materia enormes, lo que da lugar a las llamadas explosiones de acrecimiento.

    Este fenómeno fue observado por primera vez en 2016 y solo se habían conocido dos casos similares, hasta ahora. Recientemente una nueva explosión de acrecimiento ha sido estudiada por una organización nacida en el marco de la colaboración internacional que se viene llevando a cabo desde 2017 para el estudio de procesos similares.

    La organización implicada es la Maser Monitoring Organisation (Organización de monitores de máser). Los máseres son similares a los láseres pero emiten radiaciones no visibles en forma de microondas. La detección de estas ondas en el espacio puede indicar que una nueva estrella está naciendo, de forma que, en estos años, Australia, China, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Polonia, Rusia y Sudáfrica han utilizado radiotelescopios en la búsqueda de estas radiaciones.

    "Esta experiencia muestra lo útil que es tener tantos ojos observando el cielo desde diferentes partes del planeta. La colaboración astronómica es crucial para hacer nuevos e importantes descubrimientos", comentó el científico e integrante de la organización internacional James Okwe Chibueze.

    Lo sorprendente de esta tercera explosión de acrecimiento, observada desde Japón en enero de 2019, es que los máseres brillaron con especial intensidad, y no han dejado de hacerlo ni siquiera después de haberse sofocado la actividad de la explosión.

    Se trata de una ráfaga de olas de calor proveniente del origen y que atraviesa los alrededores de la estrella masiva en formación. Esto sugiere que podría haber toda una variedad de tipos de explosión de acrecimiento en función de la masa y de la etapa evolutiva de la estrella joven.

    Etiquetas:
    sistema solar, galaxia, cooperación espacial, Japón, supernova, estrellas
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